7 de julio de 2013

. LAS CALLES DEL AZUL: Jujuy, la calle del Éxodo


El Éxodo Jujeño fue, básicamente, la retirada hacia Tucumán emprendida por el Ejército del Norte y la población de San Salvador de Jujuy que evacuó la ciudad completa y sus campos. En la imagen se puede apreciar una de las tantas representaciones artísticas del suceso.
La vigésima calle de nuestro recorrido conserva su nombre primigenio desde 1879, habiendo sido bautizada entonces como Jujuy, en reconocimiento al pueblo norteño que fuera protagonista de una verdadera epopeya conocida en la historia argentina como el "Éxodo Jujeño".
Por Eduardo Agüero Mielhuerry

El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N° 183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La segunda calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XX" y fue llamada Jujuy, en reconocimiento a la provincia norteña que fuera protagonista de la epopeya argentina conocida en la historia como "Éxodo Jujeño".
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera y Jujuy la segunda calle desde el Arroyo.
En el año 1953, el Intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N° 18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera calle paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Jujuy le correspondió el número 92.
Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.
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San Salvador de Velazco del Valle de Jujuy
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Al iniciarse la conquista española, el actual territorio de Jujuy estaba poblado por diversos pueblos indígenas. Predominaban los omaguacas, entre cuyas parcialidades se destacaban los ocloyas, purmamarcas, yavis, yalas, churumatas y los jujuyes, aunque los atacameños -en especial la parcialidad lipe- eran predominantes en la región puneña. Los omaguacas eran una síntesis étnica de diaguitas y atacameños. La tenaz resistencia de estas poblaciones dificultó primero el avance de los quechuas y luego el avance español.
Diego de Almagro fue el primer español que recorrió la Puna jujeña. El 20 de agosto de 1561 Juan Pérez de Zurita fundó una ciudad con el nombre de Nieva en el actual territorio jujeño entre los ríos Grande y Xibi-Xibi, pero a mediados de 1563 fue destruida por los indígenas. Ese mismo año, el rey Felipe II de España expidió una Real Cédula determinando los límites jurisdiccionales de la Real Audiencia de Charcas dentro del Virreinato del Perú, incluyendo dentro de ellos a la Gobernación del Tucumán. De este modo se la separó de Chile, separación que se completó poco después con el nombramiento de Juan de Velazco como gobernador de la "Provincia del Tucumán, Diaguitas y Juríes", con residencia en Santiago del Estero (el actual territorio jujeño quedó incluido en la nueva gobernación).
La resistencia de los omahuaca u omaguacas estuvo comprendida con la de los diaguitas, de modo que en la llamada Guerra Calchaquí participaban los pueblos aborígenes de Jujuy destacándose en ellos los jefes Kipildor (Quipildor) y Viltipoco. Las luchas con los pueblos originarios fueron sumamente complejas, con varios reveces para los conquistadores. Sin embargo, poco a poco estos últimos fueron "ganando terreno" y finalmente resultaron victoriosos. Prueba de ello son los pequeños pueblos que se lograron ir edificando.
El 19 de abril de 1593 (lunes posterior a la Pascua de Resurrección), bajo la invocación del Salvador, Francisco de Argañarás y Murguía dejó establecida la fundación de la ciudad de San Salvador de Velazco en el Valle de Jujuy.
Jujuye, fue un pueblo indígena sedentario, que dio su nombre al valle de Jujuy, y que posiblemente haya sido una denominación genérica dada por los conquistadores hispanos para señalar las tribus de la región. El naturalista y escritor William Henry Hudson (1841-1922), tiempo más tarde afirmaba que: "El kakuy es un ave que frecuenta los bosques (...) Kakuy era el antiguo nombre de ese territorio, que los primeros exploradores deletrearon por error "Jujuy", nombre corrupto que por fin le había quedado".
A lo largo del siglo XVII la población asentada en la ciudad, pueblos, estancias, haciendas y chacras fue creciendo lentamente. En la ciudad, los españoles, negros, mulatos y mestizos eran mayoría, mientras que en el área rural predominaban los indígenas. Los esclavos negros provenían de Buenos Aires y se los destinaba a tareas domésticas o artesanales.
