10 de noviembre de 2013

La trigésima sexta calle de nuestro recorrido fue bautizada como Bahía Blanca en 1879, en reconocimiento al pueblo costero y fronterizo de la provincia de Buenos Aires. En el año 1926 la arteria fue bautizada como Intendente Manuel Castellár, en un merecido homenaje a quien fuese el jefe comunal más destacado de la primera mitad del siglo XX. Por Eduardo Agüero Mielhuerry
El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La decimoctava calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XXXVI" y fue llamada Bahía Blanca, en reconocimiento al pueblo costero y fronterizo con cuya fundación se afianzó el dominio territorial y marítimo de buena parte de la provincia de Buenos Aires y el sur argentino.
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera, Jujuy la segunda y, tras una sucesión de varias calles, la Bahía Blanca ocupaba el decimoctavo lugar desde el Arroyo Azul.
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La Tierra del Diablo
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Hacia fines del siglo XVIII, la bahía del sur bonaerense era muy bien conocida por los veleros europeos y norteamericanos que venían a cargar sus bodegas con aceite de foca, cazando en el espacio comprendido entre la bahía y Bahía Anegada o de los Bajos Fondos, actualmente Bahía San Blas. Sin embargo, los mapas no eran precisos hasta que oficialmente en 1805 el gobierno español mandó a reconocer la costa sur de la provincia. Por entonces Brué describió en líneas generales a una bahía que, a causa del tono blanquecino de sus barrancas salinas y del color de su costa anegadiza, fue conocida como Bahía Blanca.
Ya era evidente que dicha región ofrecía un lugar estratégico para fundar un puerto que permitiera extender hasta la costa la línea de fortines. Por entonces era necesario brindarle seguridad a los ciudadanos que se iban desbordando de los primitivos centros poblados para adentrarse en las tierras del indio. La travesía a las salinas se hacía cada vez más arriesgada, haciendo imperioso que la seguridad se extendiera hasta las costas marítimas, pues así, frente a cualquier contingencia se podría tener contacto con las líneas de defensa mediante la navegación, eludiendo así los penosos itinerarios terrestres.
El primer proyecto de fundación data de diciembre de 1823, cuando el gobierno destacó a José Valentín García para que fuese a la zona de la bahía Blanca a los efectos de estudiar, con el personal necesario para tales tareas, el lugar más estratégico para establecer un puerto.
El segundo proyecto data del año 1824 siendo gobernador de Buenos Aires el general Martín Rodríguez, y ministros de Gobierno y de Hacienda Bernardino Rivadavia y Manuel José García, respectivamente. El principal promotor de dicho plan colonizador fue el comerciante Vicente Casares, cuyas ideas fueron aprobadas el 26 de febrero de aquél año. Entre las resoluciones tomadas estaban la de facilitarle todas las armas, herramientas, materiales de construcción, recursos económicos y un centenar de hombres para que la fundación se llevara a efecto. El gobernador Rodríguez realizó una campaña militar contra los indígenas llegando hasta la bahía Blanca. También viajó Vicente Casares, que había sido contratado formalmente para realizar la fundación, pero el Gobernador la consideró impracticable y rescindió el contrato.
El proyecto fundacional se vio nuevamente impulsado por Bernardino Rivadavia durante la Guerra del Brasil cuando la flota brasileña intentó ocupar Carmen de Patagones en marzo de 1827.
Finalmente la ciudad fue fundada como Fortaleza Protectora Argentina por el coronel Ramón Bernabé Estomba, el 11 de abril de 1828. Su función era proteger el ganado codiciado por el indio, y la costa de la flota de Brasil.
La ubicación del fuerte (donde actualmente se halla la Plaza Rivadavia, en pleno centro de Bahía Blanca), fue elegida por el Ingeniero Parchape, considerando el lugar más propicio, entre otras cosas, por su cercanía a una cómoda salida al mar.
La construcción, constituida de forma estrellada, tenía cuatro baluartes o bastiones orientados según los cuatro puntos cardinales. El muro o terraplén del fuerte tenía cerca de cuatro metros de altura, por cuatro metros de espesor, y estaba rodeado de un foso de cinco metros de ancho por otro tanto de profundidad. Dentro del fuerte se erigieron los edificios de la Comandancia, del cuerpo de guardia y tropa, polvorines, cuarteles, y en el centro un mangrullo.
Aunque se siguió denominando al lugar como Bahía Blanca, se hicieron numerosos intentos por cambiarle el nombre. Alguna vez se pretendió que la población se llamase "Nueva Buenos Aires"; sin embargo no prosperó. Un segundo intento data de 1821 cuando, al cumplirse el primer aniversario de la muerte del general Manuel Belgrano, se planteó que la primera ciudad que se fundara en los campos del sur, llevase el nombre de "Ciudad General Manuel Belgrano". Empero, a pesar de los decretos y disposiciones oficiales, el nombre que prevaleció fue el definitivo de Bahía Blanca, impuesto y mantenido por los pobladores.
Por sobre las formalidades, Bahía Blanca también era llamada por sus propios habitantes como la "Ciudad Maldita". Y desde antaño, los indígenas nombraron a la bahía como Huecuvú Mapú, es decir "Tierra del Diablo", por la agresividad de sus vientos, las enfermedades respiratorias, la escasez de lluvia y fríos extremos.
Una visita de trascendente importancia fue la del naturalista y geólogo inglés Charles Robert Darwin, quien estuvo en la Fortaleza en septiembre de 1833.
