13 de octubre de 2013

La trigésima segunda calle de nuestro recorrido fue denominada Arenales en 1879, en reconocimiento al pueblo homónimo de la provincia de Buenos Aires, el cual, a su vez, fuera bautizado en homenaje al valiente patriota que, convencido de la revolución llevada a cabo en las Provincias Unidas del Río de la Plata, luchó incansablemente por conservar la unidad de los territorios independizados de la corona española. Por Eduardo Agüero Mielhuerry
El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La decimocuarta calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XXXII" y fue llamada Arenales, en reconocimiento al pueblo homónimo de la provincia de Buenos Aires, el cual, a su vez, fuera bautizado en homenaje al valiente patriota que, convencido de la revolución llevada a cabo en las Provincias Unidas del Río de la Plata, luchó de manera denodada por conservar la unidad de los territorios independizados de la corona española.
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera, Jujuy la segunda y, tras una sucesión de varias calles, la Arenales ocupaba el decimocuarto lugar desde el Arroyo Azul.
En el año 1953, el intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N°18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Arenales le correspondió el número 80. Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.
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El "Hachado", una Gloria del Norte
Juan Antonio Álvarez de Arenales nació el 13 de junio de 1770, en Villa de Reinoso, España. Sus padres fueron Francisco Álvarez de Arenales y María González.
Llegó a Buenos Aires en 1784, donde fue educado por su tío -pues había quedado huérfano- para seguir la carrera eclesiástica. Sin embargo, el joven Arenales optó por la carrera militar.
En la ciudad se perfeccionó en Ciencias exactas y todo lo concerniente a su nueva profesión. Por su buena conducta mereció la protección de los virreyes Nicolás Arredondo y Pedro Melo, siendo designado por el primero Jefe y Sub-delegado, en el partido de Arque, en la provincia de Cochabamba, mientras que el segundo lo nombró Teniente Coronel en diciembre de 1794.
En el norte conoció a María Serafina González de Hoyos y Torres Gaete, una noble dama procedente de una arraigada familia salteña, con quien contrajo matrimonio el 7 de septiembre de 1795, en la Iglesia de la ciudad de Salta. De esta relación nacieron cinco hijos: María Josefa, Florentín, José Ildefonso, María Mercedes y Juana Antonia.
Destinado al Alto Perú (actual Bolivia), el 25 de mayo de 1809 formó parte de la Revolución de Chuquisaca, primer movimiento contra el dominio español llevado a cabo en el Virreinato del Río de la Plata. Pese a su origen europeo, Arenales se incorporó a partir de allí a la "causa americana", con decidido ímpetu.
Aunque sin lograr aglutinarlos de manera consistente, Arenales encabezó la lucha contra la opresión y el maltrato cometidos por el gobierno contra los indios. Pronto se convirtió en Comandante de las fuerzas patriotas organizadas en milicias.
El Virrey nombró presidente de la Real Audiencia de Charcas a Vicente Nieto, quien se movilizó de inmediato con bastantes fuerzas militares, e incorporó otras en Salta. Nieto reprimió con fuerza y severidad la revolución, que ya se había extendido a Cochabamba y La Paz. Ésta última rebelión no fue aplastada por él, sino por el general Goyeneche, enviado por el virrey del Perú (que por otra parte no tenía atribuciones para hacerlo). Mientras Nieto ordenaba penas de prisión, y dejaba a los sospechosos en libertad, Goyeneche ahogó La Paz en sangre. Atacó la ciudad, causando centenares de muertos, y dictó decenas de penas de muerte.
Arenales se salvó de la ejecución en mérito a sus destacados antecedentes pero fue enviado como prisionero a un calabozo en las casamatas del Callao.
Después de quince meses de maltratos, en secreto -y tal vez con colaboración externa- logró escapar de prisión y regresó a su hogar en Salta. Allí fue nombrado Regidor del Cabildo y respaldó fuertemente la revolución porteña, sin embargo, producida la invasión realista de 1812, fue nuevamente arrestado.
Luego que Manuel Belgrano, designado general de las Provincias Unidas del Río de la Plata, obtuviera la decisiva victoria patriota de la Batalla de Tucumán, el 24 y 25 de septiembre, el mayor general Eustoquio Díaz Vélez logró recuperar Salta por unos días y liberó a Arenales, antes de que el derrotado general Pío Tristán llegara y se apoderara nuevamente de la ciudad.
