16 de febrero de 2020
Este domingo Daiana Mujica, una estudiante de primer año del Profesorado de Nivel Inicial, cumplió 25 años.
Según confiesa, a ella no le gusta celebrar su cumpleaños. Pero íntimamente sabe que este nuevo aniversario de su nacimiento es especial. Y seguramente también lo entienden así sus padres, sus tres hermanas y su pareja.
Sobre todo, si se tiene en cuenta la experiencia que a la joven le tocó atravesar meses atrás en el Hospital Pintos, cuando ingresó para operarse la vesícula y, a punto de que le dieran el alta, por error una enfermera le suministró una droga que la colocó al borde de la muerte.
El caso lo hicieron público la joven y sus familiares, no bien se produjo en noviembre pasado, por medio de las redes sociales.
Actualmente está judicializado, a través de un sumario penal que se tramita desde una Fiscalía con asiento en Tribunales. La causa todavía no tiene imputado alguno, pero de acuerdo con lo que voceros allegados a esa instrucción le dijeron a EL TIEMPO no falta mucho para que la enfermera sea formalmente acusada de lo que podría considerarse una mala praxis.
Daiana Mujica estuvo al borde de la muerte. Lo cuentan ella misma y también su mamá, Elsa Espán, a través de la charla que ahora le da forma a esta nota.
Hoy, después de que todo pasó, la joven sigue con secuelas relacionadas con esa experiencia traumática por la que atravesó en noviembre del año pasado, cuando ingresó al Pintos para operarse de cálculos en la vesícula y después, a causa de ese droga que por error una enfermera profesional le suministró, permaneció internada en Terapia Intensiva, en coma inducido, entubada y asistida con un respirador mecánico, sin que en ese entonces su familia supiera si iba a vivir o no.
“La realidad es que nunca me gustó festejar mi cumpleaños. Odio festejarlo. Es algo que no me gusta. Y ahora menos, no tengo ganas. Todavía estoy con tratamiento psiquiátrico y con medicación para el corazón, para que se termine de recuperar. Estoy con drogas porque tengo ataques de pánico, que fue lo que me quedó después de todo esto. Ellos (por los médicos que la atienden), le dicen ‘Trastorno Post Traumático’, que es similar a un ataque de pánico. Siento que a veces me falta el aire, que me empiezo a ahogar y que si no salgo a lugares ventilados es horrible”.
A modo de secuela, eso queda ahora para Daiana después de todo aquello por lo que le tocó transitar meses atrás.
Cálculos en la vesícula
Esta historia comenzó cuando el 5 de noviembre pasado la joven ingresó al Hospital Pintos para ser operada porque tenía cálculos en la vesícula, según le habían diagnosticado días antes en el centro asistencial municipal, una noche que concurrió porque sentía fuertes dolores abdominales.
A “Dai” -sus familiares y conocidos la llaman así- la operaron al día siguiente de que fuera internada. Y esa noche del 6 de noviembre, mientras su mamá Elsa la acompañaba en la sala del centro asistencial municipal donde se recuperaba de aquella intervención, se produjo la situación que la tuvo al borde de la muerte.
Concretamente, una enfermera llamada Cristina Bicondo -profesional de la salud que figura denunciada en esa causa penal que por este caso se tramita desde la Unidad Funcional de Instrucción número 2- le suministró por error una droga llamada “Noradrenalina”, cuando en realidad era “Ranitidina” lo que tendría que haberle dado.
La situación se produjo en presencia de la madre de Daiana, quien aquella noche que estaba en el hospital acompañando a su hija, a la espera de que al otro día le dieran el alta, observó el momento en que la joven comenzó a descompensarse; la manera en que empezó a vomitar sangre y lo que fue su posterior traslado a Terapia Intensiva, donde permaneció varios días más hasta que finalmente pudo recuperarse.
Según Daiana y su mamá contaron, la “Ranitidina” es “un protector gástrico” que a la joven le estaban suministrando después de lo que había sido su operación para sacarle esos cálculos que tenía en la vesícula.
Pero al serle dada por error otra droga por parte de la enfermera luego denunciada, eso hizo que su presión arterial y su ritmo cardíaco aumentaran considerablemente.
“La enfermera se equivocó y me inyectó Noradrenalina”, contó Daiana sobre lo que ocurrió esa noche del 6 de noviembre del año pasado con ella.
“Durante todo ese día le habían estado dando Ranitidina”, agregó su mamá Elsa sobre lo que era aquella evolución, tras la operación a la que fuera sometida por esos cálculos que tenía en la vesícula. Una intervención que -a decir de la joven- había salido “impecable” y que, antes de que se descompensara, la tenía a ella en la habitación mirando una novela y mandándose mensajes por celular con una de sus tres hermanas.
“Yo estaba consciente, mirando televisión en la habitación con mi mamá. Cuando esta enfermera llegó esa noche, le preguntamos qué era lo que me iba a dar. Yo me sentía bien y supuestamente al otro día ya me iban a dar el alta, según me había dicho la cirujana que me operó”, recordó.