Los primeros años del fuerte significaron una dura etapa para la consolidación de esta incipiente población, pues tuvo que sortear diferentes situaciones que hicieron peligrar su permanencia. Fue atacado por los malones varias veces, siendo el más importante el del 19 de mayo de 1859, cuando aproximadamente 3.000 indígenas, comandados por el cacique Calfucurá y precedidos por su hijo Namuncurá (padre de Ceferino Namuncurá) arrasaron literalmente con todo el asentamiento.
La Sierra de la Ventana continuaba siendo un estratégico apostadero de las hordas nativas, que no podían resignarse a la suerte de abandonar definitivamente el antiguo teatro de sus correrías.
La Legión Agrícola Militar, llegada en 1856, que fundó y se instaló en la Colonia Nueva Roma, fue el primer emplazamiento de un grupo de inmigrantes con sus familias bajo la tutela de la fortaleza, desafiando a los malones y al virtual aislamiento de los principales centros provinciales.
A partir de las consecuentes Campañas al Desierto, finalmente las constantes amenazas indígenas terminaron por ceder, con lo cual se dieron las condiciones para el despegue socioeconómico de Bahía Blanca.
La presencia europea se consolidó en la región, recibiendo gran cantidad de inmigrantes de diversas partes de Europa. La inmigración se consolidó a partir de 1880 y fue entonces cuando se reprodujeron ciertas características que se dieron a nivel nacional. Los grupos de nacionalidades que se establecieron en primera instancia fueron en su gran mayoría italianos que en algún momento llegaron incluso a superar la cantidad de argentinos en el Partido. En segundo término se encontraban los españoles, y luego otras nacionalidades entre las que se destacaban británicos, irlandeses, alemanes y franceses.
El 22 de octubre de 1895, gracias al crecimiento demográfico, Bahía Blanca fue declarada ciudad. Al mismo tiempo, comenzaron a darse sucesivas oleadas de migraciones internas que activaron el desarrollo local, sostenido éste por la organización de Ingeniero White como puerto comercial y por las mensajerías que llegaban hasta Azul, que era punto neurálgico donde se combinaban con otras.
El Ferrocarril Sud (arribado en 1884) y el Ferrocarril Rosario a Puerto Belgrano (1922) propulsaron el progreso de la ciudad al establecer la comunicación terrestre con Buenos Aires, Rosario y el resto del interior del país, logrando otra salida al mar para una importante región dedicada a la agricultura y la ganadería.
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De Bahía Blanca a Intendente Manuel Castellár
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Poco más de un año después del fallecimiento del reconocido azuleño don Manuel Castellár, el intendente Juan José Mujica sancionó la Ordenanza N° 812 del 3 de julio de 1926, a través de la cual le impuso el nombre de Intendente Manuel Castellár a la otrora calle Bahía Blanca, en homenaje al laborioso ex mandatario fallecido.
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Los primeros pasos de un gran hombre
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Manuel Castellár nació en Azul el 18 de agosto de 1859. Sus padres fueron don Miguel Castellár (natural de Castellár de la Frontera, Andalucía, España) y doña Eufemia Bazante (argentina).
Procedente de un hogar humilde, desde joven Manuel se dedicó a las actividades rurales, hallando en el interior bonaerense un excelente territorio para desarrollarse comercial y económicamente.
Ascendiendo con trabajo múltiples peldaños, fue consolidándose entre los productores ganaderos y entabló una estrecha amistad con dos personalidades destacadas: por un lado, con Francisco Leyría, quien poseía una casa de remates frente a la Plaza Colón (actual Plaza San Martín), en la esquina de las calles Burgos y Alsina (actual Hipólito Yrigoyen); y por otra parte, con el joven maestro y futuro periodista Paulino Rodríguez Ocón, quien a su vez se desempeñaba primeramente como dependiente y luego Gerente de la Casa de Leyría.
Entre el 21 y el 24 de septiembre de 1884, la Sociedad Rural de Azul realizó la primera Exposición Rural del Partido. En la oportunidad, además de un nutrido número de productores locales, también participaron varios de la zona. La misma contó con Francisco Leyría como el principal hacedor; dada la importancia de su casa comercial -dedicada a los remates, la compra-venta de campos y hacienda y las operaciones bancarias-, y su interés presto a contribuir al desarrollo de la ciudad, fue el organizador de una feria exposición que se constituyó en referente regional. El joven Manuel Castellár, que había acumulado una relativa experiencia a pesar de su temprana edad, contemplaba con admiración el empuje de quien más allá de su foja militar poseía un denodado afán de progreso e innovación.
Procedente de una cuna mitrista por excelencia, Manuel Castellár comenzó a participar en la vida política de Azul siguiendo los lineamientos políticos planteados por el ex presidente Bartolomé Mitre quien, a pesar de los intentos de la oposición por desplazarlo de la vida política argentina, continuó siendo una figura de renombre y peso hasta su fallecimiento.
Preservándose fiel a sus ideales, tal vez heredados de la férrea figura de su padre, formó parte de la "Unión Cívica", donde compartió filas con Rodríguez Ocón entre otros. Desde entonces, su actuación política lo fue conduciendo y posicionando como referente. Además, poco a poco, fue ganándose un merecido lugar dentro de los principales productores y dirigentes rurales, desempeñándose de forma brillante como miembro activo de la Sociedad Rural de Azul. Gracias a su laboriosidad incansable, adquirió campos en el viejo Cuartel IV del Partido de Azul, cerca del actual Partido de Olavarría que, formando parte éste último del azuleño, era el Cuartel V.
En la antigua Parroquia "Nuestra Señora del Rosario" del Azul, el 2 de septiembre de 1885, Manuel Castellár y la joven azuleña Bernardina Rodríguez se unieron en sagrado matrimonio. Bernardina había nacido el 20 de agosto de 1863; era hija legítima de don Gerónimo Rodríguez y de doña Concepción Morales, ambos naturales de España.