Arenales huyó y se presentó ante Belgrano, quien le reconoció el grado de coronel. Participó en la batalla de Salta, el 20 de febrero de 1813, como Jefe del Estado Mayor. Por su brillante desempeño en esta nueva victoria de las armas revolucionarias, la Asamblea del Año XIII le concedió, el 6 de junio, la designación como ciudadano de las Provincias Unidas del Río de la Plata con residencia en Salta
Durante la Segunda expedición auxiliadora al Alto Perú, Arenales fue nombrado Gobernador de Cochabamba. Después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, intentó por un tiempo defender su provincia, pero fue vencido. Sin embargo, ayudó a Ignacio Warnes a resguardar la provincia de Santa Cruz de la Sierra.
Organizó la guerra de guerrillas tan exitosamente que el general Joaquín de la Pezuela se vio forzado a abandonar las provincias norteñas argentinas para proteger la retaguardia realista.
Con la victoria en la batalla de La Florida (1814), aseguró la entrada al Alto Perú del Ejército del Norte, en su tercer intento por incorporar el Alto Perú a la revolución, al mando de José Rondeau, y reocupó la ciudad de Cochabamba y Chuquisaca.
El triunfo de La Florida casi termina con la vida del prócer: Arenales siguió peleando sin pensar en rendirse. Un feroz corte le había abierto uno de sus parietales. Su rostro estaba bañado en sangre. Al finalizar la lucha, trece fueron las heridas que se contaron en su cara, su cabeza y su cuerpo, por esto, en adelante, sus adversarios comenzaron a llamarlo el "Hachado". Salvó su vida de milagro.
Cuando los patriotas fueron derrotados en Venta y Media, Rondeau se dirigió a reorganizarse a Cochabamba, donde fue derrotado por Pezuela en la Batalla de Sipe Sipe, en noviembre de 1815. Arenales intentó resistir por unas semanas, pero fue derrotado en Samaipata y regresó a Salta.
En esta última ciudad fue ascendido a general y se enfrentó al caudillo Martín Miguel de Güemes por la forma en que éste llevaba adelante la Guerra Gaucha, exitosa estrategia defensiva de defensa de la frontera norte del país, pero muy costosa para la provincia.
A mediados de 1817 fue nombrado comandante del ejército provincial de Córdoba, en lucha casi permanente con pequeños grupos de gauchos rebeldes, pero no obtuvo resultados positivos contra los federales.
En 1819 se incorporó al Ejército de los Andes en Chile. El general José de San Martín lo designó al mando de una división para su Expedición libertadora del Perú. Tras su arribo a destino se hizo cargo de las dos importantes campañas a las sierras, para obtener el control sobre esa área antes que los realistas pudieran utilizarlas como base de operaciones.
Durante la primera campaña logró cuatro victorias en Palpa, Nazca, Cuesta de Tarma y, la más importante, la batalla de Cerro de Pasco, librada el 6 de diciembre de 1820, donde derrotó al Brigadier O"Reylli Logró tomar varias provincias para los patriotas: Ica, Huamanga, Huánuco, Huancavelica y Pasco. Los realistas temieron perder contacto con el interior, de modo que evacuaron Lima, y aunque San Martín lo envió a una segunda campaña a la sierra, no pudo impedir la retirada del virrey José de la Serna y su ocupación de todo el interior del país. La última resistencia en esa zona fue la de algunas guerrillas dirigidas por el futuro caudillo mendocino José Félix Aldao, pero finalmente tuvo también que retirarse.
Tras la proclamación de la Independencia del Perú, fue nombrado Gobernador de las provincias norteñas del futuro territorio peruano, donde el gobernador de Trujillo se había pasado a los patriotas. Allí tuvo la responsabilidad sobre la instrucción de las tropas y la preparación de la campaña al Ecuador y fue gratificado con el rango de Gran Mariscal. Para seguir organizando estas tropas pidió ayuda al Senado peruano en forma un tanto descomedida y fue sancionado.
Concluida la entrevista de Guayaquil, -1822- en reconocimiento por su coraje y leal colaboración, el Padre de la Patria, José de San Martín, delegó en Arenales el mando de las tropas a su cargo, informando su decisión a Simón Bolívar.
