19 de abril de 2025

INFORME ESPECIAL

INFORME ESPECIAL. De Buenos Aires a Nueva York: a un siglo de la proeza de los caballos criollos Gato y Mancha

Los animales, nacidos en la Patagonia pero criados en una estancia de Ayacucho, atravesaron 20 países junto a un profesor suizo y llegaron a la ciudad estadounidense luego de tres años y medio de travesía.

* Una versión anterior de esta nota fue publicada en DIB en junio de 2020.

Hace 100 años, dos caballos criollos nacidos en la Patagonia, Gato y Mancha, partieron junto a un suizo soñador en una travesía que parecía imposible: recorrer a caballo los 21.500 kilómetros que separan Buenos Aires de Nueva York. Visitaron 20 países, atravesaron desiertos abrasadores, selvas espesas, montañas nevadas y cordilleras indómitas. Soportaron hambre, sed, temperaturas extremas: desde los 50º C hasta casi -20º C. Y lo lograron. En 1928, tras tres años de viaje, llegaron a destino y fueron recibidos como héroes por multitudes y por la prensa internacional. Y este 26 de abril, para conmemorar los cien años del comienzo de la gesta, se realizará un homenaje en la estancia El Cardal, en cercanías de Ayacucho, donde el suizo se encontró con los caballos. Llegarán decenas de jinetes en caballos criollos desde todo el país, incluida la Agrupación Tacuarí de los Granaderos, y habrá una gran peña.

Gato y Mancha habían nacido en la Patagonia y fueron adquiridos al cacique tehuelche Liempichún por Emilio Solanet, un veterinario y dirigente radical (llegó a ser diputado nacional) que poseía una estancia de cría en Ayacucho, provincia de Buenos Aires, llamada El Cardal. Allí fueron domados.

El suizo, por su parte, se llamaba Aimé Félix Tschiffely y había nacido en Berna. Se formó como docente, profesión que ejerció en primer lugar en Reino Unido, para luego trasladarse a la Argentina, donde dictó clases en institutos de inglés. Con pocos años en el país, y luego de varias incursiones a caballo por el interior, el profesor decidió unir Argentina con Estados Unidos para demostrar la fortaleza de los caballos criollos.

Para su empresa, varios conocidos le recomendaron que hablara con Solanet, quien unos años antes había fundado la Asociación de Criadores de Caballos Criollos, una raza que había sido aprobada recientemente. Tschiffely viajó entonces a Ayacucho para entrevistarse con Solanet en El Cardal y lograr que le vendiera dos ejemplares.

El contacto concreto se estableció gracias a la intervención del doctor Octavio Peró, veterinario y jefe de la sección Ganadera del diario La Nación.

Al principio, Solanet le negó a la venta, puesto que consideraba el viaje como una locura, y no creía que un profesor suizo pudiera llegar siquiera "a Rosario" con los caballos. Sin embargo, tras conocerlo mejor, le regaló dos ejemplares: Gato, un caballo de pelaje gateado de 16 años; y Mancha, un overo que contaba entonces con 15 años.

Tschiffely volvió entonces a Buenos Aires y, pese a la incredulidad de la prensa de entonces, partió desde la sede de la Sociedad Rural Argentina un 24 de abril de 1925. Hasta llegar a Nueva York, el suizo y sus caballos criollos recorrieron 21.500 kilómetros divididos en 504 etapas, en el lapso de tres años y casi cinco meses.

El camino

En el camino, el jinete suizo y sus caballos pasaron por 20 países, cruzaron en varias oportunidades la cordillera de Los Andes y alcanzaron el récord mundial de altura para estos animales, al atravesar el paso El Cóndor, entre Potosí y Chaliapata, a unos 5.900 metros sobre el nivel del mar. Además, soportaron las condiciones más extremas: en el paso récord enfrentaron temperaturas de -18º C, pero también se expusieron al calor extremo y debieron cruzar por ríos peligrosos y puentes precarios, puesto que no había un camino trazado para semejante travesía.

El diario La Nación siguió en detalle el viaje de Tschiffely. Así, se relató: "En Huarmey, el guía no pudo más, ni sus bestias. Los dos criollos Mancha y Gato se revolcaron, tomaron agua y después se volcaron al pasto con apetitos de leones. De Huarmey a Casma, 30 leguas, calores colosales ¡52 grados a la sombra! sin agua, ni forraje, arena, arena, arena. Los cascos se hundían permanentemente de 6 a 15 pulgadas en la arena candente".


