12 de abril de 2026
La palabra de Ariel Romero, profesor y exalumno, durante el acto por los 100 años de la Técnica 2 realizado ayer.
"Hoy no es un día más", afirmó ayer Ariel Romero, actualmente profesor y exalumno de la Escuela Técnica N° 2. "Hoy celebramos cien años de historia, de esfuerzo compartido, de aprendizaje y, sobre todo, de identidad".
Destacó que, "para mí, sinceramente, representa un honor inmenso pronunciar estas palabras. No lo hago sólo como docente, sino como alguien que creció en estas mismas aulas: como un exalumno orgulloso de nuestro querido 'Indu'".
Luego refirió que, "al mirar hacia atrás, comprendemos que una institución no es únicamente un edificio, un conjunto de talleres o una sucesión de aulas. La escuela es ese tramo de la vida que nos marca a fuego. Es el espacio donde crecemos, donde el error se convierte en lección y donde aprendemos a levantarnos tras cada caída".
Romero remarcó que, "en una Escuela Técnica, esa experiencia se vive con una intensidad especial. Tuve la fortuna de transitar estos pasillos como estudiante, siguiendo los pasos de mi padre, quien también se formó aquí".
"Recuerdo perfectamente aquellos primeros días: la mezcla de incertidumbre, nervios y curiosidad. Aún guardo en la memoria el olor característico del taller, el rugido de las máquinas y la sensación de las herramientas por primera vez en mis manos. Aquí aprendimos que la teoría cobra sentido en la práctica; aprendimos haciendo, y eso moldea el carácter de una manera distinta", recordó el profesor Romero.
De esa manera, remarcó luego, "ser alumno del 'Indu' exige compromiso. Requiere horas de dedicación, paciencia en las prácticas y templanza ante los desafíos. Pero es precisamente ese rigor el que nos transforma. Nos otorga disciplina, responsabilidad y el valor del trabajo en equipo. Nos enseña a pensar soluciones, a resolver imprevistos y a no rendirnos jamás. En definitiva, nos brinda un oficio y una forma íntegra de pararnos frente a la vida".
"Hoy, la vida me coloca en la vereda de la docencia, y la sensación es profundamente conmovedora. En cada estudiante veo un reflejo de lo que fui: las mismas dudas, la misma energía y ese potencial enorme que a veces ellos mismos desconocen", afirmó, para luego agregar: "Nuestra labor no se limita a transmitir contenidos técnicos; nuestra misión es acompañar procesos y sembrar valores. Ser docente aquí es un privilegio y una responsabilidad enorme: la de ayudar a que cada joven descubra de qué es capaz".
También puntualizó que, "a menudo, la verdadera dimensión de la educación técnica se descubre al salir al mundo. El título de técnico no es sólo un papel; es una caja de herramientas reales para progresar, innovar y construir un camino propio. Esa autonomía se la debemos a esta institución. Por todo esto, hoy quiero dar las gracias. Gracias a la escuela por haberme forjado. Gracias a los profesores que dejaron huella en mi camino y a los compañeros con quienes compartí tantas vivencias. Y, por supuesto, gracias a mis colegas actuales, con quienes día a día sostenemos este proyecto educativo con absoluta vocación".
"Un siglo de historia no se construye de la noche a la mañana. Son generaciones enteras -alumnos, docentes, directivos y personal no docente- aportando su esfuerzo para que esta institución siga de pie. Cada promoción que egresa deja un legado; cada maestro, una marca", agregó.
Romero expresó además que "si algo define al 'Indu' es su mística. Esa identidad basada en la cultura del trabajo que hace que, sin importar cuánto tiempo pase, uno siempre diga con el pecho inflado: 'Yo soy del Indu'".
Contextualizó además señalando que, "en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, nuestra formación técnica está más vigente que nunca. Formamos personas capaces de adaptarse y de crear futuro".
Y, finalmente, su mensaje: "A los alumnos actuales: aprovechen cada instante. Cada clase y cada desafío en el taller es una inversión para siempre. El tiempo vuela, pero lo que aprendan en estos años los acompañará toda la vida. A mis colegas: gracias por la entrega diaria. Sabemos que el camino tiene obstáculos, pero también sabemos que nuestra huella es imborrable. A mí querida escuela: gracias por tanto. Por formarme, por darme una profesión y por permitirme regresar hoy para seguir escribiendo esta historia. Que estos cien años sean solo el preludio de muchos más. Que sigamos formando técnicos de excelencia, pero fundamentalmente, personas de bien. Que el 'Indu' siga siendo ese faro donde se aprende, se crece y se construye el porvenir. Y, como decimos los que amamos esta institución, ¡el Indu, tiene vida propia! ¡El 'Indu' late! ¡Feliz centenario, querida escuela!".
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