La pareja tuvo once hijos: Ángel Cándido, Eufemia, Miguel, Rosalía, Manuel, Concepción, María Luisa, Roberto, Emilio, Rodolfo y Angélica.
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Haciendo camino
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El proceso de organización y consolidación del Estado argentino llevado a cabo por el presidente Julio Argentino Roca tuvo amplias repercusiones en el ámbito político de las diversas localidades que crecían a lo largo y a lo ancho de la Nación. En 1886 fue electo a través de lo dispuesto por la Ley de las Municipalidades el primer Intendente del Partido de Azul, cargo que recayera en la figura del destacado y querido vecino Pedro Oubiñas.
El 16 de enero de 1888, mientras Oubiñas era confirmado en su cargo por un nuevo período y Floriano Marcelino Riviére era elegido presidente del Honorable Concejo Deliberante, el devenido en próspero productor agropecuario, Manuel Castellár fue electo Vicepresidente de dicho cuerpo deliberativo.
Un año más tarde, Castellár participó de la reunión de socios fundadores del Banco Comercial del Azul, entidad crediticia de nuestro medio que cumpliría un rol más que destacado mediante el otorgamiento de importantes préstamos hipotecarios.
Prestigioso en su medio y con activa participación en los negocios agropecuarios, Castellár sobresalió desde ellos y esa gravitación lo llevó a ser una persona consulta y de consejo, famoso ya por su intensa actividad desplegada en toda ocasión y que le había valido el calificativo de "Hombre de Voluntad", poseedor además de una sólida posición económica y de un nombre en el ramo por él cultivado.
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La afamada "Casa Castellár"
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La "Casa Brid y Castellár" surgió en el año 1894, entrando como puntos principales del programa de dicha razón social las transacciones de hacienda y campos en venta privada, la administración de establecimientos rurales, y comisiones y corretajes en general. En el mismo año, el martillero Castellár comenzó a dar remates de hacienda particulares en los corrales de la Sociedad Rural de Azul.
En 1895, el señor Alejandro Brid se retiró de la Casa para atender personalmente su establecimiento ganadero del Azul.
Un año más tarde, "Casa Castellár", fue ensanchando el radio de acción de sus operaciones de acuerdo con la importancia de los negocios en que era llamada a intervenir, y empezó a dedicarse a la venta de haciendas en remate.
En aquella época la organización de los remates-ferias ofrecía grandes dificultades y para realizarlos había que vencer los inconvenientes y prejuicios naturales al ensayo de un sistema nuevo en las transacciones de haciendas.
Hubo que poner al servicio de la empresa las mayores energías y la más inteligente actividad. Con todo, las transacciones en las ferias y las liquidaciones de establecimientos en remate no alcanzaron mayor importancia hasta 1900, en que ya conocidas las ventajas que presentaban las operaciones verificadas en esa forma, el sistema fue aceptado por todos los ganaderos de la provincia de Buenos Aires.
Como consecuencia de este aumento de actividad desarrollada en los principales centros ganaderos, se hizo necesario el establecimiento de sucursales. Respondiendo a esa exigencia, la Casa, aparte de su escritorio central ubicado en la Capital Federal en la calle 25 de Mayo 248 (posteriormente en Santa Fe 1854), tuvo sucursales en la ciudad del Azul (con oficinas en la calle Alsina 141), Coronel Suárez, Laprida, Coronel Pringles, Tandil, General Lamadrid, Olavarría y Rocha.
En los cinco primeros puntos el señor Castellár poseía locales propios, con amplias instalaciones hechas en forma que respondían a todas las necesidades de las importantes ferias que se realizaban mensual y bimensualmente.
En Tandil y General Lamadrid la Casa utilizaba los vastos locales de la Sociedad Rural de cada una de esas localidades, que tenían explayadas construcciones a las cuales se había dotado de todas las comodidades para el buen alojamiento de las haciendas.
Es indudable que los remates-ferias ofrecían al estanciero la mejor y más fácil explotación de su campo, pues le presentaban la oportunidad de desprenderse de sus ganados en la época que les era conveniente.
Asimismo, la Casa Castellár editaba desde comienzos del siglo la "Revista Ganadera", donde informaba a toda su amplia clientela y a la región sobre las transacciones realizadas y las que estaban proyectadas en lo venidero.
Siempre fueron importantes los resultados satisfactorios que se obtenían en las ferias y en las liquidaciones de establecimientos confiadas a la Casa del señor Castellár, debido en primer término a sus conocimientos ganados desde la experiencia y, en segundo lugar, pero por sobre todo, a su honradez.
El resumen de las ventas efectuadas durante la primera década del siglo XX, ascendía en total a 82 millones de pesos moneda nacional, lo que de por sí solo da una idea de la importancia de las actividades de la firma.
Un dato a tener en cuenta, que habla de la relevancia alcanzada y de las excelentes instalaciones de su predio ferial, es que en 1905 la Sociedad Rural de Azul manda a construir treinta y dos corrales y un galpón especialmente para toros, "igual al que tiene en su local-feria el Sr. Manuel Castellár". En ese mismo año, don Castellár integró la Comisión Directiva de la Sociedad Rural como Vocal.
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La política al servicio del pueblo
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Como parte de una extensa estructura de stands de tiro al blanco creada en el país para enseñar a la ciudadanía el manejo de armas de fuego, en 1895 se creó en Azul el "Centro de Instrucción Militar y Tiro al Blanco", núcleo fundacional del actual "Tiro Federal".
El 28 de febrero de aquel año, la Comisión Directiva de la Institución, nombró a los generales Francisco Leyría y Zacarías Suspisiche como representantes del Centro. Dentro de los primeros partícipes de esta institución, que con el paso del tiempo logrará arraigarse férreamente en la comunidad, se destacaron Manuel Castellár y Paulino Rodríguez Ocón.