Decepcionado por el rumbo que comenzaron a tomar los acontecimientos, se retiró a Salta.
El 1 de enero de 1824 fue nombrado Gobernador de Salta. Su administración fue ordenada y eficiente, procurando establecer un gobierno liberal en concordancia con el que Bernardino Rivadavia había establecido en Buenos Aires. Al año siguiente, a pedido del General Sucre, hizo una última campaña al Alto Perú, esperando luchar contra el último reducto realista en esas provincias; pero el general Pedro de Olañeta había muerto asesinado por sus propios soldados. Incluso, lamentablemente, fracasó en reincorporar a su provincia la región de Tarija, que había sido parte de la misma.
Envió tropas salteñas para colaborar en la Guerra del Brasil, librada entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil a consecuencia de la decisión de la Banda Oriental de reincorporarse como una provincia rioplatense.
Fue reelecto gobernador de su provincia en 1826 y organizó una expedición de reconocimiento del río Bermejo con el objeto de evitar los ataques de los indígenas del Chaco.
Los federales se oponían a su gobierno y lo acusaban de querer perpetuarse en la gobernación. Ya en el mes de febrero del "24 había estallado una revolución en su contra, que terminó con el fusilamiento de su cabecilla, el coronel Bernardino Olivera, héroe de la guerra gaucha. En mayo de 1826 fracasó una nueva revolución, pero la de enero de 1827, encabezada por José Francisco Gorriti y Dionisio Puch, tuvo más éxito. Arenales envió al coronel Francisco Bedoya -el mismo militar que había derrotado a Francisco Ramírez en su última batalla- al mando de unos trescientos hombres para enfrentarse a una fuerza que superaba los ochocientos disidentes. El coronel Bedoya y las tropas oficialistas fueron derrotados y prácticamente diezmados en Chicoana, el 7 de febrero, lo que ocasionó que Arenales y sus partidarios tuvieran que exiliarse en Bolivia.
Regresó a su provincia en la época de la guerra civil de 1829 pero no actuó en política. Después de la derrota de los unitarios en la batalla de La Ciudadela, se marchó a Bolivia por "razones familiares". En verdad había emprendido el camino del destierro, enfermo y atribulado por las luchas políticas que se desarrollaban en Salta. Lo acompañaron su hija María Josefa Álvarez de Arenales de Uriburu y su yerno el coronel de milicias don Evaristo Uriburu y Hoyos (padres del futuro presidente de la República Argentina, José Evaristo Uriburu).
Falleció en la localidad de Moraya, Bolivia, el 4 de diciembre de 1831, en la casa del coronel José Manuel Pizarro. Fue sepultado en el camposanto de la parroquia del pueblito.
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Dos Partidos, un mismo nombre
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Hacia 1833 se perfilaron nuevos Partidos mientras avanzaba la Línea de Fronteras bonaerense. Así surgieron Azul, Tandil, 25 de Mayo, Patagones y Bahía Blanca, todos los cuales asentaron sus cabeceras en instalaciones militares.
Luego de la caída de Rosas en 1852, la amenaza de los aborígenes fue cada vez más frecuente, lo que obligó a las autoridades a considerar seriamente el problema de las fortificaciones.
El proyecto del Poder Ejecutivo Provincial (a cuyo frente se hallaba Mariano Saavedra), se convirtió en la Ley N° 441, del 19 de julio de 1865. Por ella se crearon los partidos de Arenales, Ayacucho, Castelli, Tuyú, Balcarce, Necochea, Tres Arroyos, Rauch, 9 de Julio y Lincoln. El decreto reglamentario del 31 de agosto estableció, además de los nombres de los diez partidos recientemente creados, los límites precisos de los veintisiete partidos en que había quedado dividida esa parte de la Provincia.
La Guardia Nacional señalaba una nueva modalidad, totalmente diferente, en la forma de colonizar, o poblar. Precisamente, las poblaciones seguían las instrucciones del Departamento Topográfico, de acuerdo a los estudios realizados en campos ya libres de indios.
El partido de Ayacucho -que tomaría esta denominación en homenaje a la última batalla contra la dominación española en América el 9 de diciembre de 1824-, fue el resultado de la fragmentación de los partidos de Tandil, Mar Chiquita y Vecino (hoy, General Guido). Al mismo tiempo se creaba el partido de Arenales, al que Ayacucho (zona antiguamente los aborígenes la habían denominado Tandileofú -que es el nombre del arroyo a cuyas márgenes se halla la ciudad cabecera- que en su lengua significaba "Rincón de los Muertos" o "Morada del Alma"), quedó inscripto, sin llamarse así aún.
