20 de octubre de 2013

. UN PUEBLO HERMANO Y UN HOMBRE IMPIADOSO

LAS CALLES DEL AZUL

Friedrich Rauch nació en Weinheim, Baden, (antiguamente Prusia, actualmente Alemania), el 9 de agosto de 1790. Su actuación militar en las Provincias Unidas del Río de la Plata, cargada de claroscuros sumamente complejos, osciló entre lo despiadado y el "deber cumplido".

La trigésima tercera calle de nuestro recorrido fue bautizada en 1879 como Rauch, en reconocimiento al pueblo bonaerense vecino, el cual -para desagrado de muchos- fue denominado con el nombre del mercenario prusiano, quien tuvo una actuación militar cargada de claroscuros sumamente complejos que oscilaron entre lo despiadado y el "deber cumplido". Por Eduardo Agüero Mielhuerry


El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La decimoquinta calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XXXIII" y fue llamada Rauch, en reconocimiento al vecino pueblo bonaerense el cual -para desagrado de muchos- fuera bautizado en homenaje al coronel Federico Rauch.
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera, Jujuy la segunda y, tras una sucesión de varias calles, la Rauch ocupaba el decimoquinto lugar desde el Arroyo Azul.
En el año 1953, el intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N°18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Rauch le correspondió el número 79. Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.

La pampa bonaerense entre malones y fusiles

Los originarios dueños de la tierra venían resistiendo la conquista del hombre blanco desde tiempos "inmemoriales", hasta que la Revolución de Mayo propugnó una política conciliatoria e integradora, impulsando expediciones pacíficas como la del coronel Pedro Andrés García, quien propuso fortificar una frontera desde el río Colorado al sur de Mendoza y establecer poblaciones en Salinas Grandes, Guaminí y Sierra de la Ventana.
Casi una década después, Feliciano Chiclana visitó a los ranqueles, en el Leuvucó, a doscientas leguas de Buenos Aires. Lo recibieron amigablemente y logró pactar una alianza. Pero todo cambió con la instalación de los saladeros. La necesidad de sal y tierras para las pasturas fue apartando a la burguesía criolla del recuerdo de los ideales de hermandad expresados por los hombres de Mayo.
A poco de asumir, el gobernador Martín Rodríguez lanzó una campaña al "desierto". Su visión al respecto no dejaba muchas dudas, lo importante era incorporar la mayor cantidad de territorio posible al dominio de la "civilización". Y en este sentido, su ministro Bernardino Rivadavia jugó un papel fundamental, impulsando medidas tan drásticas como ambivalentes.
Tras la asunción de Rivadavia como Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, la situación se complejizó y prácticamente una ley se convirtió en la sentencia de los pueblos originarios. A pesar de su breve existencia, la extravagante Ley de Enfiteusis implicó que entre apenas 538 propietarios se repartiesen casi 9 millones de hectáreas (unas 16.000 hectáreas per cápita).
Para controlar las fronteras y garantizar la tranquilidad de los nuevos propietarios, Rivadavia contrató al mercenario Federico Rauch quien, con una estrategia tan simple como aterradora, se ganó el mote de "Espanto del desierto", pues atacaba por sorpresa y asesinaba sin contemplaciones.
La preocupación fundamental del gobernador bonaerense Mariano Saavedra (hijo de Cornelio), era organizar política y administrativamente la provincia de Buenos Aires. En tal sentido, dividió la dilatada campaña al sur del Río Salado, y no obstante haberse declarado la Guerra del Paraguay, envió a la Legislatura un mensaje para crear diez nuevos partidos, sumados a los diecisiete existentes en esa zona. El proyecto del Poder Ejecutivo se convirtió en Ley 441, del 19 de julio de 1865, mediante la cual se crearon los partidos de Rauch, Castelli, Tuyú, Ayacucho, Balcarce, Necochea, Tres Arroyos, Arenales, 9 de Julio y Lincoln. El decreto reglamentario del 31 de agosto estableció, además de los nombres de los diez partidos, los límites precisos de los veintisiete partidos en que había quedado dividida esa parte de la Provincia.
El partido de Rauch se creó a expensas del de Azul, Las Flores, Pila y Tandil.
El 18 de diciembre de 1867 fue nombrado el primer Juez de Paz para Rauch, finalizando entonces la adscripción a Pila. Recayó la designación en don Carlos Fernández, quien ejerció dichas funciones durante el año siguiente.
En 1869 se hizo cargo del Juzgado de Paz, por resolución del Superior Gobierno, un vecino del partido, Francisco Mauricio Letamendi, ciudadano de vasta cultura y de gran experiencia en la función por haber desempeñado ese cargo anteriormente y durante varios períodos en el partido de Pila. Letamendi completó la organización administrativa del Partido, con la creación y constitución de la primera Comisión Municipal. El Juez de Paz y su Comisión Municipal consideraron impostergable crear un pueblo, asiento de las autoridades y cabecera del Partido. En tal sentido, iniciaron la tarea de elegir el terreno, ya que las reservas hechas anteriormente con ese destino no resultaron aptas.
En octubre de 1871, el Ministerio de Gobierno autorizó mediante una resolución la realización de la mensura de la traza del pueblo y de su ejido. El Departamento Topográfico designó para realizar la mensura proyectada al agrimensor Pedro Pico.
En marzo del año siguiente se instruyó al Agrimensor para que determine el lugar y proceda, de acuerdo con las autoridades del Partido, a llevar a la práctica lo proyectado. El 17 de abril llegaron Pico y sus ayudantes a la Estancia "El Porvenir" de Letamendi, sede del Juzgado de Paz, y desde allí, se dispuso lo necesario para llevar a cabo la diligencia encomendada.
El día 20 de abril de 1872, el juez de paz Letamendi, el municipal Juan P. Doyhambérhere y el agrimensor Pico, en presencia de numerosos vecinos convocados al efecto, establecieron en el área oeste de la estancia "El Carmen" de Díaz Vélez, el lugar central del nuevo pueblo. En un acto sencillo, trascendente por su proyección y no exento de expectante emoción, los municipales nombrados cavaron un pozo donde se erigió una bandera que señalaría para los tiempos, el momento y el punto de la fundación del pueblo de Rauch. A la vera del Chapaleufú, en una apacible tarde otoñal y sobre una lomada, nació un nuevo pueblo que cien años más tarde obtuvo la categoría de ciudad.