Más allá de su desempeño intachable como Rematador, la política siempre fue para él un ámbito atractivo donde hallaba las herramientas para conducir a la ciudad por el sendero tan anhelado del orden institucional y del desarrollo económico.
Don Manuel Castellár, era un hombre poco común. La sencillez y el trato afable eran otras de sus cualidades, así como su talentosa proverbial voluntad, gracias a la cual todo era factible realizar tratándose del bien común. Como si con su inmensa honestidad no alcanzara, agregaba la modestia a sus cualidades de buen ciudadano. Dichas virtudes lo llevaron a desempeñarse interinamente como Intendente en 1895, tras el temporario alejamiento del honorable mandatario Dr. Narciso S. Mallea, a quien las dificultades fogueadas desde la maliciosa oposición lo empujaron a renunciar definitivamente poco después.
Para finales del siglo XIX y comienzos del XX, la Municipalidad se había convertido en "un conventillo dominado por compadritos y pendencieros" -como vulgarmente se decía-. Empero, a pesar de todas las dificultades suscitadas, en 1902 Manuel Castellár fue nuevamente elegido como Vicepresidente del Concejo Deliberante, durante las administraciones de los vecinos Isidoro Sayús y Crescencio Acosta.
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Ocho meses y muchas, muchas obras
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La situación política en nuestra ciudad se había tornado compleja tras el inapropiado e injusto arresto del intendente Ángel Pintos (promovido en base a falsas acusaciones políticas), y el homicidio -en plena sesión- del presidente del Concejo Deliberante, don Eufemio Zavala y García. Desde entonces, el gobernador bonaerense Marcelino Ugarte, quien de por sí era adicto a controlar férreamente el poder a través de cualquier estrategia "caudillista", dispuso el nombramiento de comisionados en varios Partidos bonaerenses. Incluso su sucesor, Ignacio Darío Irigoyen, continuó con su misma política de manejo territorial y fue él quien nombró a Alcides Carballeda Bazín como Comisionado Municipal de Azul.
Sin embargo, lo que el Ejecutivo provincial no pudo imaginarse fue el profundo rechazo que la figura del Comisionado provocaría en la comunidad. Este sentimiento mayoritario llevó a muchos vecinos a unirse en la que se denominó "Comisión de Fomento", abiertamente enfrentada a Carballeda Bazín.
Dicha Comisión culminó dando origen al "Partido Popular", el cual contaba entre sus filas con prestigiosos profesionales, estancieros y comerciantes, destacándose: Federico Urioste, Aquiles Pouyssegur, Evaristo Giménez, Juan P. Sarthou, Enrique Squirru, Luis Arieu y Eduardo Naulé, entre muchos otros. El principal referente de este prestigioso grupo era el reconocido martillero Manuel Castellár.
En este contexto, el gobernador Irigoyen designó al conciliador general Félix Benavídez como Comisionado Municipal. La intención del mandatario bonaerense era poner punto final a la infame sucesión de comisionados, dándole a la comunidad la posibilidad de elegir a sus autoridades (aunque como es sabido, las elecciones poco tenían de democráticas). Por ende, Benavídez fue considerado idóneo para ejecutar la transición.
El 26 de enero de 1911 se realizaron los comicios que dieron triunfador al "Partido Popular" y al haber alcanzado la mayoría dentro del Concejo Deliberante, éste órgano eligió como intendente a Manuel Castellár. Poco después, la elección tuvo la aprobación del gobernador José Inocencio Arias.
El 7 de abril de aquel año se concretó una transición municipal sumamente ordenada, dando paso a la administración del flamante Intendente, la cual se convirtió en una de las más destacadas y desarrollistas de la primera mitad del siglo XX. Basta con mencionar que el gobierno municipal, encabezado por Castellár, tuvo entre sus funcionarios y concejales a destacadas personalidades azuleñas como Paulino Rodríguez Ocón, Enrique Squirru, Federico Urioste, Pedro Guiraut, Juan Lacoste, Eduardo Elizalde y Juan M. Navas. Médicos, abogados, comerciantes, periodistas y productores agropecuarios, entre otros, daban cuerpo a un Poder Ejecutivo de ideologías "conservadoras intermedias", que tenía como destino marcado constituirse en la única salida válida ante tanto descontrol y desequilibrio en la administración y la economía municipal.
Con el respaldo en conjunto del Ministerio de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires y la especial anuencia del ministro a cargo de dicha cartera, Dr. José Tomás Sojo, el intendente Castellár proyectó un ambicioso plan de trabajo que pretendía una mejora sustancial del Azul de sus amores.
A través del Ministerio de Obras Públicas y del Ministerio de Hacienda, encabezado por el Dr. López Buchardo, se le otorgó a la Municipalidad de Azul un "empréstito" por casi medio millón de pesos, destinado a costear las obras que, sin cesar, se proyectaban en la administración.
Tal como destacara Castellár: "A nuestra administración le ha tocado el insigne honor de haber obtenido, en la realización de sus propósitos de progreso moral y material del Azul, el concurso eficaz del gobierno de la provincia, sin cuya ayuda, justo es decirlo, le habría sido imposible llevarlos a la práctica
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No sirviendo nosotros intereses banderizos, pequeños o de circulo, sino los verdaderos y permanentes de la comunidad, se pudo contar con la ayuda oficial".
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El Mercado Municipal, un ícono
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El objetivo primordial del Jefe Comunal era desarrollar el potencial que descansaba en nuestra ciudad y darle un nuevo aire.
