APUNTES PARA LA HISTORIA DE AZUL

APUNTES PARA LA HISTORIA DE AZUL

Los primeros tiempos de la medicina en la época fundacional de la ciudad

Por: Prof. Omar Antonio Daher
13 de noviembre de 2022

Antecedentes de la medicina en el Plata:

Antes de entrar en el tema referido a los primeros tiempos de la medicina en nuestro Fuerte azuleño, conviene hacer mención al estado de la misma en Buenos Aires, referencia ineludible para todo aquello que ocurriera fuera de ella, por ser la Capital del ex virreinato y el centro de atención del resto del país después de ocurrida la Revolución de Mayo y, sobre todo, de la todavía en formación provincia de Buenos Aires.

Los registros del primer médico en el puerto de Buenos Aires se verifican a principios del siglo XVII (1601), en la persona de un tal Manuel Álvarez que se presentaba ante el Cabildo como "hombre de ciencia en el arte de la cirugía y conocimiento de algunas enfermedades".

Ya acercándonos a los tiempos de los que nos ocupamos en estos relatos, digamos que, en 1801, por iniciativa del Virrey del Pino, el Protomedicato de Madrid nombraba para la enseñanza en el Plata de tal ciencia a los doctores Eusebio Fabre y Miguel O'Gorman, aunque éste renunció al poco tiempo y fue reemplazado por el destacado Cosme Argerich.

No era despreciable la cantidad de alumnos con que contó este primer intento de formar ciudadanos en el arte de curar, teniendo en cuenta las especiales condiciones del momento en una villa, de poco desarrollo en todos los sentidos. Catorce fueron los primeros inscriptos, lo que llevó a que en 1813 se contara con un anfiteatro anatómico, confiriéndole la dirección del Instituto Médico al propio doctor Argerich. Este insigne hombre murió en 1820. El siguiente paso fue la creación de la Universidad y el nombramiento de un Rector.

Según José Wilde, en Buenos Aires 70 años atrás: "Los médicos de aquellos tiempos no gastaban en boato que ostentan hace algunos años, los de la época presente. No lucían entonces hermosos carruajes con arrogantes caballos y apuestos cocheros; marchaban humildemente a pié y cuando más a caballo, dejándolo como antes hemos dicho, en algún poste lejano, cuando algún pantano mediaba entre éste y la casa de su enfermo" (este testimonio está escrito en 1880).


Dibujo del rostro del Dr. Michenberg en base al retrato de un hermano de rasgos similares.

Antes y durante la "medicina oficial"

El estado sanitario de los pueblos indígenas era muy precario, ya que su salud era atendida de una manera que nada tenía que ver con los adelantos que la ciencia médica había logrado a esa altura del siglo XIX que, aún con mucho camino por recorrer, aportaba ciertos logros que eran desconocidos por los pueblos primitivos que recurrían, tanto para aliviar sus males físicos como mentales o del espíritu como para tratar de evitar la muerte a "saberes" trasmitidos de generación en generación, que eran patrimonio de mujeres conocidas con el nombre de "machis", curanderas.

Por supuesto que nuestros pagos, no podía dejar de estar influenciado por ese tipo de atención de la salud a sus primeros pobladores, en convivencia con los tratamientos que comenzaban a practicarse, indicado por los médicos que venían ya con la debida formación en los adelantos de la ciencia médica, en muchos casos en sus albores.

Según la publicación del diario El Tiempo del 9 de Julio de 1972, que contó con el valioso aporte que realizó el Doctor Ferro, una de esas mujeres "manosantas", siempre ancianas, llamadas en lengua nativa "kushe", venía de Río Negro a visitar y atender a los catrieleros. Una recordada y citada por viajeros de aquel entonces fue Bibiana García que, según el mismo testimonio, aparece en la revista Caras y Caretas del 24 de junio de 1899 como "Caciquera de los restos de la otra grande y poderosa tribu de Catriel".

Esas curanderas (a veces también hombres) actuaban como intermediarios o intermediarias entre el enfermo y los espíritus, ya que los males que afectaban al cuerpo tenían su origen en el gualicho ("genio del mal") o en el "daño", causado por un enemigo del paciente.

Se usaban hierbas medicinales (algunos eran brebajes, otros ungüentos y pomadas), aunque no era ignorada la cirugía menor o mayor, mediante tajos, succiones, extirpaciones y amputación de miembros). No faltaban ceremonias en las que se danzaba, se lanzaban gritos, se invocaba a los espíritus y hasta se practicaban sacrificios de animales.

El carácter de Burgos y los médicos primeros

Era don Pedro Burgos un hombre de carácter fuerte indudablemente, como debía serlo en aquel entonces, un acomodado estanciero, compadre, amigo y leal federal, dispuesto a cumplir las órdenes de su jefe y las misiones que le fueren confiadas por el Brigadier don Juan Manuel de Rosas. También debían tener condiciones especiales aquellos que se animaran a venir a la frontera a ejercer cualquier función, ya fueran militares, civiles o eclesiásticas. Ni que hablar de los médicos que osaran llegar a la frontera a cumplir con su humanitaria misión, ya que no sólo debían tener especiales condiciones en el arte de curar, sino conocimientos diversos en la función que debían ejercer, pues cualquier mal que aquejara a los primeros pobladores podrían ser de la más variada complejidad y los recursos terapéuticos de escasa o nula eficiencia. Sobre todo, debían estar preparados para realizar cirugías de las más disímiles, teniendo en cuenta que venían a atender un frente de guerra, cosa en lo que se había constituido la "el desierto" desde hacía muchos años atrás, cuando los blancos luchaban contra los naturales cuando se decidieron a "extender las fronteras" (conquistar tierras de los dueños de las mismas) explicablemente a defender su terruño y, por ende, la región que consideraban de "exclusión económica", habitadas por millones de cabezas de ganado que originalmente habían traído los conquistadores en pequeño número y que la feracidad de la tierra había hecho prosperar de manera inusitada a lo largo de los años: sobre todo ganado vacuno, equino y lanar.