Llegada triunfal

En su viaje, Tschiffely y sus caballos cruzaron Bolivia, atravesaron los desiertos de Perú y las selvas de Colombia y Panamá. Cruzaron el Canal, y se abrieron paso por Costa Rica, El Salvador y Guatemala.

En México, el suizo fue recibido como un héroe y fue objeto de numerosos homenajes. Sin embargo, un accidente con una mula hizo que Gato se quedara en ese país, y el jinete continuó hasta el final de la travesía montando únicamente a Mancha.

Finalmente, el 20 de septiembre de 1928, 3 años y 149 días después de haber partido de Buenos Aires, Tschiffely entró en Nueva York. Allí habían llegado las noticias de su travesía, por lo que también fue recibido con honores por el alcalde de esa ciudad, James Walker.

En el libro que publicó posteriormente, el suizo narró sus vivencias ante el fin de la hazaña: "Quedé hechizado durante largo rato, miré a mis caballitos criollos y luego a esas enormes moles de cemento y acero: uno, producto de las llanuras de la Patagonia, áridas y barridas por el viento; las otras, fruto del trabajo de cerebros humanos, de su iniciativa, ciencia y habilidad. Antes de darme cuenta de ello, hablaba otra vez con mis caballos: 'Si viejos, esto es Nueva York, pero yo sé que las pampas argentinas los llaman. Tengan paciencia, los llevaré de vuelta porque bien se lo merecen'".

Luego Tschiffely fue recibido en Washington por el entonces presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge, y su viaje llegó a la tapa de la revista National Geographic. De vuelta en Nueva York, el suizo recorrió la Quinta Avenida a lomo de Mancha, escoltado por la Policía de la ciudad. Además, los dos ejemplares fue expuestos en el Salón Internacional del Caballo en el Madison Square Garden.

La vuelta

Tschiffely y sus dos caballos regresaron a Buenos Aires en barco y llegaron el 20 de diciembre de 1928. Los dos equipos volvieron a su estancia en Ayacucho.

El profesor suizo, en tanto, se dedicó a escribir su travesía y luego se instaló nuevamente en Reino Unido, donde escribió varios libros más. En 1937 volvió a Argentina para otra hazaña: unió Buenos Aires y Tierra del Fuego en auto, algo nada habitual en aquella época.

Gato murió el 17 de febrero de 1944 a los 36 años y Mancha el 24 de diciembre de 1947, a los 40. Sus huesos fueron enterrados en El Cardal pero por indicación de Solanet, un taxidermista rescató sus cueros y ambos caballos se exhiben en el Museo del Transporte de Luján.

Por su parte, Tschiffely falleció en Londres el 5 de enero de 1954. El 13 de noviembre de ese año llegaron sus restos al país y fue inhumado, en medio de un impresionante homenaje gauchesco, en el Cementerio de la Recoleta. Sus cenizas fueron trasladadas en 1998 a la estancia El Cardal, el lugar donde conoció a Gato y Mancha.

En homenaje a su travesía, el Congreso Nacional declaró el 20 de septiembre como el Día del Caballo Criollo.

Centenario y homenaje

Este 26 de abril, para recordar los cien años de la partida de Gato y Mancha, la estancia El Cardal será el centro de un emotivo homenaje. Desde distintos rincones del país llegarán decenas de jinetes montados en caballos criollos para rendir tributo. Se sumará la Agrupación Tacuarí de los Granaderos a Caballo, que también monta caballos criollos, en un gesto de honor y reconocimiento.

La jornada incluirá una marcha solemne hasta las tumbas de Gato, de Mancha y de Tschiffely. Habrá un almuerzo criollo y, por la tarde, una gran peña con músicos y cantores que llegarán para rendir homenaje con sus guitarras y sus voces a una de las gestas más extraordinarias de la historia entre el hombre y el caballo. Un legado que une a Suiza y a Argentina, al pasado con el futuro, y que sigue cabalgando en la memoria colectiva de nuestro pueblo. (DIB) MM/JG

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