13 de febrero de 2025

ESCRIBE BRUNO ANÉ

ESCRIBE BRUNO ANÉ. Soberanía y OMS: transformar sin renunciar

Abandonar foros internacionales se plantea como un acto de soberanía, pero ¿realmente una nación gana autonomía o, por el contrario, pierde influencia y capacidad de respuesta ante desafíos globales?

Fundada el 7 de abril de 1948, la Organización Mundial de la Salud (OMS) nació con el mandato de "alcanzar para todos los pueblos el grado más alto posible de salud", un mandato que la ha colocado en el centro de debates complejos sobre comercio, propiedad intelectual y medio ambiente, entre otros, generando ambiciosas expectativas sobre su papel en el sistema internacional.

Desde su fundación, la OMS ha protagonizado hitos históricos en salud. Durante la Guerra Fría, trabajó conjuntamente con EE.UU y la Unión Soviética para erradicar la viruela en 1979, enfermedad que sólo desde 1900 cobró la vida de más de 300 millones de personas. En 1974, el Programa Ampliado de Inmunización revolucionó la supervivencia infantil, salvando la vida de más de 100 millones de infantes en los últimos 50 años. A esto le siguió la importante normativa sobre la Clasificación Internacional de Enfermedades, la lista de medicamentos esenciales, el Reglamento Sanitario Internacional y el Tratado para el control del tabaco, los cuales contribuyeron a cimentar la cooperación entre naciones como una herramienta vital para combatir amenazas comunes en salud.

A pesar de estos logros, existe la percepción de que pertenecer a la OMS implica ceder soberanía, cuando en realidad la organización no impone medidas o políticas a sus 194 Estados Miembros, ni siquiera en tiempos de pandemia, y por el contrario, tiene un rol asesor para los Estados. La OMS responde al mandato y las tareas que le asignan los propios Miembros, y se rige por la premisa del consenso, un rasgo positivo que la distingue de otras organizaciones, demostrando que sus logros se basan en acuerdos voluntarios que respetan la soberanía de cada país; sus 194 Estados Miembros se reúnen cada año en la Asamblea Mundial de la Salud y definen nuevos objetivos, metas y estrategias basadas en evidencia científica.

Lo mismo sucede con las actuales negociaciones sobre el Tratado de Pandemias, un proceso en curso liderado por esos 194 Estados, que acordaron en diciembre de 2021 la necesidad de reforzar la prevención, preparación y respuesta ante las pandemias. Si reflexionamos, por ejemplo, sobre la supuesta pérdida de soberanía que implicaría este Tratado, la respuesta es inequívoca: ninguna. El borrador presentado a la 77ª Asamblea Mundial de la Salud en 2024 reafirma "el principio de la soberanía de los Estados en el tratamiento de las cuestiones de salud pública". Más aún, el artículo 24 especifica y reitera que nada en el Acuerdo otorga a la OMS, ni a su Director General, autoridad para modificar la legislación o políticas nacionales, garantizando el "pleno respeto de la dignidad, los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas".

Por lo tanto, abandonar la OMS alejaría a un país de las discusiones globales, anulando su influencia en la toma de decisiones y cediendo espacio para que otros determinen su futuro. Asimismo, implicaría la pérdida de acceso a mecanismos de cooperación cruciales, al intercambio de información esencial para la preparación ante emergencias, al financiamiento de programas nacionales y a la participación de centros de colaboración que fortalecen los recursos de cada nación en áreas como investigación, formación y desarrollo sanitario.

Quienes abogan por una reforma integral del sistema internacional no están equivocados: es necesario adaptar estas instituciones a los retos actuales. Sólo mediante una transformación profunda que potencie su capacidad de respuesta, refuerce su rendición de cuentas, la proteja de la politización y garantice su financiamiento sostenible, la OMS podrá seguir siendo el faro que guíe la salud global en tiempos de crisis.

En definitiva, la soberanía se forja con la cooperación y no con el abandono.

Graduado en Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador (USAL)

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