Única pared que se conserva, sobre Colón, del primer hospital de tropas.

¿El primer médico no servía para nada?

Ocupándonos de lo específico, digamos que el primer médico que se anota en el Escuadrón fundador para trasladarse a estas tierras del Arroyo Azul fue Don Fernando Michemberg, cuyo Decreto de designación lo da el gobierno el 14 de julio de 1832, bastante antes de que la expedición partiera desde Chascomús con su destino fundador.

"El gobierno ha tenido a bien nombrar médico y cirujano de la Guardia del Arroyo Azul a don Juan Fernando Michemberg, con un sueldo de $ 100 mensuales que abonarán con la correspondiente compensación declarada para ayuda de costa...". Dice el articulista que el doctor Michemberg, que es cirujano, "prestó señalados servicios a la Patria y su acción meritísima merece el respetuoso reconocimiento de instituciones y vecinos" (Antecedentes históricos de la medicina en Azul"- Diario El Tiempo- Edición 9 de Julio de 1972- Suplemento).

A pesar de este laudatorio juicio, el fundador no se formó el mismo concepto sobre el desempeño del Doctor Michemberg pues, según dejó escrito en el pedido de baja "no servía para nada".

Quién sabe qué habrá llevado a Burgos, en un solo mes de actuación del profesional, a formular tan lapidario juicio...

Tampoco le gustó el segundo.

En el interesante trabajo publicado por el reconocido médico Doctor Ferro, en la edición del 9 de Julio de 1972 se destaca el nombramiento de quien sería el segundo cirujano que ejerció sus funciones en el Fuerte de San Serapio Mártir, para suplantar al tan despectivamente dado de baja por el coronel Don Pedro Burgos. En este caso el nombramiento lo realiza el que a la sazón era gobernador de la Provincia de Buenos Aires, (¿quién era?) en el interregno durante el cual Don Juan Manuel de Rosas se dedicaba a la llamada "Campaña del desierto". El elegido, en este caso, según nota que el gobierno dirige al Comandante General de Campaña, que no era otro que el propio "Restaurador de las leyes", fue también, al igual que el anterior, un cirujano: "He nombrado al doctor Pedro Piscueta para el desempeño del cargo de cirujano en aquel departamento."

Si bien en dicho estudio se manifiesta que al poco tiempo de hacerse cargo, el cirujano ha pedido su pase a nuevo destino, cuestión a la que Don Pedro Burgos accedió, en el documento completo el fundador es mucho más explícito y sus palabras no son nada lisonjeras para el facultativo, como no lo habían sido para con el Dr. Michemberg: el 27 de noviembre de 1833 (todavía no había transcurrido el primer año de la fundación del Fuerte) Burgos acepta la renuncia (acá no se habla de pedido de traslado) presentada por el cirujano del Fuerte, Don Pedro Piscueta o Piskueta, y sin pelos en la lengua (o en la pluma) lo hace en los siguientes términos: "Es una renuncia que deseaba con ansias por las innumerables quejas que tenía del vecindario por su modo incivil y grosero con que los trataba; omito otras circunstancias por no distraer la atención de vuestra excelencia. He tenido a bien darle un certificado del tiempo que ha servido en esta para que pueda cobrar sus sueldos."

Una pena que Don Pedro omitió otros detalles, que quizá serían de jugoso contenido para el deleite de aquellos a quienes gustan conocer de estos hombres de la historia, no sólo sus acciones de prudencia sino las que exceden los límites de la misma.

Como vemos, el fundador parecía no tener buenas migas con los médicos o bien mandaban a la frontera a aquellos que no tuvieran las mejores condiciones.

Bueno, por fin dimos con la tecla.

El tercer médico al parecer fue el doctor Manuel Ramos en 1839. Este médico eleva nota a la superioridad, en este caso representada por el Señor Juez de Paz, para solicitar medicamentos. En otros documentos se hace constancia del reclamo del coronel Miñana, por la deuda que mantiene el Estado por el alquiler de la casa de su propiedad donde funciona el Hospital.

Según lo manifiesta el Doctor Ramos en nota que direcciona por la misma vía la vivienda que se utiliza como Hospital de Tropa (actuales calles Colón y Corrientes), adolece de roturas en sus techos, lo cual requiere su pronta reparación por cuanto los pacientes, en días lluviosos no tienen donde guarecerse sin riesgo de mojarse.

La gestión del doctor Ramos tuvo buen eco en la Gobernación de la Provincia y la misma es respondida satisfactoriamente por el edecán del Restaurador, don Antonino Reyes.

Estos escritos no pretenden hacer un estudio de la medicina en Azul, sino destacar las dificultades que encontraban las autoridades en los tiempos primeros del Fuerte para encauzar todas y cada una de las actividades, entre ellas las relacionadas con el arte de curar.

(*) Profesor en Historia.

Fuentes consultadas:

Buenos Aires 70 años atrás. José A. Wilde; El pasado argentino. Estampas del Pasado. José L Busaniche; Suplemento Diario "El Tiempo". 9 de Julio de 1972; Antecedentes históricos de la medicina en nuestra Ciudad- Médicos, medicina y política durante el rosismo.

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