El "Espanto del desierto"

Friedrich Rauch nació en Weinheim, Baden, (antiguamente Prusia, actualmente Estado de Baden-Würtemberg, Alemania), el 9 de agosto de 1790. A temprana edad se constituyó en oficial de Napoleón Bonaparte participando activamente en sus milicias.
Friedrich o Federico Rauch llegó a las Provincias Unidas del Río de la Plata el 23 de marzo de 1819. En breve solicitó su incorporación al Ejército Argentino, que le fue concedida con el grado de Teniente Segundo por el despacho firmado por el Director Supremo de las Provincias Unidas, Juan Martín de Pueyrredón. El 7 de septiembre de 1820 fue ascendido a Capitán y el 13 de junio del año siguiente a Sargento Mayor. Con esta última jerarquía fue trasladado al Regimiento de "Húsares de Buenos Aires", en el que permanecería el resto de su carrera y alcanzaría el grado de Coronel, cuando solo tenía 33 años.
Poco después, fue asignado a las campañas punitivas que el gobierno del general Martín Rodríguez organizó, penetrando hasta la región sur de Tandil y tomando a los aborígenes pampeanos por sorpresa. En ellas secundó a Juan Manuel de Rosas y hasta alcanzó un gran prestigio entre los pobladores y estancieros de la zona por su extrema dureza y efectividad en la lucha contra los indios. Se lo conocía como el "guardián de las fronteras". Esta situación provocó en Rosas un gran recelo e incluso lo acusó de unitario.
El gobernador Las Heras lo ascendió a Teniente Coronel y le dio el mando de los Húsares.
El 27 de septiembre de 1826 el entonces presidente de la Nación, Bernardino Rivadavia, emitió un decreto en el que ordenaba establecer tres fuertes con el fin de ampliar la línea de frontera. Uno de estos tres fuertes fue determinado para la zona de la laguna "El Potroso".
El coronel Federico Rauch realizó tres campañas militares durante las cuales la frontera se estableció desde Melincué, pasando por el Fuerte Federación (fundado el 27 de diciembre de 1827, siendo el origen de la ciudad de Junín), 25 de mayo y Tapalqué, hasta el cabo Corrientes. Todas ellas fueron en represalia contra los indígenas que habían realizado malones poco antes de cada una, saqueando animales y masacrando pobladores de las zonas rurales.
La primera campaña partió el 25 de octubre de 1826 con 800 soldados desde Toldos Viejos (al suroeste de Dolores). Se dirigió al arroyo Sauce Grande del Norte en la Sierra de la Ventana, atacó a las tribus de los caciques Can Huihuir y Colú Macun, rescatando cautivos y mucho ganado. Luego regresó a Tandil para reponer la caballada y volvió a la Sierra de la Ventana para atacar y destruir a las tribus de Curá Llan y Menu Có. Luego persiguió a los caciques Pablo y Quintana hasta las Salinas Grandes, retornando a la Sierra de la Ventana para vencer a las tribus de Lincon y Nahuel Huequé.
La segunda campaña tuvo el mismo objetivo que su antecesora e idénticos resultados. Con Rauch al frente, un amplio grupo expedicionario partió en noviembre de 1826 con 1.200 soldados de los Regimientos de Caballería de Línea 5, 6 y 7.
La tercera expedición de Rauch partió del Arroyo Azul. En un informe detallado sobre la expedición a la Sierra de la Ventana, publicado en la Gaceta Mercantil del 10 de enero de 1827, Rauch en su carácter de jefe de la expedición escribía: "… después de haber combinado con el cacique Tetruel la forma de ataque contra los pampas y los chilenos, me puse en marcha desde el Arroyo Azul el 16 de diciembre de 1826 dirigiéndome al arroyo Sauce Grande, adonde llegamos el 24, encontrando ya reunidas las fuerzas aliadas. Hubo que esperar unos días más la llegada de 500 indios faltantes, que se hicieron presentes el 28".
En los tres casos, el éxito fue total, causando enormes daños a las parcialidades indígenas y rescatando ganados y cautivas.