Esa droga que le suministró por error la enfermera se la dio “de manera intravenosa”, agregó la madre de Daiana. “Todo fue delante de mí. Cuando ella le dio la inyección, mi hija me dijo que sentía un fuego en el cuerpo. Yo le pregunté a esta enfermera qué le había dado y ella me respondió que era Ranitidina”.
“Literalmente, en ese momento yo sentía que me moría. Le pedía a mi mamá que hiciera algo, que llamara a alguien”, señaló Daiana en la charla con EL TIEMPO.
Rápidamente, la joven se descompensó. “Ahí le dije a esa enfermera que llamara al médico. Justo vino otra, la del cambio del turno, y las dos lo llamaron. A mí, mientras tanto, me hicieron esperar afuera. Como la puerta de la habitación tiene un vidrio por donde yo me asomé, en ese momento vi que mi hija había empezado a vomitar sangre. Después, entré a buscar el celular y Daiana me tomó de la mano. Yo me acuerdo que le dije que se quedara tranquila, que todo iba a estar bien. Pero ella en ese momento ya estaba inconsciente”.
En un principio, el médico que la asistió no bien se descompensó no le dijo a Elsa Espán que a su hija le había sido suministrada erróneamente otra droga.
Según ella contó, alrededor de la hora cuatro del ya día 7 de noviembre, cuando la joven permanecía en Terapia Intensiva, fue la Dra. María del Carmen Ruiz la que le explicó qué era lo que había sucedido realmente. Es decir, que le habían suministrado “Noradrenalina”, “una droga muy potente que se usa cuando el paciente ya se está por morir”, según señaló la mamá de Daiana.
De todas maneras, además de que Elsa Espán presenció el momento en que esa situación se produjo, los familiares de la joven pudieron saber en un principio de manera extraoficial lo que había pasado.
Además -contó la madre- el médico que primero asistió a su hija luego “encontró la ampolla tirada en la basura”. Y ahí “ese doctor se dio cuenta de que era Noradrenalina lo que le había dado la enfermera”.
Todavía hoy Daiana y su madre se preguntan qué le hubieran dicho en el hospital si, cuando le aplicaron esa droga que casi le provoca la muerte a la joven, Elsa no hubiera estado presente en la sala acompañando a su hija.
“Seguramente me iban a decir que ella se descompensó”, sostiene Espán. Y su hija agrega: “Estoy segura que si ella no estaba al lado mío en ese momento hoy no estaría contando todo esto”.
En coma inducido
Daiana Mujica pudo recuperarse. Y el 22 de noviembre que pasó, finalmente, le dieron el alta. Pero antes de que abandonara el hospital estuvo en Terapia Intensiva hasta el día 16. Además, atravesó por momentos donde era una incógnita saber si iba a seguir viviendo.
En total, permaneció durante seis días en el área de Terapia Intensiva. Sufrió una insuficiencia cardiaca y un edema que le impedían respirar con normalidad. Por ese motivo, tuvieron que inducirla a un coma para entubarla y que, de esa manera, pudiera respirar asistida mecánicamente.
“Si la acostaban no podía respirar. Estaba sentada y agitada. Y el corazón se le iba debilitando cada vez más”, contó su mamá con relación a lo que sucedió hasta que los médicos tomaron la decisión de entubarla, lo que hizo que durante cinco días la joven permaneciera en coma inducido.
“Los médicos nos decían que iba a salir porque era joven, no fuma ni toma alcohol. Pero también decían que eso iba a llevar tiempo y que de a poco se iba a normalizar todo. El corazón fue tomando su ritmo. Pero todavía está en tratamiento y tiene que pasar un tiempo para que vuelva a la normalidad. Lo que a ella le pasó fue que su corazón se ‘embobó’, ya que en vez de trabajar normalmente lo hacía lento por la droga que le dieron”, dijo también mamá Elsa.
El domingo 10 de noviembre del año pasado, mientras Daiana estaba en coma, su familia denunció en Tribunales el caso que dio origen a la causa penal que se continúa instruyendo.
“En el hospital todo el mundo tiene miedo de denunciar y por eso siguen tapando cosas. Ahora esperamos el juicio. Yo quiero que esta enfermera pague por lo que hizo, que le quiten la matrícula y no trabaje”, sostiene Elsa Espán.
Cuando esta presunta mala praxis se produjo, no se encontraban al frente del Pintos los actuales directivos. Lo estaba la anterior administración, cuyo director era Luis Hoursuripé.
Según contó la madre de Daiana, con el ex director del centro asistencial municipal local ellos se entrevistaron tras lo sucedido con su hija. “Cuando fuimos a hablar con el Director, me dijo que ellos ya habían tomado una represalia con la enfermera y que la habían echado. También, que yo hiciera lo que creyera conveniente. Pero es mentira, porque sólo la suspendieron cinco días y ahora está trabajando de vuelta. Y en el Hospital de Niños también”.
