26 de mayo de 2026
De los talleres de cocina de los viernes en el jardín Blue Hills a una emotiva complicidad familiar que unió a tres generaciones. Chovita de Antueno Berisso: la entrañable maestra jardinera que cocina "a ojo" presenta una obra sin fotos ni medidas estrictas, pensada para habitar las cocinas y unir a abuelos y nietos.
Por Laura Méndez
De la Redacción de El Tiempo
Detrás de cada gran historia familiar suele haber un aroma que nos transporta directo a la infancia, al calor de un hogar y a las manos sabias que supieron nutrirnos el alma. Días pasados, la Feria del Libro se convirtió en el escenario de uno de esos encuentros que reconcilian con la vida, al recibir a Chovita de Antueno Berisso en la presentación de su obra, "La Abuela Chovita". Este no es solo un libro de cocina para chicos; es, en realidad, un testamento de amor que late a través de las generaciones y que logró conmover a una multitud en el evento cultural más importante del país.
El nacimiento de estas páginas es el reflejo de un legado compartido. El proyecto comenzó a tomar forma gracias a la complicidad y el afecto de una de sus hijas, quien asumió la hermosa tarea de recopilar los textos, rescatar esas recetas guardadas como tesoros y elegir con dedicación las que finalmente darían vida a la obra. Sin embargo, el destino le tenía guardada a la autora una sorpresa inmensa, de esas que humedecen los ojos y aceleran el pulso: al hablar con este medio, Chovita confesó la profunda emoción que sintió al descubrir que en la elaboración de este sueño también habían participado, en secreto y con absoluta ternura, sus propios nietos. Ver reflejado el esfuerzo de toda su estirpe en esas páginas convirtió el éxito de la feria en un tibio abrazo familiar, recordándonos a todos que las mejores recetas de la vida son aquellas que se sazonan con amor y se heredan con el corazón.
Chovita y su infancia
En Azul, el protocolo de los nombres formales se disuelve ante el afecto cotidiano: allí nadie la conoce de otra manera que no sea, simplemente, Chovita Pérez Berisso. Aunque las vueltas de la vida la trajeron a estas tierras, su historia con la cocina comenzó muchísimo antes y muy lejos de aquí, cuando apenas era una niña de once años que horneaba merengues perfectos ante la mirada asombrada de sus amigas. La cocina, para ella, nunca fue una obligación, sino un refugio y un acto de entrega pura; de hecho, antes de cumplir los trece, ya se hacía cargo de las ollas para alimentar a su padre y a sus hermanos los días en que las severas jaquecas dejaban a su mamá a oscuras y en silencio.
De esa escuela de la vida y el desapego por las balanzas -porque Chovita cocina "a ojo", sintiendo los ingredientes más que midiéndolos- nació una pasión que la acompañaría para siempre y que dejaría una huella imborrable en cientos de niños.
Durante años, su vocación como maestra jardinera en el colegio Blue Hills unió sus dos grandes amores: la docencia y el placer de cocinar.
Los viernes se convirtieron en el día más esperado de la semana gracias a su taller de cocina, un espacio de libertad absoluta donde los chicos podían hundir las manos en la harina sin el temor a ensuciar que a veces existe en las casas.
Chovita entendía que a los niños les apasiona crear, y por eso viajaba siempre con el baúl de su auto cargado con una bolsa de negocio que custodiaba el histórico libro de Doña Petrona y sus propias recetas manuscritas. Aquellos viernes eran una fiesta comunitaria: los padres, que rara vez podían ir al jardín, colmaban la salida para saborear las delicias -fueran pastafrolas o salchichitas envueltas- que sus hijos producían, abonando previamente solo el costo exacto de los insumos que ella misma se encargaba de comprar y preparar.
Hoy, un cuarto de siglo después, aquellos pequeños son adultos de veinticinco años que la cruzan en el Club de Remo, la abrazan conmovidos y le recuerdan la prisa y la alegría con la que devoraban lo que salía de aquel baúl mágico.