La región formó parte del Virreinato del Perú hasta 1776, en que la corona española creó el Virreinato del Río de la Plata. Al subdividirse administrativamente el Virreinato del Río de la Plata, conforme a la Real Ordenanza de Intendentes del 28 de enero de 1782, la actual Provincia de Jujuy quedó ubicada dentro de la Gobernación Intendencia de San Miguel de Tucumán. La Real Cédula del 5 de agosto de 1783, suprimió la Gobernación Intendencia del Tucumán, con lo cual Jujuy junto con Catamarca, Santiago del Estero, Salta, Tucumán y la Puna de Atacama, pasó a integrar la nueva Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán, con sede gubernativa en Salta.
En 1810, al momento de la Revolución de Mayo, Jujuy junto a Tarija formaban la parte septentrional de la Intendencia de Salta del Tucumán. Desde el Perú y el Alto Perú los realistas españoles emprendieron once invasiones, la situación de los patriotas americanos hacia 1812 se volvió crítica en la zona de Lípez, Tarija y Jujuy.
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El Éxodo Jujeño
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Manuel Belgrano, abogado y uno de los principales impulsores de la Revolución de Mayo, estaba cumpliendo la misión de fortificar las barrancas del río Paraná en Rosario, para repeler los ataques que los realistas efectuaban sobre la costa del mismo desde la ciudad de Montevideo, cuando se le ordenó hacerse cargo del Ejército del Norte.
El 26 de marzo de 1812, el coronel Belgrano llegó a la Posta de Yatasto donde lo esperaba el general Juan Martín de Pueyrredón. Éste le entregó oficialmente -al día siguiente- la jefatura del derrotado Ejército del Norte e inmediatamente regresó a Buenos Aires para reemplazar a Juan José Paso en el Primer Triunvirato.
Belgrano estableció su cuartel general en la ciudad de San Salvador de Jujuy, ubicada en la desembocadura meridional de la quebrada de Humahuaca, ruta principal de las invasiones desde el norte. Su objetivo era rearmar el ejército que se encontraba destrozado. Enterado del avance del numeroso ejército realista, el Coronel reclamó al gobierno de Buenos Aires refuerzos para la resistencia, pero no obtuvo mayores auxilios, debido a que las autoridades estaban abocadas principalmente a vencer a los realistas fortificados en Montevideo.
Por entonces llegaron hasta la zona las fuerzas patriotas retiradas del Alto Perú tras la derrota sufrida en la batalla de Huaqui. Eran alrededor de 800 soldados, sin armas ni recursos, semidesnudos, afectados por el paludismo y completamente desmoralizados. Con más voluntad que recursos, el coronel Belgrano los reorganizó y restableció la disciplina del conjunto. Para ello se volvió riguroso e inflexible con sus subordinados.
El esfuerzo fue mayúsculo y desgastante, sin embargo logró crear diversas compañías, como la de guías, la de baqueanos, la de Cazadores y el cuerpo de castas. Asimismo, recompuso la moral de las tropas y las elevó a poco más de mil quinientos hombres. Y casi como corolario, a finales de julio recibió 400 fusiles, que le fueron de gran utilidad para completar el armamento.
Para aumentar el fervor patriótico del pueblo, y en conmemoración del segundo aniversario de la revolución, el 25 de mayo hizo bendecir la Bandera Argentina en la Catedral, por el canónigo Juan Ignacio Gorriti. Ignoraba que la misma había sido rechazada por el Primer Triunvirato, ya que el uso de una bandera propia era un claro signo de independencia para los triunviros, que aún no deseaban abandonar la ficción de que el nuevo país aún dependía del rey de España.
En lugar de enviar refuerzos para atender el frente norte, el Triunvirato, a través de su ministro Bernardino Rivadavia, ordenó la retirada del Ejército del Norte hasta la ciudad de Córdoba. El día 27 de mayo, el coronel Belgrano fue ascendido al grado de general.
El gobierno consideraba imposible resistir al ejército del brigadier Juan Pío Tristán, que avanzaba desde el Alto Perú después de haber recibido refuerzos en Suipacha, que elevaban su dotación a 4000 hombres. La intención del Triunvirato era retroceder hasta Córdoba, donde a las tropas de Belgrano se unirían fuerzas procedentes de la región rioplatense.
