8 de febrero de 2015
[gallery ids="59920,59919,59921,59918"]
Eduardo Agüero Mielhuerry
Entre tantos nombres, entre tantos proyectiles disparados y cuchillos o facones manipulados -manchados con sangre inocente-, como quedó demostrado a lo largo de las cuatro historias que fueron publicadas, Azul también se vio sobresaltado muchas veces por el accionar de hombres (y mujeres), que por mérito propio o culpas ajenas, se convirtieron en homicidas y fugitivos de la Justicia.
Odiados por unos, emulados e idolatrados por otros, desde el primer domingo de enero hemos recorrido cuatro casos con sus variopintos actores; historias de amor, de venganza, crímenes sin sentido; historias que comenzaron, sucedieron o culminaron en nuestros pagos. Cuatro relatos verídicos que recorrieron distintos momentos de la vida azuleña en los siglos XIX y XX, en los cuales quedó en evidencia también la idiosincrasia de una sociedad compleja como la nuestra.
No fue vana la advertencia de que “Mateo Banks no fue el único asesino despiadado que anduvo por este Azul donde muchos vivieron ‘Fuera de la Ley’”. Posiblemente los crímenes de Banks quedaron en la memoria colectiva por tratarse -al menos seis de sus ocho víctimas-, de sus familiares directos (hermanos, cuñadas, sobrinas). Sin embargo, los cuatro casos planteados en estas páginas fueron elegidos -entre tantos otros- no sólo por la cantidad singular de homicidios, sino por las historias que poseían como trasfondo en el escenario azuleño o bonaerense.
El amplio territorio argentino supo de decenas de criminales, algunos con carta blanca oficial para disponer de la vida de los demás (muchas veces a mansalva); otros con la impunidad que les brindaba el propio coraje y tan intrépidos como para mantenerse prófugos de la Justicia o desafiar durante mucho tiempo a la autoridad, construyendo en derredor de ellos una historia romántica y mítica teñida de virtudes y defectos capaces de cosechar odios y amores por igual.
Algunas historias en torno a “sus aventuras” se hicieron tan ricas con el transcurso de los años que muchas veces es difícil discernir entre la realidad y la ficción. Inclusive algunas de estas historias fueron representadas en obras de teatro o en radioteatros, popularizando a sus personajes y acrecentando las dificultades al momento de saber qué fue lo que realmente les sucedió en sus vidas.
Todos vivieron momentos traumáticos. Ninguno se convirtió en un asesino premeditadamente. De hecho, muchos iniciaron sus carreras delictivas después de un amor no correspondido o robado. O bien al momento de ser obligados por las condiciones del sistema social imperante a obedecer órdenes que no deseaban cumplir. Otros, simplemente se creyeron los salvadores de la humanidad.
Todos terminaron encarcelados o ajusticiados. Pero sus “hazañas” siguieron transmitiéndose de generación en generación. E incluso, durante muchos años, sus nombres fueron sinónimo de terror entre las poblaciones que los habían visto “andar a los tiros” o desenvainando sus facones, como así también para aquellos que sólo habían oído nombrarlos…
Y así, después de descubrirlos como personajes, de conocer sus pasiones y debilidades, hasta saberlos “acabados” por el accionar de la Justicia (¿Divina?, ¿de los hombres?), es importante resaltar a esta altura algunos otros detalles… porque siempre queda algo más por contar…
El “Tata Dios” y los jinetes de la muerte
Luego de la desenfrenada y horripilante matanza producida por Jerónimo Solané, el “Tata Dios” -e inclusive después de su trágica y misteriosa muerte-, según afirma el historiador Hugo Nario “el grupo de extranjeros amenazados primero y luego deseosos de tomar el control público de Tandil, estaban buscando un cauce político”.
Inmediatamente, se organizaron como cuerpo armado, primero para protegerse de potenciales nuevos ataques, y luego para controlar a las autoridades locales que poco hacían contra los implicados.
