5 de febrero de 2017
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Escribe: Augusto Meyer De la redacción de EL TIEMPO
El 20 de enero último, el experimentado piloto cordobés que estaba radicado en Tandil y era propietario del Hangar del Cielo, se precipitó desde aproximadamente 2.000 metros con la avioneta comercial que guiaba en Villarrica (Chile) y murió en el acto. En mayo del año pasado su hijo, Antonio Falistocco, falleció por las lesiones que sufrió al caer el avión con el que participaba de un festival de vuelos acrobáticos, la pasión que había heredado de su padre. “Esto lo hago por gusto, por placer. Es un vicio; es como el que tiene el vicio de correr en auto o en moto”, había sostenido César Falistocco en una entrevista.
Parapente; sky de montaña; salto al vacío suspendido de un elástico; piloto de vuelos acrobáticos, etc. Todos hobbies de alto riesgo que pocos practican, pero que muchos se regodean cuando observan, como espectadores, su ejecución.
“Pilotos hay muchos y todos mejores que yo”, me dijo con total humildad hace 11 años, durante una entrevista, César Emilio Falistocco, quien murió el último viernes 20 de enero en las afueras de la localidad chilena de Villarrica, cuando se precipitó a tierra la avioneta comercial Cessna 172 que guiaba, acompañado de Javiera Fernanda Elberg Sheward, de 24 años; Mateo Libcobcker Rechimuzi, de 19 años y Felipe Alejandro Hip Patiño, de 26.
Con su deceso el país perdió a todo un referente de los vuelos acrobáticos que, además de ser considerado “maestro de pilotos” en Sudamérica, gozaba de un aprecio y respeto generalizado. El próximo jueves 9 de febrero, César hubiera cumplido 55 años de edad.
Recientemente Falistocco –nacido en Río Cuarto y radicado en la vecina ciudad de Tandil- había sufrido la pérdida de su hijo, Antonio Falistocco, de 27 años, en un festival de acrobacias aéreas que se realizó en mayo pasado en Córdoba.
En relación con esa tragedia, la familia Falistocco venía de lograr una destacada respuesta de aeroclubes de Argentina y Chile a un evento que se desarrolló el mismo día de 2016 –17 de julio- que “Anto” hubiera cumplido 28 años. ¿El logro?: Que alrededor de 1.500 niños hayan tenido su vuelo de bautismo. Hubo más de una publicación de los medios de comunicación que dieron cuenta de esta situación.
“Intento egoístamente cambiar mis lágrimas y mi dolor pensando que, si cada 17 de julio, por lo menos un niño descubre la pasión de volar, el cielo y los valores que ello conlleva, sus casi 28 años de paso por este mundo habrán dado los frutos que él (Antonio Falistocco) buscaba”, escribió César en su muro de Facebook apenas lanzada la original propuesta en un marco de profundo dolor por la muerte de Antonio, quien había heredado de su padre la pasión por los vuelos acrobáticos.
César Falistocco tenía sobre sus espaldas el mérito de haber participado de centenares de festivales, entre los que se destacó uno para recibir a la Fragata Libertad, el buque “escuela” de Argentina. En Youtube se puede acceder a videos donde queda claro qué clase de maniobras son las que realizaban César Falistocco y sus colaboradores, con sus aviones acondicionados especialmente para realizar la actividad y asumiendo riesgos muy celebrados por la concurrencia.
Caída libre desde 2.000 metros --
Según el diario chileno “El Austral”, el accidente en el que murió César Emilio Falistocco ocurrió en un cerro cerca de la ruta que une la comuna de Villarrica con el balneario de Lican Ray, zona lacustre de La Araucanía. La aeronave se encontraba a unos dos mil metros de altura cuando se estrelló a las 18:40 (hora local de Chile) el 20 de enero último.
Con la llegada de los equipos de emergencia se confirmó que Falistocco y Sheward fallecieron en el lugar, mientras que los dos pasajeros resultaron con lesiones graves y fueron trasladados al hospital local y, luego, al centro asistencial de Temuco.