Ni siquiera el llamado a las armas de todos los ciudadanos entre 16 y 35 años, y la formación de un cuerpo irregular de caballería, los Patriotas Decididos a las órdenes del valiente Eustoquio Díaz Vélez, permitían a Belgrano oponer cabalmente resistencia.
Díaz Vélez se ofreció para apoyar a la revolución que había estallado en la ciudad de Cochabamba, pero la falta de tropa suficiente desvaneció el proyecto. Sin la ayuda de las provincias "de abajo", la ciudad altoperuana fue ocupada por el mariscal de campo de los ejércitos realistas José Manuel de Goyeneche a finales del mes de julio, el cual actuó con gran rigor contra los partidarios de la revolución, tanto españoles como criollos e indios. Sin ninguna contemplación y con absoluta crueldad, ejecutó prisioneros, encarceló a civiles, embargó propiedades y aplicó tormentos y azotes para con los aborígenes.
Cuando el Ejército español continuaba su avance hacia el sur, con cerca de 3000 soldados, comandados por Tristán, sin demasiadas alternativas, el general Manuel Belgrano dictó el 29 de julio un bando dirigido a todo el pueblo de Jujuy, disponiendo la retirada.
Parecía una absoluta locura y algo imposible de ejecutar, sin embargo, el General no se dejó doblegar. El Éxodo Jujeño fue, básicamente, la retirada hacia Tucumán emprendida por el Ejército del Norte y la población de San Salvador de Jujuy que evacuó la ciudad completa y sus campos.
La orden especificaba que la retirada debía dejar sólo campo raso frente al enemigo, de modo de no facilitarle casa, alimento, ganado, mercancías ni cosa alguna que le fuera utilizable. Los cultivos fueron cosechados o quemados, las casas destruidas, y los productos comerciales enviados a Tucumán. El rigor de la medida debió respaldarse con la amenaza de fusilar a quienes no cumplieran la orden.
La población acató la medida a partir de los primeros días de agosto, demorándose algo más los vecinos pudientes, que requirieron de Belgrano carretas para transportar sus bienes.
Siguiendo las órdenes del General, los habitantes de Jujuy, a los que se sumaron algunos refugiados procedentes de Tarija y Chichas, abandonaron sus hogares y arrasaron con todo lo que dejaban atrás, a fin que las fuerzas realistas no pudiesen aprovechar ninguno de sus bienes y dejándolos sin víveres para sus tropas.
La población efectuó un largo trayecto de 360 km. hasta Tucumán, paralelo a la actual Ruta Nacional 34.
Los 200 hombres de las fuerzas irregulares al mando de Díaz Vélez, encargados antes de observar la frontera noroeste para cuidar de los movimientos de Tristán, quedarían a la retaguardia. La marcha cubriría 50 km. diarios -el quíntuple de lo recomendable- para buscar cobijo hacia el oeste.
La retaguardia del éxodo partió de Humahuaca el 21 de agosto y dos días más tarde ya se encontraba en las adyacencias de la ciudad de Jujuy. Los realistas ocuparon también Humahuaca.
El ejército patriota finalmente comenzó su retirada ese 23 de agosto, en horas de la tarde; se arreó el ganado y se prendió fuego a las cosechas para desguarnecer al enemigo. Belgrano fue el último en dejar la ciudad deshabitada, dejando la tierra arrasada.
Los realistas pretendieron bajar por la Quebrada del Toro para cortar la retirada de los rioplatenses. El brigadier Tristán envió sus avanzadas a hostilizar a los que se retiraban, dirigidos por el coronel Agustín Huici. Éste alcanzó a la columna sobre el río de las Piedras, entablándose el combate de Las Piedras el día 3 de septiembre de 1812. La rápida reacción de Díaz Vélez logró allí una victoria, cayendo en poder de los independentistas el mismo Huici.
El éxito obtenido en el combate de Las Piedras por Díaz Vélez alentó a Manuel Belgrano a detener la marcha. Ya desde antes, se había percatado que si seguía las órdenes de retirarse hasta Córdoba en espera de la ofensiva de los realistas, éstos podrían fácilmente esquivar las defensas allí y avanzar directamente sobre Buenos Aires.