El Mercado Municipal, al cual se lo calificara como "uno de los mejores en la provincia en el concepto de la estética y de la higiene, que llenó una premiosa necesidad de la comuna y borró para siempre la nota ingrata del barracón inmundo y mal oliente", se constituyó en un ícono de la gestión.
Decía Castellár: "El Mercado Municipal que ostentaba en el centro de la ciudad como una nota discordante en medio de nuestros progresos urbanos, debía desaparecer en homenaje a la salud pública y la estética. El viejo mercado no reunía las más elementales comodidades y era absolutamente reducido, sucio, mal ventilado, impropio en todo sentido del objeto a que estaba destinado. Por otra parte no admitía reforma de ninguna especie y todo gasto que se hubiera hecho en el sentido de mejorar su mal estado, hubiera sido gastar dinero".
El nuevo proyecto se basó en uno anterior, perteneciente al ingeniero Domingo Selva y planificado durante la administración del intendente Federico Urioste, el cual era "cómodo y estético" y "no monumental". En consecuencia, Castellár adoptó estas tres características y planteó un modesto pero amplio local extendido en dos alas perpendiculares desde la esquina de las calles San Martin y 25 de Mayo, donde los puestos serían colocados simétricamente, cada uno con el espacio requerido y suficiente.
A cargo de la obra estuvieron los señores Zone y Brumana. Después de un año de labor, el mismo Castellár, como Comisionado, tuvo el orgullo de inaugurar el moderno Mercado Municipal el 16 de febrero de 1913.
El edificio tuvo un total de sesenta puestos destinados a la comercialización de carnes, verduras, frutas y embutidos entre otros productos. En total ocupaba una superficie que corría 60 metros por Avenida 25 de Mayo y 43 por calle San Martín. Una gran mole destinada al abastecimiento de productos frescos y de óptima calidad para toda la población azuleña
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La salud como cuestión de Estado
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En lo que respecta al Hospital Municipal, la administración de Castellár planteó la construcción de un tercer pabellón que oficiase de conector entre los dos existentes. Asimismo proyectó y concretó el rediseño de aberturas, desagües y sanitarios, logrando alcanzar un espacio más que óptimo para la atención de los pacientes. En tal sentido, los doctores Francisco José Soriano y Ricardo Berdier respaldaron las reformas planteadas y afirmaron que se había logrado, al fin, la higienización total. Instrumental, curaciones, salas de cirugía y clínica en General: comodidades en sección mujeres, el pabellón de infecciosos con dos amplias salas de diez camas cada una, mas cuatro salas independientes. Como si fuese poco, la colectividad española donó la construcción de un nuevo pabellón y el gobierno nacional brindó un importante subsidio.
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Sobre calles, números y otras yerbas
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Más allá de las muchas calles que fueron adoquinadas por primera vez o reparadas, Manuel Castellár propuso y encaminó el sistema de nomenclatura y numeración de las calles, con el propósito de "regularizarlas". Se determinó así numerar las cuadras de a cincuenta números, divididos en dos series de pares e impares. Vale aclarar que, aunque en muchos aspectos el sistema posee grandes falencias, aún es el que se emplea en toda la ciudad.
Asimismo, se planteó férreamente embellecer los espacios públicos y condujo las reparaciones integrales en la vieja Estación de Trenes que era "sin ninguna duda la más importante de toda la línea entre la Capital Federal y Bahía Blanca, pues el movimiento de pasajeros, cargas y encomiendas, está en relación directa con la densa población azuleña, la vasta extensión territorial del partido, el incremento de las industrias naturales, ganadería y agricultura con todos sus derivados, y esencialmente su mercado ganadero el más importante de la provincia".
Dentro del amplio abanico de obras viales que se ejecutaron en la ciudad y el partido de Azul, que incluyó el arreglo del camino hacia el puente del "Paso del Cura", es decir, la actual Avenida Juan José Mujica (cabe aclarar que Castellár propuso que el puente lleve desde el 11 de abril de 1911 el nombre de "General Félix Benavídez" por haber sido él como su antecesor el iniciador de la obra); la construcción de grandes terraplenes y reparaciones en el camino a Tandil (hoy "Camino Viejo a Tandil"), como asimismo sobre este camino la construcción de un puente sobre el arroyo La Corina y otro sobre Las Cortaderas; las reparaciones de caminos en Cacharí, Parish y Shaw, el camino a Juárez y el camino a Siempre Amigos, entre otros; asimismo se obtuvo por parte del Ministerio la construcción de un puente sobre el Arroyo Azul en la terminal de la Av. Humberto I y el ensanche y reparación del puente sobre la calle San Martín.
Sumado al amplio beneficio que obtuvo nuestra ciudad con este conjunto de trabajos, es válido resaltar la importancia que tuvo la construcción del puente en la Avenida Humberto I, dado que el mismo contribuyó a una mejor circulación y comunicación de una amplia barriada azuleña como la de Villa Fidelidad. En el mismo sentido, revalorizando la estética de la ciudad, se llevó a cabo el ensanche de dicha Avenida, la cual había sido descuidada durante muchos años.
Los trabajos mencionados trajeron aparejado el comienzo de otro plan de obras que se desarrolló en varias etapas mediante el impulso de las sucesivas administraciones municipales: "El paseo de la ribera", el que en la actualidad conocemos como Costanera Cacique Cipriano Catriel. Para resumir la rica y amplia visión del intendente Castellár, vale la pena remarcar lo que escribiera en su "Memoria" sobre la gestión municipal: "Hace más de 20 años que en la prensa local se lanzó la idea de hacer obras de defensa en la ribera de nuestro arroyo, a partir del puente de San Benito y en toda la extensión que limita con nuestra ciudad, para evitar las inundaciones periódicas que azotaron a la población ribereña, indicándose a la vez la conveniencia de convertir el lado oriental de la ribera en un hermoso paseo". Asimismo, es menester mencionar lo que rescataba el diario "El Ciudadano" un par de años después: "Ha sido un acierto la apertura de la nueva avenida a lo largo del margen del arroyo
Toda abovedada y flanqueada de árboles, dándose la base del más hermoso paseo que la ciudad tendrá en un futuro".