No habiendo centro de población de ninguno de los dos partidos, José Zoilo Míguens hizo gestiones para la fundación de uno, que se concretó en el territorio correspondiente a Ayacucho, y fue llamado Arenales en sus comienzos. El 22 de junio de 1866 se aprobaron los planos, mensura y trazado del ejido (fecha considerada la de la fundación de la ciudad de Ayacucho).
Las primeras pulperías y algunos ranchos constituyeron un precario poblado, hacia el que convergieron las autoridades del entonces partido de Arenales, encabezados por el primer Juez de Paz, don José Zoilo Miguens, prestigioso hacendado y político de Buenos Aires, quien, vinculado al campo, poseyó tierras en Azul, Ayacucho y Arenales, chacras en Quilmes y varias fincas en Buenos Aires y Dolores.
A poco de iniciar sus actividades la Corporación presidida por Dalmiro Viale, el Gobierno provincial resolvió, en acuerdo del 3 de abril de 1868, que "el pueblo de Arenales se denomine en adelante Ayacucho". Efectivamente, y a raíz del ya citado informe previo a la formación del pueblo, con el nombre de Arenales había nacido oficialmente la localidad de Ayacucho.
El acuerdo no solo decidía el nombre definitivo de la ciudad actual sino también el del partido, expresando textualmente: "Considerando. 1º que los partidos de campaña se denominan generalmente con el nombre de población principal donde tienen asiento sus autoridades. 2º que el nombre de "Arenales" dado al pueblo único que se halla establecido en el partido de "Ayacucho" ocasiona por este motivo, y hasta en los actos oficiales, confusiones que hacen todavía más frecuentes las circunstancias de ser el partido de "Arenales" limítrofe y la de estar, además, adscripto a éste el de "Ayacucho". Por estas razones el Gobierno ha resuelto que el pueblo de "Arenales" se denomine en adelante "Ayacucho".
Algunos años más tarde, el Partido de Ayacucho definitivamente absorbió al de Arenales. Sin embargo, el nombre del ilustre militar reaparecerá para denominar a otra zona de la provincia de Buenos Aires.
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Nuevo Arenales
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Las tierras que hoy ocupa el partido de General Arenales estaban dominadas totalmente por los aborígenes, y así fue hasta su fundación. Los indios asentaban en lugares recónditos sus tolderías, desde las cuales, y utilizando los senderos sólo conocidos por ellos, invadían permanentemente a los campos y poblaciones de la frontera. Asimismo hubo expediciones que se internaron establecer en el mal llamado desierto, con el objeto de castigar a los aborígenes en sus propios reductos.
Uno de los terratenientes de lo que sería, inmediatamente, General Arenales -don Julio Llanos- solicitó la urgente mensura de sus expandidos territorios. El 2 de agosto de 1889 el agrimensor Dodds subdividió el terreno de ensanche en chacras y quintas, señalando dos reservas para Escuelas rurales y omitiendo reservar un predio para la planta urbana, por cuanto lo que sería el Centro ya la poseía.
El partido de General Arenales se creó, al norte del Río Salado, sobre la base de tierras pertenecientes a los partidos de Lincoln, Junín y Rojas, fijándose como cabecera del mismo, el pueblo de la Colonia Agrícola "El Chañar"; y que a partir de ese momento, pasó a denominarse General Arenales.