De modo que, invitado por los tucumanos -y contando con la colaboración de la poderosa familia Aráoz, emparentada con su segundo, Díaz Vélez, y con el joven teniente Gregorio Aráoz de Lamadrid- y desobedeciendo las órdenes impartidas desde Buenos Aires, se trasladó hacia San Miguel de Tucumán, donde esperó al ejército de Tristán.
Comunicó esta decisión al Triunvirato, pero Rivadavia le contestó ordenándole nuevamente seguir viaje hacia Córdoba. Cuando esa orden llegó, Belgrano ya había derrotado a Tristán en la batalla de Tucumán -la más importante en la Guerra de Independencia de la Argentina- y había obligado a las tropas realistas a retroceder hacia el norte. De ese modo, los independentistas recuperaron el control de esa región, control que se hizo completo con una segunda victoria en la batalla de Salta.
Por otro lado, la victoria de Tucumán causó la caída del Primer Triunvirato y su reemplazo por el Segundo Triunvirato, que apoyó más decididamente al Ejército del Norte sin descuidar a Montevideo.
Como símbolo patrio, aquella bandera "prohibida" fue donada por el general Manuel Belgrano al Cabildo de Jujuy el 25 de mayo de 1813, como premio y homenaje a ese pueblo que lo acompañó en el Éxodo del 23 de agosto de 1812, y que posibilitó los triunfos de Las Piedras, Tucumán y Salta.
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Autonomía Provincial
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Durante muchos años, Jujuy fue sucesivamente invadida por los realistas y posteriormente recuperada por los patriotas, en luchas que costaron muchas vidas y recursos. La primera invasión realista fue dirigida por los generales Nieto y Córdoba, y se produjo en 1810; la segunda fue dirigida por el general Pío Tristán en 1812. En 1814 se produjo la tercera, dirigida por los generales Pezuela, Ramírez y Tacón, y la cuarta fue en 1815, dirigida por el general Pezuela.
Entre 1817 (Invasión de De la Serna a Jujuy y Salta) y 1821, la ciudad de San Salvador de Jujuy fue ocupada seis veces por las tropas de España: entre el 6 de enero y el 21 de mayo de 1817 (ese año se produjeron dos invasiones realistas con dos combates en el área de San Pedro de Jujuy, el 15 de enero y el 18 de diciembre); entre el 14 y el 16 de enero de 1818; por tres horas el 26 de marzo de 1819; entre el 28 de mayo y fines de junio de 1820; el 15 de abril y entre el 22 de junio y el 14 de julio de 1821. El 27 de abril de 1821 se produjo la victoria de las fuerzas jujeñas en el combate de León, que es recordado como el Día Grande de Jujuy.
El 6 de diciembre de 1822, el comandante español Olañeta se retiró del territorio jujeño, poniendo fin a la undécima y última invasión realista sobre Jujuy.
El 18 de noviembre de 1834, Jujuy y su zona de influencia proclamaron la autonomía provincial, independizándose de Salta, con mucho retraso en relación a las demás provincias argentinas del siglo XIX. El teniente gobernador, coronel José María Fascio llamó a cabildo abierto y consultó a la multitud:
"¿Juráis libre y espontáneamente a Dios Nuestro Señor, por la señal de la Cruz, de sostener y defender con vuestra fortuna y vuestra vida la independencia política de esta ciudad, su territorio y campaña y su separación de la capital de Salta?"
Ante la respuesta "¡Si juramos!", quedó proclamada la autonomía provincial y Fascio fue nombrado gobernador provisorio. Fascio era un militar español, que había combatido en el bando realista. El 2 de diciembre de 1834 la Legislatura de Salta reconoció la autonomía de Jujuy. Fascio invadió Salta y el 13 de diciembre logró triunfar en la Batalla de Castañares, asegurando la autonomía y terminó siendo nombrado Gobernador.
El 29 de noviembre de 1835 fue sancionada la primera constitución provincial, siendo gobernador el coronel Fermín de la Quintana.
Pocos años más tarde, el norte volvería a entrar en guerra y Jujuy sería una vez más rehén de intereses extranjeros.
