11 de marzo de 2024

HACIA UN APROVECHAMIENTO SUSTENTABLE

HACIA UN APROVECHAMIENTO SUSTENTABLE . Los naranjos amargos de nuestras calles

En este segundo artículo, el profesional destaca que muchos de estos árboles tienen más de siete décadas de vida y casi no causan daños en las veredas, lo que demuestra su excelente comportamiento como árboles urbanos, entre otros aspectos que aquí se difunden.

Por Ing. Agr. (Ms.Sc) Hernán Godoy (*)

En la anterior entrega conocimos un poco de la rica historia que los árboles urbanos guardan en nuestras calles y nos desafiamos a valorar su importancia por los múltiples servicios que ofrecen a toda la comunidad de Azul. Ahora, entremos un poco más en el fascinante mundo de los árboles urbanos conociendo en detalle a un invitado especial en nuestra ciudad: el naranjo amargo (Citrus x aurantium).

El naranjo amargo, originario del continente asiático, adorna nuestras calles con sus flores blancas delicadamente perfumadas, conocidas comúnmente como azahar, y sus frutos rugosos de sabor amargo debido a la presencia de un compuesto llamado neohesperidina. ¿Te suena familiar el nombre? ¡Exacto, es uno de los componentes con la cual se hace una bebida bien argentina con más de un siglo y medio de historia: la Hesperidina! A partir de los frutos de estos árboles se preparan también deliciosas mermeladas de naranja amarga, tan apreciadas en algunos lugares del mundo que incluso tienen un Festival Internacional en el norte de Inglaterra.

En nuestra región, los naranjos amargos comienzan a florecer en septiembre, regalándonos un perfume inolvidable. ¡Y aquí está lo curioso! Durante la floración, estos árboles conservan los frutos maduros de la temporada anterior, ofreciéndonos una vista única de flores y frutos en la misma planta.

Los naranjos amargos apenas requieren intervención humana debido a su porte, fisiología y tipo de desarrollo. La poda puede enfermarlos, ya que las heridas resultantes pueden convertirse en puertas de entrada para patógenos. Además, es común ver en la ciudad una práctica perjudicial para estos árboles (y para todos): dejarles poco espacio de tierra libre disponible cerca del tronco. Esto dificulta su capacidad para absorber agua, nutrientes e intercambiar gases con la atmósfera. Se recomienda dejar al menos 60 cm x 60 cm de espacio libre alrededor del tronco para permitir un crecimiento saludable.

Para aquellos que deseen plantar un naranjo amargo, es importante ubicarlo en un lugar con pleno sol y proporcionarle riegos moderados, permitiendo que la tierra se seque bien entre riego y riego. Aunque son sensibles a las heladas cuando son jóvenes, al crecer, los naranjos amargos las toleran bien. Durante los primeros inviernos, se los puede proteger con una manta antihelada que se retira al llegar la primavera.

Es esencial brindar cuidados durante los primeros años de vida del árbol, ya que una vez establecido, requiere poco mantenimiento, a excepción de periodos prolongados de sequía, en los cuales se los puede ayudar con riegos adicionales.

Es importante destacar que muchos de estos árboles tienen más de siete décadas de vida y casi no causan daños en las veredas, lo que demuestra su excelente comportamiento como árboles urbanos. Mantienen sus hojas durante todo el año, renovándolas gradualmente, y nunca quedan desnudos, a diferencia de otros árboles como los fresnos, tilos, acacias o crespones.

Además de su belleza y fragancia, los naranjos amargos tienen otro secreto interesante que compartir: sus semillas son viables y pueden utilizarse para obtener ejemplares adaptados a nuestros suelos y climas locales. Esta característica les confiere una notable versatilidad y una capacidad única para persistir en nuestro entorno urbano.

Al plantar naranjos amargos a partir de semillas locales, estamos fomentando la conservación de variedades adaptadas y contribuyendo al mantenimiento de la biodiversidad en nuestras calles. Esta práctica también nos permite disfrutar de árboles más resistentes y vigorosos, que enriquecen aún más nuestro paisaje urbano.

Así que la próxima vez que veas un naranjo amargo en tu vecindario, recuerda que su legado no solo se limita a su belleza y sus frutos, sino que también alberga el potencial para dar vida a nuevas generaciones de árboles que continuarán embelleciendo nuestras calles durante años venideros. En resumen, los naranjos amargos son verdaderos tesoros verdes que embellecen nuestras calles, nos deleitan con su fragancia y nos ofrecen sus frutos para disfrutar. Cuidemos y valoremos estos maravillosos árboles urbanos, porque en su sombra encontramos frescura y en su presencia, vida. (Continuará en una próxima edición).

(*) Profesor Adjunto Fruticultura. Facultad de Agronomía de Azul - CAIVA.


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