El nacimiento del libro, la odisea de sus hijas y nietos para la sorpresa
La semilla de este libro germinó hace cuatro años, cuando su hija Mariana comenzó a pedirle sistemáticamente esas recetas en cada visita familiar. Sin embargo, el destino golpeó con dureza y el fallecimiento de su esposo sumió a Chovita en un duelo profundo del que todavía transita los días.
Aquel tesoro de anotaciones quedó en el olvido, pero no para su familia, que guardaba en el corazón el deseo explícito del compañero de vida de Chovita: él quería, más que nada, que ella escribiera ese libro.
En absoluto secreto, respetando el silencio de su madre, sus hijas Mariana y Carolina, junto a su otro hijo, se pusieron la meta al hombro desde Tigre. Así comenzaron las visitas silenciosas a Azul, camufladas bajo la cotidianidad, pero que tenían el único fin de escanear y clasificar los dibujos de sus nietos para ilustrar las páginas. Incluso, aprovechando las horas en que Chovita dormía la siesta, sus hijas descolgaban con sigilo un cuadro que su esposo había entronizado en la cocina para fotografiarlo y rescatar las imágenes que hoy forman parte de la obra.
El resultado de esa hermosa conspiración familiar de amor y memoria se materializó hace apenas quince días, cuando su hija le entregó el trabajo terminado: "Ya está el libro, mamá".
La sorpresa fue total para Chovita, quien sintió una mezcla de pudor y una profunda emoción al ver impresas las 43 páginas editadas por la editorial Dunken.
El libro, titulado "La Abuela Chovita", es una obra pensada con una sensibilidad exquisita para niños de tres a seis años, donde los platos se presentan con nombres mágicos y lúdicos como "la nave espacial" o "los copitos". Sus páginas carecen deliberadamente de fotografías analógicas porque sus creadores entienden que la cocina infantil es libre; no importa que el resultado sea prolijo o desprolijo, o si la grana queda linda o fea. Lo verdaderamente trascendental es el proceso: que los chicos cocinen en familia, que compartan tiempo de calidad con sus abuelos -quienes a menudo tienen esa disponibilidad cronológica y afectiva que los padres, por el ritmo laboral, no logran encontrar- y que el libro se use, se viva y se llene de harina en los estantes de la cocina, lejos de la rigidez de una biblioteca intocable.
La presentación en la Feria del Libro
La consagración de este emotivo proceso familiar tuvo lugar días pasados en la Feria del Libro en Buenos Aires.
A pesar de que el clima jugaba en contra con la lluvia que impidió la llegada de sus afectos desde La Plata, la calidez dentro de la sala desafió cualquier tormenta.
Chovita vivió una jornada divina y desbordante de sorpresas, cobijada por el impecable trato de la editorial, la compañía de su primo, su mujer, y el asombro de reencontrarse con ex compañeras de Azul y ex alumnas del Blue Hills que hoy estudian en la capital y se acercaron a abrazarla. Aunque la distancia física hace que gran parte de su descendencia resida lejos, en Ushuaia, la esencia de toda su estirpe late con fuerza en cada rincón del ejemplar; desde la pluma de su nieta Francisca Girola -quien ya cuenta con dos libros en su haber- hasta los trazos de sus otros tres nietos y la dedicación de sus hijos.
Para quienes conocen de cerca a Chovita, no es sorpresa la velocidad y el arte que despliega en la cocina, siendo capaz de montar una mesa de dulces con decenas de tartas y rogeles en cuestión de horas y en las mesadas más diminutas de un departamento porteño, convirtiendo tres ingredientes sencillos en un postre de gala.
Aunque confiesa una ligera inclinación por los sabores dulces, su verdadera especialidad es el amor que le imprime a todo lo que toca. El libro "La Abuela Chovita" no tendrá una presentación formal en Azul, pero ya se encuentra disponible para la comunidad en la Librería de Andrea González, además de poder adquirirse a través de Mercado Libre y en Buenos Aires, contando con una sensible primera tirada de 200 ejemplares.
Es, en definitiva, un testimonio vivo de que las recetas más importantes no se miden en gramos ni en tazas, sino en la capacidad de reunir a las generaciones alrededor del calor de un hogar.

"Chovita" acompañada de sus familiares en la Feria del Libro en Buenos Aires.
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