“La explicación que nos dieron en ese momento fue que ella estaba afiliada a un sindicato y que después la tuvieron que reintegrar de nuevo. Ahora que cambió la Dirección del hospital, sigue trabajando”. Y agregó: “Yo me enteré por una enfermera que trabaja con ella. Me la encontré en la calle y me dijo que sigue trabajando, que es su compañera y que esto que pasó con mi hija no lo hizo queriendo. No lo hizo queriendo, pero tampoco dio la cara para apoyarnos o pedirnos disculpas”.
“La sensación que tengo es que esto se intentó cubrir”, agrega Daiana.
“Todo esto me partió”
Aquello de que volvió a nacer es real para ella. No sólo por esa experiencia que en un hospital la tuvo al borde de la muerte, sino también por lo que vino después, durante lo que todavía continúa siendo su recuperación. En esta nueva etapa, según dijo, “hasta tuve que aprender a caminar de nuevo”.
“Ahora -cuenta mientras comienza a llorar- por ahí me angustio y continuamente tengo miedo de que me pase algo”.
Además de lo que sigue siendo su evolución física, actualmente está recibiendo asistencia psiquiátrica y psicológica.
Mientras tanto, recuerda que la enfermera involucrada en esta situación “nunca se acercó a nosotros”. Y teniendo en cuenta lo que le pasó, afirma: “Me gustaría que se tome conciencia, y que ojalá sea así. Una enfermera debe tener horarios. Están trabajando con gente, no somos ratas. Si pasó esto quizás fue porque ella estaba cansada, desesperada por el cambio de turno o porque la droga estaba en un lugar donde no tenía que estar. De todas maneras, hay un protocolo que dice que tiene que leer tres veces lo que me va a inyectar. Lo que me pregunto todos los días es qué pasó que no leyó. Y me pongo en el lugar de ella también. Trabajar tantas horas a veces hace que pasen estas cosas. Estaría bueno que, si bien las enfermeras no están bien pagas, se trabaje menos horas. Son profesionales y se debería valorar más lo que hacen”.
Finalmente, señaló: “Ahora estoy con antidepresivos, que no me permiten hacer la vida normal que tenía hasta que pasó todo esto. No puedo estar aún de manera estable. Emocionalmente hablando todo esto me partió. Me da bronca lo que me pasó. Por cómo me pasó y dónde me pasó. Fui a una cirugía y ahora me quedé con ese miedo de saber que me podría haber muerto. El daño no fue únicamente a mí. Fue también a mis viejos, que estuvieron cinco días sin saber si yo pasaba la noche”.

Daiana y su mamá Elsa Espán, durante la entrevista que mantuvieron con EL TIEMPO. Tanto la joven como sus familiares esperan ahora lo que surja de la investigación penal que se está llevando adelante por este caso. En esa causa, todavía la enfermera denunciada no ha sido procesada. ANGIE DÍAZ JACQUOT
El estado del sumario penal
Cristina Bicondo, la enfermera profesional denunciada en noviembre pasado por esta presunta mala praxis ocurrida en el Hospital Pintos, aún no figura procesada en el marco del sumario penal que se está instruyendo por este caso en la UFI 2, la Fiscalía que en los Tribunales de Azul conduce David Carballo.
“Es una causa que está en trámite. Ya tomamos declaraciones testimoniales y hemos agregado lo que es la llamada prueba documental. Nos falta hacer una pericia sobre qué le inyectaron, para que quede científicamente probado lo que le dieron”, le dijo a EL TIEMPO un vocero allegado a la instrucción de ese sumario penal.
Ese análisis se hará sobre una muestra de orina de la paciente, que ya ha sido remitida a un laboratorio pericial en La Plata desde la Fiscalía General perteneciente al Departamento Judicial Azul.
Se aguarda por el resultado de esa pericia, en la previa a lo que seguramente se traduzca en el procesamiento de la enfermera. Una medida que implicará que sea citada a declaración indagatoria sobre la base de la figura penal que le atribuyan, teniendo en cuenta para eso las circunstancias en que este hecho se produjo.
Inmediatamente a que los familiares de Daiana Mujica concurrieran en noviembre del año pasado a Tribunales a denunciar esta presunta mala praxis, desde la Fiscalía donde quedó radicada la causa un instructor judicial se había hecho presente en el Hospital Pintos -junto a personal policial de la DDI Azul- para recoger la documental considerada de interés para esta investigación penal, entre la que figuró la historia clínica de la paciente.
Esa diligencia se llevó a cabo a través de una denominada “orden de presentación” que en ese entonces fue dispuesta por un juez de Garantías.
En caso de una eventual condena para la enfermera denunciada, dicha sanción redundaría en el dictado de una pena de prisión y en otra, consistente en una inhabilitación por un determinado lapso de tiempo para ejercer la profesión.
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