El primer fuerte en la zona norte de la pampa bonaerense fue el de Pergamino. Con el tiempo fueron levantándose los fortines "Mercedes" (hoy pueblo de Colón); "El Chañar" (hoy Arenales); "Acha" (antes de Arenales y hoy Leandro N. Alem); "El Pelado" al sur del arroyo del mismo nombre dentro de Arenales, el "Tiburcio" y finalmente el Cantón de "Loma Negra", sobre el río Rojas. La indiada que asolaba toda la orilla del Arroyo del Medio y de las lagunas de Cardoso y del Chañar, burlando las guardias de Mercedes y Rojas, llegaba hasta Junín. Los continuos malones contra el Partido de Pergamino, alarmaron mucho al Jefe de la Frontera Norte, coronel José María Cortina, que no tuvo más remedio que levantar un nuevo fortín, más avanzado que los establecidos hasta entonces, que estuvieran ubicados delante de "El pelado" y en un punto intermedio entre Melincué y Fuerte Federación (Junín). Así nació el Fortín "El Chañar", que fue construido en los primeros días de enero de 1850, a menos de dos mil metros de la laguna homónima y muy próximo al límite con Santa Fe. Allí se estableció una fuerte guarnición al mando del Coronel Julián Berdúm, la cual resistió a pesar de los embates del tiempo y se perpetuó para dar nacimiento a un nuevo pueblo
El Proyecto de Ley de creación del partido de General Arenales fue presentado por el señor José Fonrouge, y fue aprobado por la Legislatura bonaerense el 3 de septiembre de 1889. La ley fue promulgada tres días después por el gobernador Máximo Paz, y hacia mayo de 1890 se procedió a la mesura de los terrenos donde debía constituirse el ejido urbano, que comprendería al Centro Agrícola "El Chañar". Finalmente, el 13 de agosto de 1890, el Gobierno aprobó el trazado urbano definitivo del flamante General Arenales.
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Para culminar
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Cuando un terrible temblor sacudió al pueblo boliviano de Moraya, la iglesia parroquial se derrumbó. Las sepulturas se removieron y por esta macabra circunstancia, ante el temor de que pudiesen ser profanadas, el coronel José M. Pizarro sacó los restos de Arenales del lugar en que se hallaban y los depositó en el osario común, excepto la calavera, que quedó bajo su custodia hasta que la envió a Buenos Aires, para que María Josefa Álvarez de Arenales de Uriburu la preserve.
En mayo de 1959, los restos de Juan Antonio Álvarez de Arenales fueron trasladados desde Buenos Aires y Bolivia a Salta por iniciativa de monseñor Roberto J. Tavella, siendo "reunidos" y depositados en el "Panteón de las Glorias del Norte de la República" en la Catedral de Salta, junto a los restos de otro gran hombre de la historia norteña argentina, el general Martín Miguel de Güemes.
De este modo, aquél joven español, que se sumara con bizarría a la guerra por la libertad americana y que luego de sobrellevar una existencia fraguada de triunfos y contrastes, hoy es motivo de tributo y gratitud del pueblo. Todo lo entregó en aras de sus ideales independentistas, legando para la historia su testimonio de nobleza humana y su gallardo temple militar.
Alguna vez el general José de San Martín dijo refiriéndose a Arenales: "Él es digno de mandar por su honradez acrisolada, por su habitual prudencia y la serenidad de su coraje".
El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Rauch, la cual preserva su nombre originario desde 1879.

Juan Antonio Álvarez de Arenales nació el 13 de junio de 1770, en Villa de Reinoso, España. Al
sumarse con bizarría a la guerra por la libertad americana, entre triunfos y derrotas, todo lo entregó en aras de sus ideales, legando para la historia su testimonio de nobleza humana y su gallardo temple militar.

El partido de General Arenales se creó, al norte del Río Salado, sobre la base de tierras pertenecientes a los partidos de Lincoln, Junín y Rojas, fijándose como cabecera del mismo, el pueblo de la Colonia Agrícola "El Chañar"; y que a partir de ese momento, pasó a denominarse General Arenales.

En mayo de 1959, los restos de Juan Antonio Álvarez de Arenales fueron trasladados desde Buenos Aires y Bolivia a Salta por iniciativa de monseñor Roberto J. Tavella, siendo "reunidos" y depositados en el "Panteón de las Glorias del Norte de la República" en la Catedral de Salta, junto a los restos de otro gran hombre de la historia norteña argentina, el general Martín Miguel de Güemes.
AGRADECIMIENTOS Y FUENTES
Gracias a Estela Tumminaro del Honorable Concejo Deliberante de Azul.
Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
Gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
Tulio Halperin Donghi. "Historia contemporánea de América Latina". (1997). Editorial Alianza. Madrid, España.
Julio Novayo. "Juan Antonio Álvarez de Arenales. General de los Pueblos". (1983). Ediciones Directa. Buenos Aires.
Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.
Ayer en el SUMAC, se realizó la instancia local del Programa Decisión Niñez, impulsado por el área de Niñez y Adolescencia del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires.
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