11 de noviembre de 2019
La lucha feminista no se agota en la campaña del pañuelo verde por las tres consignas, el feminismo no odia a los hombres ni busca matar bebés. El feminismo entraña un profundo amor por la humanidad y la vida.
Por Moira Goldenhörn (*)
FEMINISMO PARA VIVIR
Salirnos de las lógicas habituales para pensar la realidad es tal vez el desafío epistemológico más encumbrado de los feminismos. La colonización cultural a consecuencia del "epistemicidio" que siguió al genocidio latinoamericano, se impuso bajo una lógica machista de poder que denominamos "androcentrismo" y resulta ordenadora de diversos órdenes del saber desde la modernidad hasta hoy, en función de un criterio de dominación por la fuerza y control coercitivo buscando la utilidad.
Así podemos hablar de "explotación", "sometimiento", "extractivismo", según nos refiramos al trabajo humano, a la relación hacia las mujeres y los recursos naturales. Todas lógicas equiparables donde lo importante es controlar al otro y lo urgente, sacarle el máximo provecho.
La lucha de clases, los feminismos y ahora los movimientos reivindicatorios de las cosmovisiones de las razas originarias negras y americanas, buscan, con distintos mecanismos y herramientas, terminar con el colonialismo que se impone como única razón hegemonizando el pensamiento, las ciencias y el sentido común, desde hace cinco siglos.
LAS LUCHAS INCLUSIVAS
Los feminismos buscan el establecimiento de un orden de cosas que permita la convivencia armoniosa entre las personas y entre ellas y el ambiente. Y en esa búsqueda, se incluye a todas las personas, con sus particularidades de identidad, etnia y clase social.
Uno de los puntos fundamentales es la lucha de las personas trans por la igualdad de derechos que les permita sobrevivir a los 40 años, edad que la mayoría no alcanza víctimas de travesticidios, HIV y cáncer, consecuencias de ser la prostitución su principal destino y actividad económica, para la cual se exponen a las peores violencias machistas y se someten a intervenciones riesgosas para modificar su corporalidad en función de la demanda de sexo pago.
Debemos ser conscientes que hay una gran omisión por parte de la sociedad en su conjunto en lo relativo al cumplimiento del cupo laboral trans, ya que no es sólo un tema de políticas públicas locales (que han receptado las disposiciones legales), sino que la omisión atañe a otros los niveles del Estado, como también a instituciones educativas autárquicas; pero también y fundamentalmente, el desempleo de las personas trans configura una problemática social de exclusión por discriminación que impide acceder a trabajos en el sector privado en comercio y el servicios, y es este punto el que queremos explicitar: la segregación social de las personas trans y su confinamiento a una corta vida marcada por abusos de toda índole.
LOS HOMBRES ANTIPATRIARCALES
Otro punto controversial dentro del gran movimiento de los feminismos es el rol de los hombres. Si bien todas consensuamos que debe haber una sanción social para los hombres violentos, no hay acuerdo respecto de la participación de varones antipatriarcales en el gran espacio feminista.
Toma relevancia en tono polémico la teoría de la antropóloga Rita Segato que presenta a los varones también como víctimas del patriarcado, en cuanto deben construir su masculinidad en base a un proceso social de desensibilización para soportar y ejercer la crueldad y la complicidad frente a las agresiones ejercidas por sus congéneres. Pero, veamos, ¿están nuestros compañeros de acuerdo con la prostitución, la cultura de la violación, la homofobia, lesbofobia, transodio y misoginia? ¿tienen espacio para expresar su emocionalidad? ¿les es posible vivir por fuera del mandato del proveedor? ¿están socialmente habilitados para compartir otros códigos que el bullying?
Todos esos espacios de las masculinidades que el patriarcado deja al descubierto como blanco de ataque, son recuperados por el feminismo para lograr una sociedad equitativa. Porque, ¿sería inclusiva una sociedad sin la mitad de ella? ¿sería posible hablar de inclusión sin los varones? ¿tiene sentido pensar una sociedad sin hombres?
LA CUESTIÓN AMBIENTAL
Mencionemos finalmente un punto maravilloso que ingresa al movimiento feminista es la concepción de cuerpo-territorio, donde la madre tierra es protegida como cualquier mujer de cuyan entrañas se extraen los "productos" para su aniquilación. La idea del desarrollo sostenible es superada por un planteo de respeto, acompañamiento y colaboración recíproca y solidaria para la perpetuación de la red de la vida. La obsoleta idea de la propiedad privada explotacionista del Siglo XIX es revisada en función de la supervivencia de todo el sistema.
Diferentes variantes de feminismo antiespecista devuelven así a la especie humana su rol específico en la red de la vida: cuidar y proteger.
Así pues, cuando se confunda desde la ignorancia y el prejuicio, su hijo dilecto, al movimiento feminista con "feminazismo", recordemos que las feministas siempre hemos estado del lado de la dignidad de la vida, la ampliación de los derechos, del respeto por el ambiente, por la libre determinación de los pueblos y la equidad social.
(*) Abogada feminista
PG en Cultura y Comunicación
Maestranda en Cs.Sociales y Humanidades
Docente - investigadora
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