Opinión

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Soñar con el Azul que queremos

Resulta muy arduo construir imágenes de algún futuro posible, proyectar hacia delante una visión sustentable, creíble, realizable de la ciudad que anhelamos para dentro de tres, cinco o diez años. Sin embargo, es preciso hacer el intento, ya que el primer gran esfuerzo para salir de la parálisis y de la inmovilidad debe hacerse desde el pensamiento.

11 de julio de 2020

Escribe: Prof. Liliana Christensen

En estos momentos difíciles, dramáticos e inciertos que atraviesa el país, no es fácil imaginar situaciones a futuro, tal vez porque en cada uno de nosotros lo que más pesa es el desconcierto, lo que más agobia es la desesperanza y lo que más duele es la ausencia de proyectos.

En este marco resulta muy arduo construir imágenes de algún futuro posible, proyectar hacia delante una visión sustentable, creíble, realizable de la ciudad que queremos para dentro de tres, cinco o diez años.

Sin embargo, es preciso hacer el intento, ya que el primer gran esfuerzo para salir de la parálisis y de la inmovilidad debe hacerse desde el pensamiento. Si no podemos "pensar" una ciudad mejor, difícilmente podamos concretarla. Y en este sentido, me parece que lo primero es no dejarnos doblegar por la resignación y no bajar los brazos. Y lo segundo es recurrir a la historia, que si para algo debe servirnos es para aprender del pasado, para tomar ejemplos y para no volver a repetir los mismos errores.

La historia nos dice que por estos lados las cosas en un principio no fueron nada fáciles.

"Derroche de voluntad y sacrificio"

La vida en la frontera fue una vida muy dura y la gesta de los primeros pobladores que se ubicaron en estas pampas inhóspitas, no tiene hoy de parte de los que somos sus descendientes el debido reconocimiento.

Digo reconocimiento en cuanto a acciones, no a placas ni a discursos. Digo reconocimiento en cuanto a ser merecedores dignos de tanto sacrificio que hicieron los pioneros, en una tierra donde todo, o casi todo, estaba por hacerse. A propósito, cuenta el Dr. Alberto Sarramone en su "Historia del Antiguo Pago del Azul":

"... estuve acostumbrado, aunque no resignado, a la descripción de una frontera descarnada de pobladores, para presentarla sólo habitada por indios y milicos que dieron palmarias muestras de abnegación, valentía y patriotismo, matándose en forma cruel, recíproca y sostenida.

Esta parcial e interesada versión, destinada a exaltar agresivos valores "nacionales y populares", nos amputaba de historia raigal al ochenta por ciento de los habitantes de nuestra pampa y que no tenemos ascendencia heroica de indios y milicos, sino de prosaicos inmigrantes, que como se verá en este libro, sin amenguar el mérito de los anteriores, criando y amansando ganado, plantando árboles que no existían, edificando ranchos, casas y estancias y creando escuelas, surcando los caminos, alambrando, haciendo pan, ladrillos, canales, pozos; haciendo de comer, lavando los platos, levantando tajamares, cultivando sementeras, legumbres, frutales, fabricando, recolectando, creando servicios comerciales, ordeñando, atendiendo un mostrador, o un escritorio, criando hijos para que se desenvolvieran a través de la familia y de su esfuerzo, crearon, en condiciones muy difíciles, muy poco protegidos por las autoridades, y en algunos casos molestados y atacados por éstas, esta patria y esta tierra, que es de todos..".

Así empezó todo, con un derroche de voluntad y sacrificio extraordinarios.

"Mirando al futuro desde otro lugar"

"Hoy, en cambio, estamos inmersos también en una realidad muy adversa, pero mirando al futuro desde otro lugar. Nuestros abuelos gringos lo miraban con ilusión, con ideales, con convicciones y con muchísima fe. Fe en el porvenir, pero sobre todo fe en sus propias fuerzas. Nosotros sólo podemos mirar hacia delante con desesperanza, con temor, con resignación, con escepticismo. Ya no creemos en nada ni en nadie, pero mucho menos en nuestras propias fuerzas".

Estas palabras, que me pertenecen, fueron escritas hace casi veinte años. Buscando entre mis cosas encuentro este artículo publicado en el Suplemento Especial del Diario El Tiempo el 16 de diciembre de 2001. En aquella ocasión fui invitada por el Diario a colaborar para ese Suplemento, publicado en adhesión al cumpleaños de Azul.

Han pasado casi veinte años, y es impactante advertir que la descripción del escenario se ajusta perfectamente a la realidad que hoy vivimos. Doloroso descubrir que en estas dos décadas no sólo los argentinos no hemos logrado resolver ninguno de nuestros problemas, sino que hemos agregado nuevos.