Culminadas las campañas, imbuido de la vanagloria aduladora, el 24 de febrero de 1827, el efímero presidente Bernardino Rivadavia emitió un oficio que servía como preámbulo a la entrega de un sable en honor del prusiano: "Deseando presentar al Sr. Coronel D. Federico Rauch una expresión especial del aprecio que hace de sus distinguidos y relevantes servicios, le envía una espada en memoria del honor con que ha usado la suya sosteniendo la causa pública; ella, desgraciadamente, no corresponde por su calidad al objeto a que se le destina, pero las circunstancias en que se halla el país han hecho ineficaces las más vivas diligencias de encontrar una mejor, quedando por igual motivo sin ejecución por ahora el designio de acompañarla con un par de pistolas, que le serán presentadas tan luego como puedan adquirirse de la clase que se desea".
El 4 de agosto de 1827 contrajo matrimonio con la señorita Narcisa Victoria del Corazón de Jesús Pérez Millán y Quintana, en la Parroquia San José de los Arrecifes.
El 16 de agosto, Manuel Dorrego y Manuel Moreno firmaron un decreto designando a Juan Manuel de Rosas para que ocupe el puesto de Comandante General de Fronteras. Con la intención de reforzar las líneas de defensa, se designó al ingeniero Teodoro Schuster, quien recomendó no levantar el fortín en el Cerrito Colorado, tal como estaba previsto, sino hacerlo a 21 cuadras de ese lugar, en la margen izquierda del Río Salado.
En un primer momento, la tarea de levantar el fuerte estuvo en manos del coronel Federico Rauch, quien se encontraba a cargo del Fuerte del Salto, pero como no recibió la ayuda necesaria, pidió licencia "por enfermedad". Entonces se encomendó la misión al Segundo Comandante, José Bernardino Buenaventura Escribano.
Escribano recibió la orden de marchar hacia el lugar elegido, y el 27 de diciembre de 1827 acampó junto con sus hombres (donde hoy está ubicada la plaza principal) y así quedó fundado el Fuerte de la Federación (origen del actual Junín).
Pero el trabajo recién comenzaba. El 4 de enero de 1828, Escribano se dirigió a Rosas expresándole: "la abundancia de sabandijas que hay en este destino ha puesto la caballada del regimiento que tengo accidentalmente a mi mando en un estado de inutilidad que no cuento con ellos para un caso de repeler al enemigo". Al mismo tiempo, desde el Fuerte del Salto, Rauch escribía haciendo gala de su crueldad con los indígenas derrotados: "Hoy, 18 de enero de 1828, para ahorrar balas, degollamos a 28 ranqueles".
Las circunstancias no variaban demasiado entre los diversos puntos de la frontera, sin embargo, en algunos la cuestión era acuciante. Distintos documentos de la época prueban la preocupación de Escribano por sumar más hombres al fortín, y por cubrir las necesidades que tenían los soldados y las familias que se habían establecido en el Fuerte de la Federación.
El miércoles 12 de marzo de 1828, Rauch asumió la comandancia del Fuerte Federación debido a que el comandante Bernardino Escribano había pedido licencia -casualmente- por enfermedad. En una carta que envía al gobierno, Rauch describe: "La situación en el fuerte es angustiosa… (…)…las familias están a la intemperie; por la carestía de géneros y el escaso sueldo de los maridos se hallan medio desnudas".
Hubo algunas mejoras durante el año, empero las condiciones de vida en la frontera estaban plagadas de carencias y bajo el permanente riesgo de los malones, quienes no dudaban en arrasar con ganado y cautivas, eliminando a quien se atreviese a oponerse.
Tras la revolución de diciembre de 1828, en la que el general Lavalle depuso al gobernador federal Manuel Dorrego, Rauch tomó partido por el jefe revolucionario. Solicitó permiso al nuevo Gobernador para retirarse a Buenos Aires, por lo que el mando del Fuerte Federación pasó nuevamente al coronel Escribano, partidario también de Lavalle.