Fue así como, en respuesta a estos hechos y con aspiraciones políticas, Ramón Santamarina (gallego contra quien se cree que iba dirigido principalmente el ataque, pero que fue alertado a tiempo para salvarse junto a su familia), se afilió el 31 de mayo de 1872 a la Logia “Estrella del Sud” N° 25 de Azul, ya que creyó hallar en la masonería un modelo viable de organización. De este modo, sumándose a las filas masónicas, lograría con mayor énfasis el apoyo del sector liderado por Adolfo Alsina, quien gravitaba en la política argentina con singular poder, siendo el vicepresidente de la República (durante la administración de Domingo F. Sarmiento), además de ser miembro activo de la Logia Lealtad N° 6.
También solicitaron su afiliación a la Logia local: Julián y Luis Arabehety, Nicanor de Elizalde, Miguel Méndez, Carlos A. Díaz, Eustaquio Herrera, Pedro Pereyra, y Bernardo Sabatté Laplace, entre otros tandilenses.
El 19 de julio de 1872, la Logia azuleña solicitó a través de una carta dirigida a la Gran Logia de la Argentina, la autorización para crear en Tandil una nueva logia. El Gran Maestre, Nicanor Albarellos, se pronunció afirmativamente el 26 del mismo mes.
Finalmente, el 6 de septiembre de 1872, las autoridades de la masonería nacional y de Azul se hicieron presentes en la serrana ciudad para “levantar columnas”. Así, Santamarina y los mencionados, con la colaboración de los hermanos azuleños, lograron la consagración de la Logia “Luz del Sud” N° 39.
Sin un templo donde convocarse para llevar adelante los trabajos correspondientes, las primeras “Tenidas” de la nueva Logia se desarrollaron en la casa de Santamarina. En aquella oportunidad, fue elegido como primer Venerable Maestro Eugenio Iriarte, hijo del reconocido masón y militar de la Independencia, Tomás Iriarte.
En el Museo Histórico y Tradicionalista Fuerte Independencia de Tandil, se hallan el Sumario iniciado tras la masacre y el poncho que perteneciera a Jerónimo Solané, donado por Juan Adolfo Figueroa, el Juez de Paz de la época de los asesinatos y que según se cuenta, lo habría comprado a un anciano paisano en el viejo almacén que estaba en las actuales Av. Buzón y Avellaneda de la vecina localidad. Este poncho, de los denominados de tipo pampa, fue el que tenía puesto como frazada al momento de ser ultimado el “Tata Dios”, presentando los orificios dejados por los proyectiles que impactaron en su cuerpo.
Catalino Domínguez, asesino despechado
Antes de comenzar a transitar por el sinuoso camino delictivo, Juan Catalino Domínguez trabajó también en la Feria de Ángel C. Castellár en nuestra ciudad. Y como algunos vecinos aún recuerdan, solía frecuentar la zona de la Estación del Ferrocarril, es decir, la por entonces populosa barriada de la calle Coronel Morales (hoy Malvinas).
En su errante devenir como prófugo de la Justicia, todos, o casi todos, los que se cruzaban en su camino sabían que se trataba de él, pero nadie se atrevía a dar la voz de alerta a la policía dada la fama que había cosechado gracias a varias acciones propias y otras endilgadas. También se dice que supo ser “asesino a sueldo” de un alto dirigente político de la época que llegó a la presidencia de la Nación en tres oportunidades, pero así como nos tiene acostumbrados la Argentina con tantos crímenes sin resolver, también debemos comprender que muchas veces en torno a personajes como Domínguez se van tejiendo sucesivas versiones incomprobables, pero no necesariamente irreales…
Durante mucho tiempo, a pesar de que ya había sido asesinado, el nombre de Catalino continuó provocando pánico entre la población rural, pues muchos aún desconfiaban que lo hayan matado, y otros repetían su nombre para asustar a los niños –y no sólo a ellos- tal como si se tratase del “cuco”.