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Otra vez rehén
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La guerra entre la Confederación Argentina y la Confederación Perú-Bolivia se inició el 19 de mayo de 1837 cuando el entonces encargado del manejo de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina y gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, declaró la guerra a la Confederación Perú-Bolivia, tanto por la Cuestión de Tarija (territorio que se mantuvo en disputa y finalmente fue perdido, a pesar de los esfuerzos sucesivos de Martín Miguel de Güemes por retenerlo), como por el apoyo de Andrés de Santa Cruz al Partido Unitario.
Las operaciones comenzaron en agosto de 1837 cuando tropas confederadas invadieron la mayor parte de la Provincia de Jujuy, la Puna de Jujuy y el norte de la Provincia de Salta. Continuando con una serie de combates y escaramuzas entre ambas fuerzas todos ellos sin resultados concluyentes. En mayo y junio de 1838 el ejército confederado derrotó a las tropas de Rosas en una serie de encuentros menores siendo el más importante el Combate de Montenegro o Combate de la Cuesta de Coyambuyo, que provocó en la práctica la retirada argentina de la contienda que a partir de entonces mantuvo una postura defensiva, aunque el estado de guerra continuó hasta la victoria del ejército restaurador chileno-peruano en la Batalla de Yungay, que puso fin a la Confederación Perú-Boliviana.
En pleno desarrollo de esta contienda, el 17 de diciembre de 1836, se produjo el reconocimiento oficial de la autonomía jujeña por parte del Gobierno Nacional. Finalmente, el 9 de julio de 1855 fue sancionada una Constitución Provincial, de acuerdo con la Constitución Nacional que había sido jurada por la Confederación Argentina y rechazada por la Provincia de Buenos Aires, que no estaba dispuesta a ceder su poder.
El último episodio trágico registrado en el siglo XIX se sucedió en 1876, cuando una rebelión indígena en demanda de tierras en los departamentos de Rinconada, Cochinoca y Yavi fue brutalmente reprimida por el gobierno provincial tras ser derrotados los rebeldes en la Batalla de Quera.
Posteriormente, la provincia de Jujuy fue delimitando lentamente el trazado actual de su territorio, en el cual, los pueblos originarios hallaron la ansiada armonía con "los blancos" y la "Pachamama"…
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Para culminar…
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Jujuy, nombrada con acierto como el Pórtico Maravilloso de la Patria, cobija en su tierra generosa y multicolor, fragmentos brillantes de la historia argentina que la enorgullecen porque tuvieron una injerencia definitiva e incuestionable ya que marcaron el rumbo mismo de la Nación entera. Su protagonismo, notable en instancias clave, vinculadas con la libertad del heterogéneo territorio argentino, es atesorado no sólo por cada hijo de su tierra sino también reconocido por los habitantes de las más diversas latitudes del país y aún de Latinoamérica.
El 28 de octubre de 2002 fue promulgada la Ley 25.664 por la cual se declaró -en conmemoración de la Gesta del "Éxodo Jujeño"-, a la provincia de Jujuy como Capital Honorífica de la Nación Argentina durante el día 23 de agosto de cada año.
El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Las Flores, la cual conserva su nombre primigenio desde 1879.



Jujuy, nombrada con acierto como el Pórtico Maravilloso de la Patria, cobija en su tierra generosa y multicolor, fragmentos brillantes de la historia argentina que la enorgullecen porque tuvieron una injerencia definitiva e incuestionable ya que marcaron el rumbo mismo de la Nación entera. La Catedral se constituye en uno de los tantos edificios emblemáticos de dicha provincia.


Manuel Belgrano, encabezando el Ejército del Norte, pergeñó un plan tan drástico como finalmente exitoso (tras la batalla de Tucumán). Para evitar el avance de los realistas, convocó a toda la población jujeña a abandonar el pueblo, arrear el ganado y quemar las cosechas para desguarnecer al enemigo. La epopeya acaeció el 23 de agosto de 1812.

AGRADECIMIENTOS Y FUENTES

" Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
" Gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
" Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
" Emiliano Terra. "La defensa norteña". (1991). Catarina. San Salvador de Jujuy.
" Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.

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