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Un adelantado
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Considerando que la ciudad apenas contaba con tres espacios públicos, es decir, las plazas "General Rivas" (actuales cuatro primeras manzanas de acceso al Parque Municipal), "Bartolomé Mitre" (actual manzana de Vialidad de la Provincia, en Av. Mitre y Av. Cacique Catriel), y "Colón" (actual Plaza "San Martín"), el Intendente reflexionaba que "nuestra ciudad carece de paseos públicos propiamente dichos. La pequeña Plaza Colón es apenas un minúsculo jardín y solo en la Av. Mitre encuentra el vecindario el sitio que hace las veces de verdadero paseo".
En consecuencia, Manuel Castellár anunció que se le había solicitado al ingeniero Jorge E. Bosh, la proyección y el trazado de un futuro parque, teniendo como punto de partida la Plaza General Rivas (otrora Plaza Marte), adelantándose casi ocho años a la obra real que se materializaría en octubre de 1918.
Continuando con la revalorización y embellecimiento de la ciudad, también emprendió una sustancial transformación de la Plaza Colón, a la que se le incorporaron hermosos senderos de mosaicos y nuevos canteros florales. Por su parte, en el radio céntrico de la ciudad se ensancharon las veredas, con mosaicos de colores, dándole a Azul un aspecto renovado y moderno.
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El abrupto final de un fructífero período
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Alguna vez, don Manuel Castellár, que pregonaba que había sido electo Intendente sin la intención de perpetuarse en el gobierno según era la práctica del momento, con firmeza escribió que "
no estaba dispuesto a hacer gobierno de camaradas, de compadrazgos, y por eso no coloqué en la administración a los que podían considerarse mis correligionarios, pues he sabido respetar en sus puestos a los viejos servidores de la municipalidad
mi acción administrativa, mi acción de gobernante, no podía estar supeditada a intereses subalternos, ni su éxito debía depender de ellos de ninguna manera. Mis amigos supieron respetar y alentar mi resolución, facilitándome la tarea; y mis afectos públicos, que los tengo como todo hombre, no me impidieron trazarme tal conducta
".
"No aspiro al aplauso de mis amigos que mucho me halaga y mucho estimo, sino entrego mis actos a la justicia de los hombres. En cuanto me es personal, tengo la altísima satisfacción de haber aportado al progreso y bienestar de mi pueblo
".
Su breve gestión fue extremadamente fructífera para nuestra ciudad, sin embargo, cuestiones internas del "Partido Popular" y un endurecimiento de las políticas provinciales, llevaron a que se suscitara una nueva sucesión de Comisionados, los cuales demoraron las obras proyectadas, llevándolas en muchos casos a la obsolescencia.
Manuel Castellár fue efectivamente Intendente hasta el 31 de diciembre de 1911. Lo sucedieron el Dr. Julio García Herrera y el Sr. Pascual Pourtalé.
Entre el 2 de enero de 1913 y el 8 de mayo del mismo año fue designado Comisionado. Luego se alejó definitivamente del cargo y la política, siendo sucedido una vez más por García Herrera
Manuel Castellár brilló por su austeridad y atendió las necesidades y los negocios de la Comuna con la dedicación y el interés de los suyos propios. Era tan particular desempeñándose que se lo había apodado como el "Intendente de las madrugadas", debido a que cuando apenas comenzaba a amanecer, él iniciaba sus recorridos habituales por las calles, controlando así los servicios municipales o las obras que se estaban llevando a cabo.
Más allá de sus largas caminatas por cada rincón de la ciudad, formando o no parte de la administración municipal, Manuel disfrutaba mucho de recorrer los lugares más alejados en su coche de caballo Milord o en su Breack, conversando con los vecinos rurales, de quienes adquirió buena parte de su experiencia. Su espíritu inquieto lo mantenía atento a todas las necesidades de la comunidad y aunque muchas veces su nombre no apareciese públicamente, con un honorable silencio siempre gestionaba las soluciones que estuviesen a su alcance.
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Últimos años
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Lentamente, Manuel fue cediendo los negocios de su firma a sus hijos y se dedicó a descansar, pasando largas temporadas entre la Capital Federal, Azul o viajando junto a su adorada esposa Bernardina.
Durante varios meses del año 1921, Manuel permaneció en Copacabana, Río de Janeiro, donde más allá de destacar "las arenas blancas" de las playas brasileñas, según menciona en alguna carta familiar, lamentablemente también hace referencia a una afección en su salud que lo aquejará hasta el final de su vida.
A los 65 años, el sábado 24 de enero de 1925, Manuel Castellár falleció en su hogar en la calle Viamonte 454 de la Capital Federal.
Sus restos fueron trasladados a la bóveda familiar del Cementerio Central de Azul donde descansan hasta la actualidad.
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Dos calles paralelas, dos amigos entrañables
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Manuel Castellár y Francisco Leyría mantuvieron una estrecha amistad durante toda su vida. Tras la muerte del destacado militar, Castellár, que se desempeñaba por entonces como Intendente Municipal, impuso el nombre del General a la calle Dolores a través de la Ordenanza N° 659 del 23 de septiembre de 1911.