Hoy podríamos sumar las consecuencias de la pandemia, que añaden dolor e incertidumbre. Pero la descripción que desnuda el panorama desolador que se vivía, aplica sin duda alguna a la realidad actual. Me ha conmocionado este hallazgo, no por inesperado sino porque es la confirmación irrefutable de la decadencia de un país que no ha hecho más que degradarse año tras año.

"La solución sólo puede surgir de nosotros mismos"

Y decía, entonces, hace casi veinte años:

"En estos tiempos tan devaluados en que nos toca vivir, sin nada que pueda darnos señales alentadoras, sino todo lo contrario, en medio de un paisaje desolador donde lo único que se multiplica es el abatimiento, es preciso hacer un enorme esfuerzo para comprender que la solución sólo puede surgir de nosotros mismos. Que resulta imprescindible que juntemos todas las fuerzas que aún nos quedan, que sumemos voluntades, y que templemos el espíritu para iniciar la formidable tarea de la reconstrucción".

"Nada más difícil que hacer proyecciones a futuro en este momento; pero nada más necesario. Ha sido en los tiempos más difíciles, cuando los males parecían no tener remedio y las dificultades arreciaban, cuando el hombre ha podido aguzar su ingenio y redoblar sus fuerzas para abrir caminos con sus brazos, para modificar el curso de los hechos, para atreverse a vivir la libertad que estaba a su alcance.

Todos los que vivimos en esta ciudad de tan bello nombre, los que han nacido en ella y los que la adoptamos y nos sentimos azuleños por elección, debemos tomar conciencia de que los tiempos de crisis, por graves que sean, son siempre propiciadores de cambios, generadores de ideas, movilizadores. Debemos permitirnos pensar esto. Debemos atrevernos a soñar con el Azul que queremos, ése en el que desearíamos vivir los próximos años, ése al que nos gustaría que nuestros hijos elijan para volver, para quedarse, para crecer".

Me conmueve leer estos párrafos. Me conmueve profundamente; siento que los desafíos se han multiplicado, que este presente opresivo nos aplasta, pero también me doy cuenta de que la ilusión y las fuerzas que necesitamos para salir adelante están aquí, intactas. Sólo hay que retomar aquella fe de los pioneros para ponerlas en marcha.

Hay logros nuevos: la designación de Azul como Ciudad Cervantina de la Argentina es ciertamente el más importante. Su potencial es enorme. Esta superlativa distinción que honra nuestro pago chico es una formidable oportunidad que se abre como un abanico ante nuestros ojos un poco escépticos y un poco aletargados.

Las múltiples posibilidades que tiene nuestra ciudad como centro educativo y académico no deben ser tampoco minimizadas; son valiosas y nos permiten apostar al despegue de una ciudad universitaria que se inserte con fuerza en la región. Lo mismo ocurre con el turismo, otro aspecto que merece ser destacado y que bien explotado, con una planificación sólida y con el aporte de ideas innovadoras, puede ofrecer alternativas insospechadas.

Increíblemente, esto también decía en ese artículo, hace casi veinte años:

"Pero me parece que el capital más valioso que tenemos y al que debemos cultivar, estimular y cuidar con mucho esmero, son nuestros jóvenes. Muchas veces los vemos ganados por la desidia, por la apatía, por la inacción, y nos horrorizamos. Sin embargo, los jóvenes son en gran medida un espejo en el que nosotros, como sociedad, nos reflejamos. A menudo no nos gusta lo que vemos, pero no debemos olvidar que los hemos hecho a nuestra imagen y semejanza".

"Un futuro luminoso sólo puede construirse con voluntad"

Y con palabras que mantienen absoluta vigencia, penosa vigencia que nos interpela, concluía:

"Atrevernos a imaginar el Azul que soñamos para nuestros hijos, ése es el desafío. Que tendrá mucho que ver con lo que hagamos hoy, con lo que sembremos hoy, con lo que arriesguemos hoy. Superar este fatalismo que nos inmoviliza, salir de este pozo de resignación y conformismo, abandonar la cáscara del individualismo feroz en que nos refugiamos. Creo que es lo más difícil que los azuleños tenemos como obstáculo a vencer: decidirnos a ser una verdadera comunidad, que integre a todos sus miembros, que fortalezca vínculos solidarios, que vuelva a recuperar la fe en sus propias fuerzas.

Recuperar la mística de aquellos pioneros que pese a todo y contra todo construyeron la patria en los más olvidados rincones, aunque parezca utópico, es lo único que puede salvarnos. En instancias tan difíciles en la vida de una sociedad, sólo los más elevados valores del ser humano - el amor, la solidaridad, la confianza, el renunciamiento- pueden ayudarnos a dejar atrás este presente doloroso y brindarnos la posibilidad de imaginar una ciudad y un país con lugar para todos. Un futuro luminoso sólo puede construirse con voluntad, con decisión, con coraje y con la certeza de que lo que estamos emprendiendo vale la pena. Y valdrá la pena cuando en ese horizonte azul, que deseamos venturoso, haya dignidad y justicia para todos."

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