Justo al día siguiente de esta tragedia debía comenzar en Villarrica el XI Festival Aéreo de la comuna, donde se iba a presentar Falistocco junto con otros integrantes de su escuadrilla, repitiendo la participación que habían tenido en el mismo encuentro exactamente un año atrás.
El 14 de enero, antes de partir hacia Chile, el piloto compartió en su muro de Facebook un video con el propósito de invitar a presenciar el festival, y suscribiendo “ya falta poco”.
El vuelo libre de “El Principito” --
El 23 de mayo de 2016, Antonio Falistocco, hijo de César Emilio y Rosana Florit y conocido en el ambiente aeronáutico como “El Principito”, murió en un hospital de General Cabrera (Córdoba) a causa de las graves lesiones que sufrió cuando su avión se estrelló mientras participaba de un festival de acrobacias aéreas. En el hecho también falleció el copiloto, el uruguayo Javier Listas Camejo.
“No hay hecho más trágico en esta vida que lo que les acaba de ocurrir con Antonio. Quiero que sepan en esta hora aciaga que los pienso a ustedes, y también a él como una unidad indestructible más allá de la muerte, como un destino inseparable: algo de ustedes se fue con él y algo de él estará siempre con ustedes, y ojalá esa permanencia aún en la ausencia mitigue la pena inmensa de esta desgracia. Dicen que los seres que se van en plena juventud son aquellos elegidos por Dios. Tiendo a creer que esto es así, y también tiendo a creer lo que decía Facundo Cabral: ‘No hay muerte; hay mudanza’” (Extracto de la nota que el intendente municipal de Tandil, Miguel Lunghi, le hizo llegar a los padres de Antonio Falistocco).
Una pasión en los genes --
Nacido en Río Cuarto, César Emilio Falistocco solía acompañar de niño a su padre al aeroclub de esa ciudad cordobesa, donde aprendió a volar planeador y avión.
Ya de joven ingresó en la Escuela de Aviación Militar, de donde egresó como Alférez y Aviador Militar y fue destinado a la IV Brigada Aérea (Mendoza). En 1986 pasó a prestar servicio en Tandil, donde piloteó los Mirage y, en 1990, cumplió labores de jefe del Aeropuerto de la ciudad serrana. Paralelamente hizo vuelos con ultralivianos y experimentales, creando el Hangar del Cielo, a la vera de la Ruta N° 74 (a 3.000 metros de la ruta 226, camino a Ayacucho), desde donde comenzó a fomentar las actividades aerodeportivas. Era, además, Piloto Comercial de Primera Clase y de Exhibición Acrobática; y Despachante de Aeronaves.
En 1997 pidió el retiro de la Fuerza Aérea habiendo alcanzado el grado de Capitán y se radicó en Tandil como Instructor de vuelo de su propia escuela, Piloto de pruebas y ensayos en vuelo de la Fábrica Rans (Argentina), Profesor de Seguridad Aérea y de Márgenes de Vuelo (Teórico y Práctico) en la EAA Argentina y Profesor de Seguridad e Higiene en el Instituto de Educación Superior Tandil.
El Hangar del Cielo, creado en 1994, fue declarado “de interés turístico” por el Concejo Deliberante tandilense e incluido dentro de la oferta turística de esa comuna.
Con la incorporación del Rans S10 en 1997, Falistocco comenzó a dedicarse a las exhibiciones acrobáticas recorriendo casi todo el país, Uruguay, Chile y Brasil, para terminar formando la “Escuadrilla Argentina de Acrobacia Aérea”.
En Diciembre de 2003 se recibió como Profesor en Matemáticas.
En 2010, además de los shows aéreos volando para Presidencia de la Nación, realizó vuelos de prueba y habilitación de aviones y pilotos en aeronaves de diseño particular y en las Líneas de Kit.
“Un profesor de Matemática desafía las leyes de la física” -
Corría el mes de agosto de 2006. Durante mi estadía en la redacción del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca (hoy La Nueva.) tuve la oportunidad de entrevistar telefónicamente a César Emilio Falistocco poco después del accidente que casi le cuesta la vida, en Córdoba. Titulé la nota: “Un profesor de Matemática desafía las leyes de la física”.