Se desconoce si “Martita” Domínguez se halla con vida o si bien aún reside en Ingeniero Maschwitz. Aunque también es altamente probable que, rondando los 70 años de edad, conviva entre nosotros con otro nombre y apellido… es que en nuestra ciudad, todavía residen familiares directos de Juan Catalino Domínguez; de hecho, uno de ellos es un destacado político azuleño del oficialismo…
Juan Cuello, sangre enamoradiza
En el barrio de San Telmo, en la calle Carlos Calvo N° 319, aún subsiste la que se conoce como la “Antigua Tasca de Cuchilleros”, que es una de las pocas viviendas coloniales, cuya construcción data del año 1730, que aún siguen en pie en Buenos Aires. En la actualidad, el lugar es un restaurante. Sin embargo, allí vivió Margarita Oliden, hija del sargento Nicolás Oliden, quien la había comprometido con Ciriaco Cuitiño, jefe de la Mazorca, pero ella estaba perdidamente enamorada de Juan de la Cruz Cuello.
La joven se habría fugado de la casa mediante un pasadizo subterráneo (cuya entrada actualmente aún existe en el baño de mujeres del restaurante), que la conectaba con la Iglesia de Nuestra Señora de Belén.
Aunque los amantes tuvieron un final trágico, la “Antigua Tasca…” aún preserva un fragmento de esa historia de amor…
El 29 de diciembre de 1853, Ciriaco Cuitiño -quien tan encarnizadamente había perseguido a Juan Cuello y había disfrutado desde las cercanías el momento en el que fue ultimado por la policía-, tras un breve juicio en el que Marcelino Ugarte fue su abogado defensor, fue fusilado junto al mazorquero Leandro Antonio Alen, padre del fundador de la Unión Cívica Radical (U.C.R.), Leandro Nicéforo Alem (se cambió la última letra del apellido para evitar la vergüenza de ser “el hijo del ahorcado”).
Cuitiño y Alen fueron ejecutados a las 9 de la mañana, sobre el paredón de la iglesia de la Concepción en Tacuarí e Independencia y luego los cadáveres de ambos se exhibieron colgados por un lapso de cuatro horas ante la vista de todos, en la Plaza de la Concepción (actual Plaza Alfonso Castelao, en el barrio porteño de Constitución). Asistieron espiritualmente a los condenados el franciscano fray Nicolás Aldazor y el dominico fray Olegario Correa. Centenares de vecinos presenciaron el patético espectáculo.
El cuerpo de Ciriaco Cuitiño fue sepultado sin nombre en una fosa común. En definitiva corrió la misma suerte que su perseguida víctima Juan Cuello, aunque su nombre no se recuerda con los mismos adjetivos…
Julián Andrade, amigo fiel
La amistad es una de las relaciones interpersonales más comunes que la mayoría de las personas tienen en la vida. Y en este caso, el estrecho vínculo que mantuvieron Juan Moreira y Julián Andrade los llevó a transitar por los mismos sinuosos y complejos caminos, marcados por la violencia propia y la de una sociedad que no dudó en juzgarlos, pero que al mismo tiempo los convirtió en leyendas vivientes hasta el extremo de llevar sus vidas al teatro y posteriormente al cine, la radio y hasta la televisión, sin olvidar la extensa literatura que se ocupa de sus andanzas.
En el Azul, donde se radicó después de trece años de prisión, Julián Andrade supo construir una nueva imagen pública redimiéndose de alguna forma de todas las fechorías que antes había cometido. De hecho, en poco tiempo se ganó el respeto y la consideración de los azuleños (y los foráneos), construyendo con varios de ellos, como por ejemplo el general Francisco Leyría, excelentes lazos de amistad.
Entre varias ocupaciones ligadas al campo, también trabajó como cuidador de caballos en alguno de los tantos studs que había en nuestra ciudad.
Aquí también conoció a la jovencita Dominga Córdova, azuleña, nacida en 1871, hija de Benito Córdova y Gregoria Fernández, más de veinte años menor que él, quien se convirtió en su amada compañera hasta el final de sus días.