El entregador de Manuel Dorrego


El 1 de diciembre de 1828, el gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, fue destituido por una revolución nacida en espurios intereses.
El 9 de diciembre, en los campos de Navarro, Dorrego y sus tropas intentaron recuperar el poder, pero no pudieron lograrlo debido a la superioridad y el armamento de las fuerzas del general Juan Lavalle.
Al atardecer del día siguiente, Dorrego llegó a Salto Argentino y creyéndose a salvo decidió descansar en la estancia de su hermano Luis, lugar donde también se encontraba acampando el Regimiento N° 5 de Húsares, comandado por el coronel Ángel Pacheco, quien estaba dispuesto a ayudarlo. Sin embargo, su segundo Jefe, el comandante Bernardino Escribano, obedeció la orden de detención y tomó prisioneros a Manuel Dorrego, a su hermano Luis y a su jefe directo, Pacheco.
Bien custodiados, los tres detenidos fueron encaminados hacia Buenos Aires.
Al anoticiarse que el comandante Escribano lo conducía a la ciudad, Lavalle despachó inmediatamente al coronel Federico Rauch con una buena escolta para que se hiciera cargo del preso y lo condujese al campamento. El solo hecho de haber dado esa comisión al coronel Rauch ya era una crueldad exquisita de su parte, pues conocía bien a este oficial, como conocía también la enemistad mortal con que miraba a Dorrego.
En las cercanías de Cañada de Giles, la comitiva fue interceptada por el coronel Rauch, quien liberó a Luis Dorrego y a Pacheco haciéndolos seguir viaje hacia Buenos Aires. A Manuel Dorrego lo condujo detenido a otro lugar.
Los viejos amigos -pues al fin y al cabo, en tiempos de Rivadavia, Rauch y Dorrego habían marchado juntos en el desafío de "asegurar y de extender nuestras fronteras respecto de los indios salvajes", y a ambos les fueron concedidas tierras en enfiteusis, erigiéndolos en los primeros dueños de la zona que hoy ocupa la ciudad de Junín-, volvieron a encontrarse plenamente enemistados por antiguos rencores.
Dorrego vio el amanecer del 13 de diciembre cautivo en Navarro. Su vida estaba sujeta a la decisión de Lavalle, quien se había instalado en la cercana estancia El Talar.
Poco después del mediodía, el mayor Juan Elías, responsable de la vigilancia y cuidado del detenido, fue notificado que debía transportar a Dorrego hasta la estancia donde Lavalle había instalado su campamento.
El Gobernador capturado llegó a El Talar con el sol recalentando la tierra.
Martín Rodríguez (quien en 1823 fundó el Fuerte Independencia, núcleo inicial de Tandil) y Federico Rauch, fueron, aparentemente, quienes más influyeron en el ánimo del general Lavalle, pues aunque era soberbio, orgulloso y despiadado, cuando tuvo preso a Dorrego dudó mucho en quitarle la vida. Empero prosiguió porque el coronel Rauch lo incitó diciéndole que si no lo fusilaba, él mismo lo iba a degollar; cuyo consejo apuró el brigadier Rodríguez expresándose de que no trepidase en hacerlo, porque era perjudicial y revoltoso, y de salvarlo, en cualquier momento podría vengarse.
La orden de Juan Lavalle fue tajante.
Dorrego redactó misivas para su esposa, sus dos hijas y algunos amigos.
En el patíbulo intercambió su chaqueta militar con Gregorio Aráoz de Lamadrid, quien era su enemigo político aunque al mismo tiempo su compadre.
Con coraje, Manuel Dorrego ofrendó su vida al pelotón de fusilamiento en una funesta y abrasadora siesta de diciembre.
Rauch contempló la muerte de su enemigo a la sombra de unos árboles…