Años más tarde, tras el fallecimiento del célebre Intendente, la arteria Bahía Blanca fue rebautizada y así ambas calles paralelas desde entonces llevan los nombres de dos grandes amigos
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Un intento fallido
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En el año 1953, el intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N° 18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Intendente Manuel Castellár (otrora Bahía Blanca) le correspondió el número 76. Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.
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Para culminar
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Bahía Blanca (actual Castellár) era la última calle con denominación -según el ejido de 1879-, sin embargo, en 1888 dejará de serlo y se trazarán nuevos límites, se abrirán nuevas arterias y surgirán nuevos nombres para "Las calles del Azul". Pero esa, es otra historia
historia que comenzaremos a transitar y descubrir el próximo domingo.

Manuel Castellár nació en Azul el 18 de agosto de 1859. Su gestión como Intendente Municipal fue la más destacada de la primera mitad del siglo XX, como así también lo fue su Casa de remate-feria.

Bahía Blanca también era llamada por sus propios habitantes como la "Ciudad Maldita". Y desde antaño, los indígenas nombraron a la bahía como Huecuvú Mapú, es decir "Tierra del Diablo", por la agresividad de sus vientos, las enfermedades respiratorias, la escasez de lluvia y fríos extremos.

En la fotografía, tomada en marzo de 1911, se pueden apreciar algunas de las principales figuras políticas del "Partido Popular", victorioso en las elecciones del 26 de enero del mismo año. De izquierda a derecha: Manuel Aztiria, Luis Arieu, Enrique Squirru, Arturo López, Beltrán Arieu y Manuel Castellár.

La obra del Mercado Municipal estuvo a cargo de los señores Zone y Brumana. Después de un año de labor, el mismo Castellár, como Comisionado, tuvo el orgullo de inaugurar el moderno Mercado el 16 de febrero de 1913.

En la fotografía se pueden apreciar a dos personalidades destacadas del Azul de los comienzos del siglo XX; el padre César Cáneva y don Manuel Castellár (ambos con su sombrero en mano). Cada uno desde su lugar supo ganarse el aprecio y la admiración de los vecinos azuleños.
LAGUNA ALSINA - ESTACIÓN BONIFACIO
Por Alicia Teso
A fines del siglo XIX, más precisamente desde 1889, comenzaron a establecerse en la zona de la Laguna Alsina, en el actual Partido de Guaminí, algunos aislados pobladores entorno a la fuente de agua dulce.
Diez años más tarde se inauguró la línea que unía las localidades de San Carlos de Bolívar y Saavedra y se erigió la estación del Ferrocarril del Sud, en terrenos donados por los señores José y Enrique Bonifacio, en memoria de sus padres Manuela y Enrique.
A instancias del señor Diego Mac Clymont Reid, mayordomo de la estancia "Tinamú", se hicieron mesurar unos campos que él había comprado en 1905 a los señores Rosa y Romero.
Por injerencia de Mac Clymont Reid se dispuso la fundación de un pueblo, cuyos terrenos, quintas y parcelas fueron rematados por el Sr. Manuel Castellár, de la afamada firma martillera del Azul.
Así, el 28 de febrero de 1906, la gobernación bonaerense dio por fundado el pueblo Estación Bonifacio Laguna Alsina, que más adelante, aspiraría a convertirse en cabecera de un Partido autónomo, pero no lo conseguiría. De esta manera comenzaron a radicarse las primeras familias, dedicadas a las actividades agrícolas y ganaderas, y en menor medida al comercio.
En 1907 se estableció la oficina de correo en el almacén de ramos generales de Avelino Torga. En 1911 se constituyó el Juzgado de Paz, siendo su primer titular el juez Eudosio Iturrería. Cinco años más tarde se instaló el Registro Civil, del que su primer jefe fue el escribano Faustino A. San Martín.
Aunque con altibajos, el pueblo mantiene su estirpe rural, superando en la actualidad los 1.500 habitantes. En ocasión del Centenario de Estación Bonifacio Laguna Alsina se realizó una muestra fotográfica donde, entre otras imágenes, se expuso un considerable retrato del rematador de Azul, don Manuel Castellár.
LA PLACA CONMEMORATIVA

El 6 de noviembre de 1927, a las 10 de la mañana, en un emotivo acto enmarcado por una nutridísima concurrencia entre la que se hallaban familiares del fallecido Jefe Comunal, el intendente Eduardo Berdiñas descubrió una importante placa en la intersección de las calles San Martín e Intendente Manuel Castellár.
La pieza de bronce conmemorativa fue confeccionada en los talleres de grabados de Eduardo Longhi, de la Capital Federal, para ser colocada en memoria del extinto ex Intendente del Partido de Azul, como homenaje hacia el ciudadano que se sirviera con probidad ejemplar y eficiencia indiscutible los intereses de la colectividad.
La Banda Municipal ejecutó una selecta serie de marchas sinfónicas. Los oradores fueron los señores Benito Baldovinos y Santiago Cámpora. Concluido el acto, buena parte de los presentes se trasladaron al Cementerio Municipal donde los empleados de la firma "Miguel Castellár" depositaron una corona de "flores naturales" (tal como remarca una crónica de la época) en el mausoleo del homenajeado.
El responso estuvo a cargo del carismático Cura Párroco César Antonio Cáneva.
LA ARQUITECTURA SEÑORIAL DE AZUL

Por Augusto Rocca
En 1899, el señor Manuel Castellár encomendó al arquitecto Julio Cacciolatti el proyecto y la construcción de su espléndida morada, de estilo renacentista italiano, que está ubicada en la avenida 25 de Mayo 725. En su madurez, don Manuel adquirió una importante residencia en la ciudad de Buenos Aires, en la calle Viamonte 454, donde pasaba la mayor parte del año. Sin embargo, mantuvo la propiedad de su casa de Azul, en la que pasaba sus estadías en la ciudad, hasta su muerte.
