13 de febrero de 2015
Según los informes oficiales Azul fue fundada el 16 de diciembre de 1832 por Pedro Burgos cumpliendo una orden del gobernador Juan Manuel de Rosas. Desde esa fecha hasta hoy ha tenido momentos de esplendor y de decadencia. Comenzando con soportar el acoso indígena, luego vino el acuerdo con varios caciques entre ellos Cipriano Catriel, donde renació la paz y el poblado comenzó a crecer hasta que luego se dispuso que fuera una ciudad.
En la década del 30 existió un movimiento para que fuera declarada capital de la provincia, porque existían posibilidades de crecimiento, además de una ubicación geográfica privilegiada.
Existió una clase dirigente que construyó un banco local, el Banco Comercial del Azul. Y cuando éste se presentó en quiebra se fundó el Nuevo Banco de Azul. Se construyó el Gran Hotel Azul, siendo en esa época un lugar elogiado por los viajeros. También se edificó el Cine Teatro San Martín con más de 1.000 butacas. En la gestión de Francisco Toscano se instaló en Azul una empresa internacional como fue Sudamtex, luego Cerámica San Lorenzo, el Frigorífico donde se faenaban aproximadamente 500 animales por día, y sus cueros iban a la Curtiembre Piazza. Se pueden mencionar más emprendimientos que generaban puestos de trabajo.
Desapareció esa clase dirigente y esta ciudad comenzó a no tener crecimiento demográfico, manteniendo en los últimos censos nacionales casi el mismo número de habitantes cuando en las ciudades vecinas se nota un crecimiento importante.
Las comunidades se desarrollan y crecen al compás del espíritu emprendedor de sus habitantes, guiados por la mirada atenta y la conducción precisa de sus dirigentes y gobernantes. De esta forma es que con el compromiso, la responsabilidad y la solidaridad de todos, una comunidad avanza por el camino de un desarrollo sostenido impulsado por la fuerza de que el futuro de los pueblos depende sólo de su gente.
El principio de vitalidad está íntimamente ligado al crecimiento; si no se avanza por ese camino languidece la vitalidad de toda la comunidad. Eso es lo que está pasando en esta población.
Los azuleños no hemos contestado la pregunta que formuló el ex intendente Rubén César De Paula: ¿Qué ciudad queremos?. Ello significa que unos quieren más industrias; otros que si vienen industrias se van de la ciudad; también están los que están conformes como están; que se tenga un perfil cultural, turístico, educativo, etcétera. Pero en definitiva lo fue contestada la pregunta que formulo el ex intendente De Paula, por la disparidad de criterios que existen.
El destino de los pueblos está en las propias manos de los pueblos y es imprescindible abrir el juego a todos aquellos que tengan inquietudes y proyectos legítimos y bienintencionados para explotar las mejores potencialidades de cada uno de los vecinos. Para eso hay que tener una mente abierta y un espíritu tolerante y hospitalario para abrir las mejores puertas y recibir a todos los que desean contribuir con el crecimiento imprescindible e inevitable que necesitamos.
Los políticos y los funcionarios públicos tienen que cumplir una tarea de servicio a la comunidad, apoyar, alentar y encabezar las gestiones destinadas a mejorar la calidad de vida de la ciudad. Y eso exige trabajo y sacrificio.
Si no se contesta la pregunta, si no nos unimos detrás de un objetivo final, y trabajamos todos juntos no esperemos nada de nadie. Porque nosotros somos los responsables de que los azuleños estemos como estamos.
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