Quien a hierro mata, a hierro muere…

A principios del año siguiente, Federico Rauch volvió a salir en campaña para enfrentar a los federales, que estaban conducidos por Juan Manuel de Rosas, quien tenía gran apoyo entre los gauchos y los indígenas. Las acciones de los aborígenes en contra de las fuerzas unitarias forzaron a Lavalle a valerse de Rauch para enfrentarlos.
Alineado con Lavalle en la disputa contra los federales, el Coronel al mando de un contingente de aproximadamente seiscientos hombres, muchos de ellos veteranos de la guerra con Brasil, perseguía tropas federales. Éstos últimos llegaron a los pagos de Las Vizcacheras (actual partido de Rauch) casi al mismo tiempo que un nutrido contingente de ranqueles que combatirían a su lado. Sin tiempo que perder, los federales formaron línea de combate, flanqueados por los indios de Nicasio Maciel.
Rauch atacó a fondo el centro de los federales sin percibir que sus dos alas eran derrotadas. Pronto se vio rodeado de efectivos a los que pudo suponer suyos, ya que entonces los federales sólo se diferenciaban de los unitarios por un cintillo que llevaban en sus sombreros, el que decía "Viva la federación". Cuando estuvo dentro de las filas federales, reconoció que eran sus enemigos percatándose recién del peligro que lo rodeaba. Trató de escapar defendiéndose con bizarría; pero los perseguidores le salieron al encuentro, cada vez en mayor número, deslizándose por los pajonales, hasta que el cabo de Blandengues, Manuel Andrada, le boleó el caballo y el jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado Arbolito, lo lanceó. Inmediatamente fue decapitado. Así terminó su existencia el coronel Federico Rauch, el sábado 28 de marzo de 1829, víctima de su propia soberbia.
Su cabeza fue primeramente arrojada en la puerta de la casa de la madre del después coronel federal Prudencio Arnold, a quien Rauch supuestamente había jurado matar, y luego fue llevada en triunfo a la ciudad de Buenos Aires y arrojada en una calle céntrica como un desafío.
Cuando el cadáver fue "reunido", Federico Rauch fue homenajeado con las exequias más lujosas de la época y sepultado en el Cementerio de la Recoleta.
Nicasio Maciel, Arbolito, siguió integrando el ejército de Juan Manuel de Rosas hasta su muerte, que se produjo poco después de la batalla de Caseros.