Al año siguiente, la casa fue comprada por su hijo Miguel, quien encargó su refacción al constructor Ángel Bianchi, que realizó las obras en 1928-1929. En aquel momento se colocaron la puerta de entrada de hierro forjado y su elegante marquesina. Es probable que de aquel entonces también daten los pisos de roble de Eslavonia, los finos vitreaux y el sofisticado techo corredizo que presenta uno de los ambientes principales.
Poco después, el Sr. Castellár encomendó la construcción de los garages, que fueron terminados en 1933. El frente de los mismos, que da hacia la calle Bolívar, fue realizado en un estilo muy ecléctico en el que aparecen detalles clásicos y Tudor.
Como su padre, Miguel también fue un prominente vecino de nuestra ciudad. Admirado, respetado y querido igualmente por ricos y pobres, fue proverbial su generosidad, su altruismo y su espíritu inquieto y de acción. Su presidencia de la Comisión Administradora del Parque Municipal fue una de las más prolíficas y memorables; por eso lleva su nombre un sector de ese paseo. También colaboró en la instalación de los cuarteles en nuestra ciudad, tuvo una participación decisiva en la construcción del monumento a Bartolomé Mitre (ubicado originalmente en el cruce de las avenidas 25 de Mayo y Mitre; luego trasladado al frente de la Escuela N° 17) y contribuyó siempre con su óbolo en cuanto emprendimiento u obra caritativa hubiera en la ciudad.
Miguel Castellár murió en Azul el 31 de julio de 1953; la casa quedó en manos de su familia hasta 1975, año en que fue vendida a Hugo Tomás Sauro. En 1992, la adquirieron Alberto Daniel Palacios y Dora Abecasis, que son sus actuales propietarios.
CIEN AÑOS DE GLORIA EN LA MADRID
Por Gustavo Mandagarán
La historia comenzó a escribirse a principios del siglo pasado cuando don Eduardo Lago, el 21 de octubre de 1913 daba su primer remate de haciendas.
Lago, había sido representante de Manuel Castellár que funcionaba en Azul y decidió independizarse. En La Madrid, los gustos y la arquitectura de los Castellár aún permanecen en la vieja y espléndida feria que quizás sea la mejor de la provincia de Buenos Aires. En ella permanece el inmenso galpón donde vendían los lanares y en el centro sobresale el actual comedor y oficina de guías con techos rojos y caídas a cuatro aguas; galerías a los costados, ventanas levadizas y pisos de laja. Los inmensos plátanos también hacen historia y conforman una inmejorable sombra donde los Lago suelen comer en pleno verano. En el fondo un inmenso tanque australiano testigo fiel del siglo XX y algunos fierros y maderas inutilizadas por el paso del tiempo.
En 1935, la firma se constituyó con nuevos socios y se sumaron Néstor Lago, Luís Sallíes y Gerónimo Albisu. En 1969 se consolidó definitivamente como Casa Lago y actualmente Don Jorge Lago (77) y su hijo Juan Carlos (cuarta generación de consignatarios) están al frente de la misma.
Hay mucho para decir y destacar de lo ocurrido en el cumpleaños de la longeva Casa pero, mejor lo expresa Alfredo E. Chiste en sus páginas de "Historias de La Madrid": "A lo largo del tiempo transcurrido Casa Lago adquirió prestigio y se ganó el respeto de nuestra comunidad. La rectitud de esta firma que cumple 100 años en la difícil intermediación de los negocios ganaderos es todo un ejemplo".
AGRADECIMIENTOS Y FUENTES
" Muchas gracias a Manuel Castellár y Miguel Castellár por la información brindada, el aporte fotográfico y la excelente predisposición.
" Muchas gracias a Claudia Bogliano por los datos proporcionados y su gran colaboración.
" Muchas gracias a Emiliano Tuinstra por su significativa contribución.
" Muchas gracias a Alicia Teso (quien con mucho cariño recordó a su pueblo natal), Augusto Rocca y Gustavo Mandagarán por sus artículos.
" Muchas gracias a Norma Iglesias por su incansable y enriquecedora guía por los senderos de la historia azuleña.
" Muchas gracias a Ana Lucía Borda de Alzola y Oscar Alabart de la Iglesia Catedral "Nuestra Señora del Rosario".
" Muchas gracias a Jorge Fortunato de la Hemeroteca de la Biblioteca Popular "Bernardino Rivadavia" de Tandil.
" Gracias a Stella Tumminaro del Honorable Concejo Deliberante.
" Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
" Gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
" Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
" Yuyú Guzmán. "Historia de la Sociedad Rural de Azul. 1883-1983". (1983). Diario El Tiempo. Azul.
" Exequiel C. Ortega. "Diez grandes olvidados en un siglo de historia azuleña". Fascículo N°2, sin fecha. Diario El Tiempo. Azul.
" Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.
El Canalla empató 1 a 1 en los 90 minutos y se impuso 6 a 5 desde los doce pasos en Urioste y Rauch. Después de casi dos décadas de espera, volvió a celebrar un campeonato y recuperó un lugar de privilegio en el fútbol azuleño.
14 de junio de 2026
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El xeneize estará visitando a Juventud de Laprida en el partido de ida de la anteúltima fase de la Unión Deportiva Regional. El encuentro comenzará a las 13:30 y se disputará en la cancha del conjunto lapridense. El árbitro será el lamadritense Matías Belacín. El equipo del "Melli" Ricardo Pais tratará de conseguir un buen resultado en este choque para llegar de la mejor manera a la revancha que se disputará en el "Ricardo Infantino".
14 de junio de 2026
13 de junio de 2026
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