“‘¿Qué me dijo mi mujer cuando la llamé por el accidente? Me preguntó si estaba sano, si estaba bien, y nada más. Ella me acompaña (de hecho, viajó desde Tandil para estar junto con él durante su internación) y me da el apoyo necesario para que yo siga haciendo todo esto’”, dijo el piloto sobre un caso cuyas imágenes –fotos y video del Rans S10 envuelto en llamas- recorrieron el país.
Acerca del siniestro, sostuvo: “Me equivoqué. Haciendo una maniobra de las que ustedes vieron allá (en el Aero Club Bahía Blanca, en 2005) y que hago siempre, se me descontroló el avión, Cuando conseguí controlarlo no me quedaba espacio para recuperar la velocidad que se requiere para volar. La decisión fue hacer que el avión pegara lo más controladamente posible el suelo para no golpearme, y eso lo conseguí: el avión tocó con el tren de aterrizaje principal el suelo y se arrastró. La mala suerte fue que, donde tocó, se prendió fuego. Si hubiera querido tratar de seguir volando, o mágicamente seguía volando, o se descontrolaba del todo y la destrucción hubiera sido total y fatal”.
Falistocco aseguró que no tuvo miedo –“no hay tiempo para eso”, aclaró-, aunque reconoció que se asustó al ver el incendio que terminó destruyendo el aparato.
Le pregunté entonces si había pensado en abandonar la actividad teniendo en cuenta que, según él mismo afirmó, sus ingresos provenían del dictado de clases de Matemática. “No, seguro que no, porque fue un error mío y, reconocido el error, lo que hay que tratar de hacer es no volver a cometerlo. Esto lo hago por gusto, por placer. Es un vicio, es como el que tiene el vicio de correr en auto o en moto; es más, el accidente se compara con eso, con tener un derrape o una curva mal tomada de un corredor que, un día, se fue afuera”, expresó.
En sus rutinas –luego puestas en práctica por su hijo-, Falistocco desafiaba las leyes de la física, especialmente la de la gravedad.
“Cualquiera que sea piloto de avión puede ser acróbata, pero, por supuesto, existe un proceso detrás. En mi caso, la experiencia en la aviación militar es de suma importancia porque el combate aéreo, entre dos aviones, se lleva a cabo haciendo acrobacia”, explicó.
“Un entusiasta y excelente piloto de acrobacia” -
A propósito de ese accidente del que Falistocco salió prácticamente ileso, La Voz del Interior, el matutino cordobés, publicó: “…un momento de particular tensión vivieron los espectadores cuando, en plena demostración, uno de los aviones entró en emergencia y se precipitó a tierra, a sólo 200 metros del vallado donde se encontraba el público. La angustia y los temores se disiparon casi al instante cuando el piloto abandonó la máquina por sus propios medios y se alejó caminando del lugar, mientras un incendio que se propagó rápidamente devoró al pequeño aparato. Los aplausos surgieron como una clara demostración de alivio por la tensión vivida. Esa expresión se hizo sentir aún más cuando César Falistocco, el experimentado piloto de acrobacia aérea, sacó su pañuelo para saludar al público que lo aclamaba”.
En la nota se citaron las declaraciones que sobre ese hecho hizo el director de la Escuela de Aviación y Jefe de la Guarnición Aérea Córdoba, brigadier Eduardo Víctor Álvarez, quien elogió la pericia de Falistocco, calificándolo como “un piloto de mucha experiencia”. “Se trata de un entusiasta y excelente piloto de acrobacia y por eso es invitado a cuanta exhibición aérea se registra en el país y en países vecinos”, agregó.
La crónica del matutino cordobés finaliza diciendo: “Toda esta experiencia adquirida es la que ayer le permitió salir con vida de un accidente que pudo tener consecuencias muy graves. Con sangre fría y mucha pericia, se preparó para la emergencia y transformó el drama en otro motivo de aplausos”.
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