El primogénito de la pareja, llamado Julián, nació en Azul el 6 de enero de 1890 y fue bautizado por el padre José María Cambra en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario el 19 de abril del mismo año.
Los concubinos tuvieron en total nueve hijos, de los cuales al menos el ya mencionado, junto a Pedro Julián, Benito y Teófilo, nacieron y fueron bautizados en nuestro pueblo. Y aunque todos residían en Tandil al momento de la muerte de Andrade, algunos volvieron a vivir en Azul o se marcharon con rumbos desconocidos.
Agradecimientos y fuentes
El agradecimiento más importante va dirigido a Raúl Santiago Gallardo, quien con su particular estilo ilustró cada una de estas cuatro historias con dibujos originales e increíbles, que dotaron a cada entrega de un aire fresco y al mismo tiempo aterrador como los propios sucesos.
Muchas gracias a todo el equipo del diario “El Tiempo” por el espacio brindado y la colaboración para lograr el mayor lucimiento de los textos.
Muchas gracias a Norma Iglesias por su incansable y enriquecedora guía por los senderos de la historia azuleña.
Muchas gracias a Emiliano Tuinstra por su valiosa y significativa contribución permanente.
Muchas gracias a María Laura Furió por el “aguante” cotidiano.
Muchas gracias a Florángel y Ana Turón por los datos brindados.
Muchas gracias a Oscar y Andrés Alabart por las tardes de búsqueda en el enorme archivo de la Iglesia Catedral.
Muchas gracias a Chelita, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública “Monseñor César A. Cáneva”.
Dentro de la documentación consultada es importante destacar:
- Colección histórica del diario “El Tiempo”.
- Ricardo Canaletti. “Crímenes sorprendentes de la Historia argentina”. (2014). Ed. Sudamericana.
- Emilio J. Corbière. “La Masonería. Política y Sociedades Secretas”. (2006). Debolsillo. Buenos Aires.
- Alejandro Córdoba. “Juan Cuello, el hombre al que lo traicionó la pasión”. Enero 2010. Historias Argentinas. Sitio Web.
- Marcos Estrada Liniers. “Juan Moreira. Realidad y Mito”. (1959). Segunda edición.
- María Rosa Lojo. “Amores insólitos de nuestra historia”. (2011). Segunda Edición. Alfaguara.
- Roberto G. Morete. “Juan Catalino Domínguez – Historia en versos”. (1992). Edición del Autor.
- Hugo Nario. “Tata Dios. El Mesías de la última montonera”. (1976). Plus Ultra. Buenos Aires.
- Alberto Sarramone. “Historia del antiguo pago del Azul”. (1997). Biblos. Azul.
Historias en Azul
Evidentemente, aquellos que supieron ser hombres buenos, gentiles, cordiales y trabajadores, vivieron un instante en sus vidas que se convirtió en una bisagra, un punto de inflexión sin retorno. Todos mataron una vez… dos veces… infinitas veces. Y en cada oportunidad que halaron el gatillo o apuñalaron, también ellos murieron “un poco”. Hasta que hallaron el mismo final. Todos “Fuera de la Ley”. Todos convertidos en leyendas… Todos transitaron por este Azul, donde nada es lo que parece… y donde próximamente descubriremos que hay “Amores que matan”…
El hombre que el miércoles de la semana pasada resultó aprehendido durante un procedimiento policial realizado en Villa Piazza Norte, en ocasión de que en su poder se incautaran dos bolsas con cocaína y una balanza, recuperó la libertad.
13 de mayo de 2026
Lo afirmó Luciano Capelli, el candidato olavarriense por la lista "Alternancia". De cara a las elecciones del próximo 15 de mayo, propuso una gestión de continuidad respecto a la actual presidencia, con eje en la modernización tecnológica, el acompañamiento a jóvenes profesionales y una fuerte presencia territorial en las once localidades del distrito.
13 de mayo de 2026
13 de mayo de 2026
13 de mayo de 2026
12 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026
11 de mayo de 2026