Para culminar…

Sin lugar a dudas, la denominación de Rauch es la más cuestionada dentro del ejido urbano de Azul. Cabe aclarar que, siguiendo la antigua sucesión de nombres: Necochea, Arenales, Rauch, Tandil, Dolores y Bahía Blanca (actualmente estas tres últimas están denominadas: España, Gral. Francisco Leyría e Intendente Manuel Castellar, respectivamente), se demuestra claramente que la intención al momento de elegir los nombres para las calles era reconocer u homenajear a los pueblos de la frontera. Lamentablemente, el "error inicial" se consumó con la Ley 441 al elegirse -como ya describimos- el nombre del mercenario para el Partido (y luego la cabecera). Y la costumbre hizo el resto del trabajo...
En la actualidad se planteó erradicar el nombre de Rauch de nuestras calles, sin embargo, sin pretender entrar en nuevas polémicas, sería importante considerar que dicha actitud podría ser tomada como una "ofensa" por nuestros vecinos rauchenses -con quienes compartimos una rica historia común-, máxime considerando que ellos como pueblo mancomunado se opusieron y se oponen a ser despojados de su identidad.
Tal vez, mientras nuestros vecinos hermanos mantengan su nombre, los demás deberemos aceptar la decisión del pueblo, tomando como ejemplo lo hecho por Federico Rauch para mantener nuestra férrea postura de que no se vuelvan a repetir por estas tierras, bajo ninguna circunstancia, atropellos similares a los de dicho militar.
El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Tandil, la cual, al cumplirse el centenario de la Revolución de Mayo, recibió el nombre de España en homenaje a nuestra "Madre Patria".

El jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado Arbolito, fue quien, el 28 de marzo de 1829, lanceó y decapitó al coronel prusiano Federico Rauch, vengando de alguna manera sus actos despiadados con los pueblos originarios.


El pueblo de Rauch fue fundado el día 20 de abril de 1872 en el área oeste de la estancia "El Carmen" de Díaz Vélez.

EL ROSTRO DE FEDERICO RAUCH


No se conoce ningún retrato del coronel prusiano Federico Rauch.
Desde hace muchos años, la imagen de un daguerrotipo le es atribuida, sin embargo, hay un detalle que no podemos dejar escapar. El controvertido militar fue asesinado el 28 de marzo de 1829 y recién el 9 de enero de 1839 fue anunciada la invención del daguerrotipo en la Academia de Ciencias de París. Por ende, esa década de diferencia pone de manifiesto que es imposible que se trate del Coronel la persona capturada en la imagen. Lo que no quita que sea un homónimo.
Algunos afirman que es posible que se trate de un hijo del impiadoso Rauch, empero, según las manifestaciones de los herederos de Narcisa Pérez Millán y lo expresado en su testamento, ella no tuvo descendencia con su primer esposo. De todas maneras, queda la posibilidad de que estemos hablando de algún hijo extra matrimonial.
Por otra parte, existe un dibujo que resulta célebre, aunque sin duda impreciso, que bosqueja la posible escena del momento en el que asesinaron al coronel Federico Rauch. El mismo es una obra de Francisco Fortuny (nació en Pobla de Montornés, Tarragona, España, el 1 de enero de 1865; falleció en Buenos Aires el 23 de julio de 1942). Este artista español, egresado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se radicó en Buenos Aires hacia fines de 1887, donde comenzó a trabajar como dibujante en la revista "Caras y Caretas". De forma paralela colaboró con otras publicaciones en "El Sud Americano", "P.B.T.", "Vida Moderna", "Papel y Tinta", "Pulgarcito" y "Plus Ultra". Además, fue el ilustrador de los Manuales de Historia de la Editorial Estrada desde 1906.
En la ciudad de Rauch, en la Plaza Independencia, se halla un busto realizado en 1977 por el artesano platense Carlos Moreyra (quien había participado en la primera edición de la Fiesta Nacional del Ave de Raza en 1975), confeccionado a pedido de las autoridades municipales. Ante la carencia de retratos, el artista basó su escultura en los rostros de múltiples militares prusianos de mediados del siglo XIX.
En el Palacio Municipal, en la escalera de acceso al recinto del Honorable Concejo Deliberante se halla la maqueta original del trabajo del artesano.

AGRADECIMIENTOS Y FUENTES

" Muchas gracias a Damián Miguel, periodista de ABC Hoy de Rauch.
" Muchas gracias a Norma Iglesias por su amable acompañamiento.
" Gracias a Estela Tumminaro del Honorable Concejo Deliberante de Azul.
" Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
" Gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
" Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
" Felipe Pigna. "Los mitos de la Historia Argentina 2". (2005). Planeta. Bs. As.
" Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.

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